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Hijo único

Si un niño hace berrinche en algún parque o supermercado, lo frecuente es pensar que “es hijo único”. Después de leer este artículo cambiarás tu manera de pensar. El estereotipo del hijo único lo introdujo Granville Stanley Hall en 1896 en un estudio que dirigió sobe Niños peculiares y excepcionales. Lo describe como mimado, caprichoso y engreído.

Toni Falbo, profesora de psicología y sociología de la Universidad de Texas en Austin es quien más se ha esforzado por desmentir el falso estereotipo, también es hija única. Hace 30 años dirigió una investigación en Estados Unidos y en China con hijos únicos nacidos después de 1925. Ésta se enfocó en las variables de desarrollo como adaptabilidad, carácter, socialización, logros e inteligencia. El estudio concluyó que de los hijos únicos, los hijos mayores y quienes tienen sólo un hermano obtuvieron mayor puntuación en inteligencia y logros. Falbo afirma que nadie ha publicado una investigación que pueda demostrar que el estereotipo del hijo único como solitario, egoísta y mal adaptado, sea verídico.

Toda la atención

Que los hijos únicos sean consentidos radica en que el chico recibe todo lo que los padres le dan. Que califiquen más alto en la variable de logros es porque no hay repartición de los recursos entre los hermanos. Los padres tienen más tiempo, energía y dinero para invertir en su único hijo, quien recibe todas las clases extraescolares y la atención cuando se requiera. Esa atención no sólo redunda en mejores calificaciones, sino también en una mejor autoestima. Recibir más atención no es lo mismo que ser egoísta.

Falbo explica que la mezcla de aptitudes y confianza produce resultados. A los hijos únicos no sólo les va mejor en la escuela, además reciben más educación. Esto no significa que tener hermanos necesariamente frustre las oportunidades de los otros chicos.

Haciendo un balance, el grado de involucramiento de los padres es bueno. Esa atención es la energía que requieren la autoestima y los logros. Estas ventajas también tienen su lado incómodo. La presión y la responsabilidad que normalmente acompañan al éxito pueden restarle gozo a la infancia.

Erik Snyder/Digital Vision/ThinkstockDicen los hijos únicos adultos que no echan de menos a los hermanos, porque lo que no se conoce no se extraña, pero que los primos y los amigos son básicos para ellos.

Tener o no, otro hijo

El tamaño de una familia puede ser dictado por la economía. La pregunta ha dejado de ser cuándo encargar el segundo, y ha pasado a la cuestión de tener o no otro hijo. Ximena Sentiés, madre de una niña de 3 años y esposa, explica: “Si fuera más fácil ser padres y si la situación económica no fuera tan grave, quizá me sentiría más inclinada a tener otro hijo”.

Algunas de las razones y miedos que experimentan las parejas son:

• Hoy en día, demasiadas mujeres son madres primerizas alrededor de los 35 años. Una encuesta de 2007 encontró una relación de 3 a 1 de quienes creen que el propósito principal del matrimonio es la felicidad y realización mútua de los adultos más que de la procreación y educación de los niños.

• Muchas parejas piensan que les es imposible tener más tiempo y más dinero para otro hijo.

• Para la mujer, en muchos casos, es un dilema: trabajo o familia. El momento en el que hay niños es el punto de retorno: las mujeres comienzan a trabajar menos, a cobrar menos y a hacer más en la casa.

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