¿Eres de las parejas obsesivas de la limpieza?

En un libro que retrata a la sociedad inglesa se describen las causas que llevan a las parejas a divorciarse en nuestros días. Las clásicas, como violencia, infidelidad, alcoholismo e irresponsabilidad económica no significan siquiera un 20%. En cambio, la mayoría de hombres y mujeres se quejan de las pequeñas manías domésticas de su pareja. Pequeñas, sí, pero significativas para terminar una relación sentimental.

“La limpieza es lo más cercano a Dios”

Así dice un refrán en inglés… sin embargo la escritora Irma Bombeck sostiene que la limpieza es lo más cercano a la soledad. ¿Por qué? Porque ningún amigo va a querer visitarte y tu familia querrá salir huyendo de casa lo más pronto posible. Y es que si te enoja que el orden se rompa, si quieres todo hiper limpio, tú vas a estar tensa, estresada y con cara de pocos amigos. En consecuencia, ni tu pareja ni tus hijos tendrán una vivencia hogareña afectuosa. No se atreverán a sentarse en el sillón por miedo a ensuciarlo; no querrán prepararse ningún alimento en la cocina para no dejar el ‘cochinero’ que te pone histérica. Y de llevar amigos mejor ni hablamos, porque a los hijos les afecta más el mal genio que el desorden de la casa.

Algunas mujeres pueden mantener en todo momento la sonrisa y el buen humor

Son esos seres humanos excepcionales que se dan en todos los terrenos, pero son eso: excepciones. Los mortales comunes y corrientes nos cansamos, nos estresamos y nos ponemos de mal humor cuando queremos ser perfectos… o mantener todo cercano a la perfección.

Valora tu felicidad y la de los tuyos por encima de la limpieza excesiva. Una casa puede ser acogedora sin estar impecable, pero también puede ser perfecta en su decorado y administración y resultar no amigable para quienes viven en ella.

Casa sucia ¿y la pareja contenta?

Parece que la respuesta a esa pregunta es “sí”. Quizá sugerir que la casa pueda estar sucia sea excesivo, pero podríamos decir un poco “desordenada”. La cuestión es que muchos hombres resultan tan maniáticos del orden como hemos tenido fama de serlo las mujeres.

También está el caso de los novios que deciden irse a vivir juntos. Al principio todo parece perfecto pero poco después uno de los dos se convierte en el más exigente amo o ama de casa. Y el nidito de amor se vuelve un nido de víboras.

¿Cómo fumar la pipa de la paz? Es necesario aprender a vivir con un poquito de desorden. No sólo es incómodo vivir pendientes de cada mota de polvo que ensucia la casa, también es explosivo.

Parejas obsesivas de la limpieza
KatarzynaBialasiewicz/iStock/Thinkstock

¿Quieres que te ayuden o no?

Si tienes ayuda, disfrútala. Cuántas mujeres se quejan de que nadie las ayuda en casa, pero exigen tanto que quien quiere ayudarlas se aburre y renuncia a seguir haciéndolo. Si cada vez que tu marido “tiende” la cama te enfurruñas por las arruguitas que dejó, ¿sabes cuándo lo volverá a hacer? Si les reprochas a tus hijos porque cada vez que ofrecen lavar los platos rompen uno, optarán por no lavarlos.

Agradece la cooperación, estimúlala y no esperes la perfección a las primeras de cambio. Poco a poco todos pueden ir aprendiendo. Es peligroso poner estándares de orden y limpieza muy altos porque no los van a cumplir y van a dejar que “mejor” tú hagas las cosas.

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