El rol del papá

La paternidad cambia la forma en que nos vemos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea; de pronto dejamos de ser hijos y nos convertimos en padres.

La forma de ejercer la paternidad varía, porque la imagen paterna la construye la sociedad. La maternidad, en cambio, es un rol más estable, especialmente en lo que se refiere a los primeros meses de vida del hijo, pues casi de manera universal se espera que sea ella la primera encargada de velar por su bienestar.

Durante los últimos cincuenta años, el papel principal de los padres fue el de proveedores, y mantener a la familia era una manera aceptada de expresar amor paternal. Pero eso ha cambiado y hoy en día los padres ya no se limitan a proveer, sino que desean involucrarse más en la crianza de sus hijos. Muchos de los hombres que hoy se están convirtiendo en padres recuerdan que, hasta hace no mucho, un hombre dedicado a su familia era aquel que se mataba trabajando para ella, pero siempre estaba ausente.
Hoy, cuando la mayoría de las mujeres trabaja, el papel de los hombres en la manutención y cuidado de los niños se ha ampliado, se involucran más en los primeros años de desarrollo de los hijos y tienden a compartir a partes iguales la responsabilidad de que los hijos se desarrollen plenamente.

Así como para las mujeres la realización profesional se ha vuelto importante, los nuevos padres ya no se definen sólo por su trabajo o su profesión: la paternidad es ahora parte importante de su identidad.

Los primeros meses
Los primeros meses del bebé en casa constituyen una experiencia maravillosa pero agotadora, pues hay un millón de cosas nuevas por aprender. Además, de que el bebé necesita atención las 24 horas. Juntos pueden ir aprendiendo los cuidados básicos y si alguien con experiencia les ayuda en las primeras semanas, será mucho mejor. Cambiar pañales, arrullarlo y turnarse para alimentarlo los hará sentirse más seguros de sí mismos y fomentará la comunicación en pareja. Sean pacientes; recuerden que no tienen por qué saberlo todo.

Los bebés pueden comunicarse mucho mejor de lo que se piensa. Muchos papás recién estrenados caen en la trampa de asumir que el niño siempre llora porque tiene hambre, pero si escuchan con atención aprenderán a distinguir que el llanto por hambre, y los movimientos que lo acompañan, no es igual al llanto que expresa incomodidad o cansancio. Un bebé bien atendido crece más saludable y duerme mejor, la mamá se siente más relajada y segura, además de que el hogar goza de paz y tranquilidad.

Acercamiento
Muchos hombres son criados para tener el control de las cosas y resolver problemas, pero los padres primerizos carecen de casi todas las respuestas. Así como el bebé va aprendiendo poco a poco a ajustarse al mundo que lo rodea, los padres necesitan darse tiempo para aprender y adaptarse a su nuevo rol. Un bebé en casa no sólo significa noches en blanco, pañales sucios y luchas con la carriola o la sillita para el coche. En la mayoría de los casos, los primeros meses son más pesados para la mamá que para el papá, por la simple razón de que, en general, ella está cerca más tiempo; por eso es posible que ella llegue a conocer mejor los hábitos del bebé, sus demandas y la forma en que las expresa.
Platiquen sobre sus descubrimientos diarios, comenten las ideas que se les vayan ocurriendo acerca de la manera de atender y educar a ese nuevo ser; eso les dará seguridad a ambos y sentará las bases para que, en el futuro, establezcan acuerdos sobre su educación.

La relación de pareja
Los papás deben estar conscientes de que los cambios hormonales que experimentó la mujer durante el embarazo y el parto no han concluido, y que seguirán presentándose todavía unos meses más. Por eso no sería extraño que tuvieran que lidiar con cambios de humor e irritabilidad, estados de ánimo que se exacerban con el cansancio y la preocupación naturales en los primeros meses de vida del bebé. Tengan siempre presente que no se trata de algo personal.

Además, suele haber momentos en que ambos sienten que ninguno de los dos está obteniendo suficiente atención y que, de ahora en adelante, las cosas seguirán así, pero hay que ser pacientes y mantener la comunicación. Comunicarse no necesariamente significa que tengan que llegar a un acuerdo; a veces es suficiente con que ambos estén enterados de cómo se sienten. Ello les permitirá no sacar conclusiones equivocadas. Conforme el niño crezca y ustedes vayan adquiriendo confianza, tendrán más oportunidades de hacer cambios.

Adquieran también el hábito de elogiar mutuamente su desempeño en sus nuevos roles; verán que su autoestima se mantendrá en un punto óptimo.

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