Emociones atoradas en tu cuerpo

Al experimentar una emoción, en nuestro organismo se genera una activación capaz de aportarnos la energía necesaria para actuar rápidamente ante un estímulo que atente contra nuestra integridad física y mental, o bien enfrentar con felicidad un suceso favorable. No obstante, recientemente se ha descubierto que las emociones pueden tornarse negativas y ser perjudiciales para la salud.

Las emociones son impulsos que nos llevan a la acción. Se caracterizan por una activación fisiológica (a través de la sudoración, palpitaciones, elevación de la presión de la sangre, variaciones en el ritmo cardiaco y producción de adrenalina), cambios en la expresión del rostro y la postura, así como por una serie de sentimientos.

La mente y el cuerpo

La salud humana se basa en un equilibrio entre el cuerpo y la mente en el proceso de adaptación a los distintos entornos en los que nos desenvolvemos a lo largo de nuestras vidas. De ahí la existencia de un vínculo muy estrecho entre la mente y el cuerpo.

¿Cuándo y cómo afectan la salud?

En el momento en que las emociones negativas comienzan a formar parte de nuestra vida diaria, corremos el riesgo de contraer distintas enfermedades. Por ejemplo, los largos periodos de tristeza, la tensión continua y la ansiedad habitual debilitan nuestro organismo y, prácticamente, tenemos el doble o triple de posibilidades de sufrir infecciones respiratorias y de estómago, dolores de cabeza, gastritis y dolencias cardiacas. Pero también pueden empeorar un padecimiento ya existente.

Las emociones negativas (ansiedad, ira y tristeza) nos permiten adaptarnos a situaciones nuevas o riesgosas y, por lo general, debieran ser reacciones breves. Sin embargo, en muchos casos suelen prolongarse y quedarse atoradas. Así, cada emoción y reacción frente a demandas del medio exterior se acumulan.
Además, en muchas ocasiones negamos lo que sentimos y no nos detenemos a analizarlo. Entonces, tantas emociones acumuladas tienen que buscar un punto de escape, y ello se expresa por medio de problemas de salud.

Maneja tus emociones
El dominio emocional es especialmente difícil, ya que las habilidades necesarias para lograrlo deben ser adquiridas en los momentos en los que habitualmente la gente se encuentra menos dispuesta a recibir esta información y aprender hábitos de respuesta cuando están disgustados. Por lo tanto, resulta fundamental dominar las siguientes capacidades:   • Conoce tus propias emociones. Identificar un sentimiento mientras ocurre nos brinda la capacidad de mantenerlo bajo control y de estar seguros de nuestro sentir respecto a las decisiones personales.
• Maneja tus impulsos.
Quienes carecen de esta habilidad luchan contra la sensación de aflicción, mientras que aquellos que la poseen se recuperan con cierta facilidad de los reveses.
• Reconoce las emociones en los demás.
Los individuos que lo logran están mucho mejor adaptados a las sutiles señales sociales que indican lo que otros necesitan.

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