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Gánate el cielo

¿Te ha pasado que de pronto, sin razón alguna y a pesar de todo, sientes instantes de paz y tranquilidad? Quizá tu mirada se engancha en una escena agradable como el reflejo del cielo en los vidrios de un edificio, la luz del sol que atraviesa las hojas del árbol en la calle, el canto de un pájaro o la risa de un niño. No es que lo pienses –de hecho no estás pensando en nada–, pero te invade esa sensación agradable de bienestar.

Me he dado cuenta de que cuando esto me pasa, es porque me olvido de mí misma. La agenda de mi vida se disuelve y sólo estoy ahí sin tratar de dirigir el torbellino del día. Entonces viene a mi mente la frase que dio título a esa famosa película: “La vida es bella”.

Sin culpas
Un poema escrito por Jon Kabat-Zinn, “A taste of Mind-fulness” describe este tipo de instantes:
(…) ¿Has tenido la experiencia de detenerte por completo, de estar en tu cuerpo por completo, de estar en tu vida por completo, que lo que sabes y lo que no sabías: lo que has sido y lo que está por venir, y la forma en que las cosas están ahora, no contienen la más mínima muestra de ansiedad o discordia, un momento de estar puro, ya no en el tiempo, un momento de ver puro, de sentir puro?
Y ese estar te toma por todos los sentidos, por tus memorias, por todos tus genes, por tus amores y te da la bienvenida a casa…

Pero de pronto despiertas y dices: “¡Cómo me puedo sentir así, si el mundo es un desastre!”, basta leer los periódicos y voltear a alrededor, para asomarse a los problemas y angustias de la propia vida. Así que, ¿cómo me atrevo a olvidarme de los otros o de lo que se supone debería estar haciendo? Y aparece entonces el fantasma de la culpa.

Te preocupa el futuro, ser productiva, hacer algo que “valga la pena” y estás convencida de que los que se van al cielo son los que se sacrifican y sufren; no los que contemplan, se divierten y la pasan bien.

Estar triste tiene caché…
Por otro lado, mostrarse triste, melancólico o atribulado, si bien es la realidad de muchas personas, parece tener cierto atractivo para muchas otras. ¿Será que la melancolía está llena de profundidad y significado, y eso te da cierta identidad?

¿Será porque ser feliz es poco interesante? ¿Aburrido? ¿La gente simpatiza más con nosotros si le contamos problemas y no alegrías? ¿Será porque una autobiografía que narra una infancia terrible vende más que la que cuenta una sin problemas y feliz? No sé.

Pero alguna vez escuché a alguien decir que sólo quien ha sufrido mucho puede escribir una buena canción, una buena novela o un buen poema y debo confesar que al escucharlo me dije: “Pues ya estuvo que, hasta ahora, gracias a Dios, no podré hacer nada de lo anterior y toco madera…”.
Me imagino que esta predilección por el abatimiento se encuentra en el inconsciente colectivo, herencia de una formación sufrida y religiosa.

Siéntete plena
El gozo se da por instantes, es ligero y no pesa; y sí, no hay mucho qué decir sobre él, se percibe en el cuerpo y se siente bien. O se transmite en ese suave aroma que deja en el aire una persona que está feliz. Entonces, ¿por qué sentir esa culpa o pena por sentirnos plenos?

Si bien es cierto que el mundo está repleto de cosas tristes y trágicas, también es cierto que buscar esos momentos de paz y gozo no sólo es cuestión de darnos permiso, sino que, como decía Borges, es una obligación.

Para leer
Primero tú. Los 7 pasos para verte bien y sentirte mejor.
Gaby Vargas.
Editorial Aguilar.

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