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Entre mujeres… ¿jamás nos haremos daño?

Muchos recordarán esta frase que se hizo parte de la cultura popular gracias a una famosa obra de teatro: “Entre mujeres podemos despedazarnos, pero jamás nos haremos daño”. Esta idea alberga una desafortunada paradoja, pues no sólo es verdad que el género femenino puede ser muy crítico y severo hacia sí mismo, sino que además esta conducta realmente puede afectar el concepto que tenemos de nosotras y las demás.

¿Te expresas mal de tus compañeras de trabajo o de tus propias hermanas o primas? ¿Criticas todo el tiempo a tus amigas o a las novias de tus familiares y amigos? Aunque te parezca normal, debes saber que descalificar a otras mujeres nos debilita a todas, incluso a ti.

¿Amigas o rivales?
La psicóloga Martha Lilia Mancilla, académica de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explica que si bien es cierto que los hombres también compiten y se comparan entre sí, en el ámbito femenino esto adquiere otra dimensión. “En sociedades patriarcales como la nuestra, vivimos un discurso donde el rol de las mujeres está muy marcado, limitado a la maternidad, al hogar y con poca representatividad en general, además de restringir su acceso a la toma de decisiones”.

La experta apunta que dentro de este discurso se construyen convencionalismos en torno a la figura femenina que incluyen mitos y expectativas: “Nos enseñan que las mujeres debemos ser bellas, jóvenes, esbeltas o voluptuosas, discretas, pasivas, silenciosas y dedicadas al hogar y la familia”.

Por esa razón, cualquier mujer que salga de la norma ante ese ámbito de lo que es permitido y prohibido, de inmediato es objeto de críticas y cuestionamientos por parte de sus congéneres. “Es algo muy complejo, se trata casi de una tradición. Estamos muy acostumbradas a observarnos entre nosotras y por eso detectamos de inmediato a quienes son distintas, lo cual por lo general expresamos con comentarios negativos y sentimientos de envidia”. Estar atrapadas en ese discurso patriarcal es lo que nos mueve a competir, compararnos y hasta agredirnos entre nosotras.

Las mujeres ¡arriba!

Martha Lilia Mancilla indica que somos las mujeres quienes reproducimos y transmitimos los valores generación tras generación en la familia. “Hay muchas que tienen un pensamiento machista porque falta educación en el hogar y la escuela. Por eso vivimos pendientes de que ninguna se ‘salga de la raya’ y atacamos con críticas y calificativos horrendos a aquéllas que lo hacen”.

También es cierto que las mujeres que no se apegan a los convencionalismos sobresalen, e independientemente de la manera en que lo hagan, pueden hacernos sentir desplazadas o menos valiosas. “Siempre que sintamos malestar por la conducta de otras, o que sintamos la necesidad de hablar de ellas, criticarlas o ver en qué se equivocan, debemos transportar ese concepto hacia nosotras mismas, ya que por lo general detrás de algo que criticamos hay una proyección de lo que no nos gusta de nuestra persona”, enfatiza la experta.

Quizá conoces a alguna vecina o compañera madura que gusta de la ropa más moderna. ¿Has pensado que se ve mal porque lo que usa “no va con su edad”? Medítalo, tal vez lo que te molesta es que tú misma no te atreves a usar una falda más corta porque piensas que el momento de hacerlo ya pasó.

No te sientas intimidada ni desplazada por otras mujeres por su apariencia física, sus logros profesionales, su manera de pensar o sus costumbres. En lugar de criticarlas, concéntrate en lo que puedes aprender de ellas y recuerda que todas jugamos en el mismo equipo.

Descalificarnos, juzgarnos, insultarnos y compararnos no nos hace fuertes. No pierdas de vista que juntas logramos más, y que compartimos una cualidad única que nos empodera y engrandece: ser mujeres.

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