Elige ser feliz

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En ocasiones pensamos que la felicidad debe detonarse por eventos ajenos a nuestra voluntad, que no podemos generarla nosotros mismos. Pero la felicidad se desprende de dentro: de los pensamientos que sostenemos y de las acciones que elegimos realizar.

Investigadores de Harvard han encontrado que nos recuperamos de los eventos trágicos más rápido de lo que anticipamos, pero también que la sensación 
de felicidad es poco duradera. Estos hallazgos pueden ser ciertos si dependemos 
de eventos externos para brindarnos felicidad. Pero la verdadera felicidad resulta de la forma en que respondemos a aquello que la vida arroja en nuestro camino. Aunque no podamos controlar algunas circunstancias de la vida, sí tenemos poder sobre nuestra forma de reaccionar ante ellas. Es crucial entender éste punto, transmitírselo a nuestros hijos, padres y sobre todo, asumirlo a nivel personal.

La rebanada que nos tocó

La felicidad resulta de las elecciones elegidas, incluyendo la de experimentar gratitud aún en momentos difíciles.

Enfocarnos en que tenemos alimentos sobre la mesa, en vez de que no tenemos un auto-deportivo, es la diferencia de concentrarse en “lo que hay”, no en “lo que no hay”.

A cada persona le toca una rebanada distinta en la vida, con pruebas y oportunidades particulares. Cuando dejamos de pelear contra nuestra porción, comenzamos a darnos cuenta de la oportunidad que encierra.

Placer y significado

La felicidad yace en la intersección entre el placer y el significado. Tanto en casa como en el trabajo, debemos comprometernos con actividades que sean disfrutables y significativas. Asegúrate de tener elementos que eleven tu ánimo a lo largo de la semana, y que te proporcionen ambas actividades.

Aceptar nuestras emociones  

Una vida feliz no es una vida sin dolor. Las personas que no experimentan emociones dolorosas están muertas o son psicópatas. Una vida plena implica tristeza, enojo, envidia, miedo y decepción. Si no nos damos permiso 
de experimentar emociones fuertes, éstas se intensifican, se vuelven tóxicas y permanecen dentro de nosotros. Cuando las dejamos fluir, se debilitan y se disipan.



Cambia tu configuración  

Es más fácil culpar a la “suerte” o destino de la ausencia de felicidad. Mucho más sencillo que hacernos responsables de ella.

Nuestra configuración predeterminada suele ser la infelicidad. La sociedad suele promover la idea de que ciertos eventos, como el trabajo adecuado, la pareja, 
los niños, las vacaciones o la calidad de nuestra ropa, nos harán felices.

Pero simplemente no es cierto. Una persona soltera e infeliz suele convertirse en una persona casada e infeliz. Los niños incrementan el estrés dentro del matrimonio. Una casa más grande conlleva más gastos de mantenimiento. Cada evento en nuestra vida puede traernos la dosis de felicidad o infelicidad que elijamos.

Evidentemente algunas situaciones son más serias y difíciles de manejar que otras. En ocasiones, la felicidad parece eludirnos. Pero es importante reconocer que el poder sobre la felicidad está en nuestras manos, y las de nadie más. La elección es nuestra.

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