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Jóvenes y adicciones

Los problemas de conducta.

Mientras el adolescente atraviesa a la velocidad de un ciclón muchas etapas (crecimiento, presiones sociales o estados de ánimo), los padres suelen experimentar gran ansiedad por el bienestar de su hijo adolescente. Por su parte, el joven rechaza todo lo que recibió en la niñez porque quiere construirse un mundo por sí solo y contradice hasta los valores que recibió en su familia. Busca nuevas amistades y adquiere una actitud de rebeldía y crítica ante todo, derivada de su deseo de autoafirmación. Los cambios de este periodo llevan al adolescente a experimentar una fuerte inseguridad ante el futuro de la que quiere salir por sí solo; sin embargo, es cuando más afecto necesita.

Las adicciones

Con frecuencia los adolescentes no ven la relación entre sus acciones en el presente y las consecuencias del mañana. Tienden a sentirse indestructibles e inmunes hacia los problemas que otros experimentan. El consumo de alcohol o de tabaco a una temprana edad aumenta el riesgo del uso de otras drogas más tarde. Algunos adolescentes experimentan un poco y dejan de usarlas o continúan utilizándolas ocasionalmente sin tener problemas significativos. Otros desarrollarán una dependencia, usarán luego drogas más peligrosas y se causarán daños significativos a ellos mismos y posiblemente a otros.

Los adolescentes recurren a este tipo de sustancias por varias razones, como la curiosidad, para sentirse bien, reducir el estrés, sentirse personas adultas o para “pertenecer”. Es difícil determinar cuáles adolescentes van a desarrollar problemas serios. No obstante, quienes tienen mayor riesgo son aquellos con un historial familiar de abuso de sustancias adictivas, los que están deprimidos, quienes presentan baja autoestima o aquellos que sienten que no pertenecen a un grupo.

Señales de consumo de alcohol y drogas

• Baja en el rendimiento escolar y, consecuentemente, malas calificaciones.
• Comportamiento agresivo y rebelde.
• Excesiva influencia de los compañeros.
• Tendencia a estar mucho tiempo encerrado en el baño o la habitación.
• Dormir en horas no habituales.
• Poco interés en hablar con la familia.
• Demasiadas horas seguidas fuera de casa.
• Pérdida del interés por las aficiones deportivas o culturales.
• Tendencia a mentir.
• Aumento inexplicable de los gastos personales.
• Extravío de dinero u objetos en casa.
• Cambios en la mirada, ya sea que ésta luzca como perdida o los ojos adquieran un brillo extraño.

Estos problemas pueden ser mucho más serios, por lo que la actitud de los padres debe ser cautelosa y, ante todo, partir de la premisa de que un adolescente está definiéndose y los correctivos tradicionales tarde o temprano tendrán una respuesta contraria: los muchachos terminan por crear barreras y rechazar todo lo que provenga de sus mayores, aunque pueda ayudarles.

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