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Fuerza de voluntad

Las personas que tienen fuerza de voluntad son las que saben saltar por encima del cansancio, la dificultad, la frustración, la desgana y los tropiezos que la vida trae consigo. 

Querer y deseariStockphoto/Thinkstock

En su libro La conquista de la voluntad, Enrique Rojas explica que la voluntad consiste, ante todo, en un acto intencional, de inclinarse o dirigirse hacia algo, y en él interviene un factor importante: la decisión. La voluntad, como resolución, significa saber lo que uno quiere o hacia dónde va. Y subraya una distinción muy importante entre las palabras querer y desear.

Desear es pretender algo desde el punto de vista sentimental, pero la ilusión que ha provocado en nosotros disminuye pronto. El deseo se manifiesta en el plano emocional, en los sentimientos.

Querer es aspirar a una cosa anteponiendo la voluntad, es decir con determinación. El querer se manifiesta en la inteligencia y en la voluntad.

La voluntad conduce al más alto grado de progreso personal cuando se ha obtenido de hacer, no lo que sugiere el deseo, sino lo que es mejor, lo más conveniente, aunque de entrada, cueste trabajo.

Triunfadores y perdedores

Los perdedores y los triunfadores no se hacen de un día para otro. El hombre con poca voluntad está amenazado, porque poco a poco se vuelve más frágil y cualquier cosa lo hace desviarse de lo planeado. Se escabulle de la obligación para escoger lo que se le antoja, lo que más le atrae en ese momento, porque lo contrario le cuesta mucho: exige querer otra cosa de uno mismo, pretender un mejor autodominio.

La filosofía del “me apetece” da como resultado una persona blanda, caprichosa, apática, inconstante, incapaz de ponerse metas y objetivos concretos; es decir una personalidad débil. Con el paso del tiempo esa personalidad escasamente formada dejará su rastro en aspectos fundamentales de la vida como la propia personalidad, la vida matrimonial y la carrera profesional.

Por el contrario, el que tiene voluntad dispone de sí mismo porque ha sabido vencerse con el tiempo, se ha superado. Es capaz de posponer la satisfacción ante lo inmediato y tiene cierta visión del futuro.

El momento en que más feliz se siente una persona es cuando hace lo que debe, lo oportuno y adecuado, aunque sea con esfuerzos. Entonces brotan la satisfacción y el contento consigo mismo por haberse vencido. Estos pequeños y continuos triunfos hacen fuerte al hombre y afianzan su voluntad.

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