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El viaje de la ballena gris

Los días se acortan y los fuertes vientos provocan oleaje intenso en las gélidas aguas del Ártico. El verano terminó y la eschrichtius robustus inició ya una de las migraciones más largas y sorprendentes del planeta.

Año tras año, la ballena gris viaja desde el mar de Bering hasta las costas de Baja California Sur en un recorrido que dura unos 3 meses.

La migración de este mamífero marino a territorio nacional sigue siendo un misterio, sin embargo, científicos como el especialista Jorge Urbán Ramírez, de la Universidad Autónoma de Baja California Sur, coinciden en que las cálidas aguas de las costas californianas favorecen su reproducción y que sus abundantes sales, facilitan la flotación de los ballenatos al nacer.

La llegada y salida de este cetáceo barbado

La travesía ocurre entre el 20 de diciembre y el 20 de marzo, aproximadamente. Viaja en grupo a una velocidad de 5 a 8 kilómetros por hora y recorre diariamente unos 180 kilómetros, casi la distancia entre la Ciudad de México y Querétaro. Las primeras que inician este recorrido son las hembras embarazadas, le siguen las que están ovulando y luego los machos que las fecundarán.

México protege a la ballena gris

Para México es un privilegio ser el destino final de la ballena gris y que miles visitantes de todo el mundo vengan a nuestro territorio a observarlas de cerca, e incluso, tocarlas, ya que son amigables con el hombre. Sin embargo, el hombre no siempre ha sido amigable con ellas. Su captura desde finales del siglo XIX fue tan agresiva que casi desaparece. Afortunadamente, en 1946 se formó la Comisión Internacional Ballenera para la regulación de la caza de cetáceos, y más tarde, para la prohibición de éstos con fines comerciales, a la que México se unió.

Además, a partir de 1970 nuestro país declara como zonas protegidas a la bahía de Magdalena y a las lagunas de Ojo de Liebre, Guerrero Negro y San Ignacio, los santuarios a donde la ballena gris llega en Baja California Sur.

Gracias a esta medida el número de ejemplares de la especie gris, el animal vivo más primitivo de la Tierra, se recuperó de mil individuos que quedaban a mediados del siglo pasado a 25 mil, por lo que dejó la categoría de animal en peligro de extinción.

iStockphoto/Thinkstock

Es hora de emprender el regreso al norte

Las madres parieron a sus crías y las han enseñado a nadar en sus primeros días de vida. Las hembras jóvenes han quedado fecundadas. Al llegar el verano estarán de vuelta en el mar de Bering en donde se alimentarán y prepararán para iniciar, una vez más, su extraordinario ciclo migratorio. Dependerá del respeto que tengamos hacia la ballena y su hábitat que este viaje ancestral continúe y no se vea truncado. Hasta ahora, México ha sido testimonio de que sí se puede.

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