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Juntos bajo el mismo techo

Creer que esta posibilidad ni siquiera debería de existir en la mente humana, es parte de un sueño, la realidad es que hay diferentes factores que pueden obligarnos a estrechar la convivencia con los parientes, lo que lejos de ver como una oportunidad para tomar impulso y hacer que las cosas nos vayan mejor desde el punto de vista económico u organizacional, nos puede parecer una provocación para concluir en malos términos la relación familiar.Stockbyte/Thinkstock

Cualquiera que sea el motivo que nos pone en esta condición, hay que tener presente en todo momento, que la comunicación y el respeto deben convertirse en aliados inseparables, pues de esto depende que podamos llegar a acuerdos convenientes para todas las partes y que no se fracture la armonía.

El perfil de los involucrados

Analizar el terreno en el que habremos de desenvolvernos es el primer paso que nos dará una pauta para actuar con seguridad: “Estar completamente conscientes de la situación que nos rodea, nos permite aceptarla y por consecuencia actuar de una manera justa. Es imprescindible que la decisión de compartir el techo sea compartida y que los dos miembros de la pareja estén de acuerdo en que es la mejor opción, porque el hecho de que no sea así predispone a disgustos e inconformidades continuas”, explica la psicóloga Mariana Rivera.

La buena actitud no basta

Si te encuentras en esta situación es probable que hayas pensado que con una buena actitud será suficiente, y este aspecto es importante, pero no determinante, pues hay que considerar que por sí misma la convivencia entre seres humanos se torna difícil, aún cuando hay amor de por medio. “Hay que decirle sí a este aspecto, pero también debemos tener una comunicación certera, constante y clara con los cohabitantes de dicho espacio, ¿qué hay que hacer? No dejar oportunidad para que ocurran primero las diferencias y luego las resolvamos, siempre hay que ir un paso adelante. Antes de mudarse es necesario que la pareja se reúna con quienes fungen como responsables de la propiedad, y tal cual como lo hacemos cuando rentamos un lugar, hay que resolver todas las dudas en cuanto a las aportaciones económicas que se tengan que hacer, las condiciones en que se recibe la casa. También es importante conocer algunas reglas ya establecidas como por ejemplo las prohibiciones de fumar, de que los niños jueguen en determinados horarios y zonas, la presencia de mascotas, las condiciones para realizar fiestas y reuniones, entre otros conceptos”.

Por su parte, tanto tú como tu pareja deben dejar muy claro que el hecho de compartir la casa no implica que ustedes y tus hijos tendrán que someterse a las reglas de conducta que tus suegros o padres hayan implementado en su hogar, como puede ser el hecho de que en algunas familias se acostumbra que los adultos en general pueden corregir e incluso dar una nalgada a los menores cuando consideran que su comportamiento no es el adecuado; o que pese a que ustedes como pareja son mayores tengan que rendir cuenta de sus actividades o de las compras que realicen.

Stockbyte/ThinkstockLleguen a acuerdos

Cuando se ha tenido la oportunidad de disfrutar del espacio propio, hacerlo con otras personas se puede tornar un poco complicado, pues de inicio sentimos que hemos perdido la intimidad, la libertad y el espacio. “Hay que aprender a adaptarse, como todo cambio el principio es difícil, pero conforme pasa el tiempo se encuentran distintas maneras de generar el ambiente que creímos perdido”.

Es seguro que habrá costumbres de ellos con las que ustedes no estén de acuerdo y viceversa, pero aquí lo importante es aprender a respetar y llegar a un consenso. Desde luego las personas no cambian de un día para otro y en realidad, es injusto e irresponsable pedirle a los demás que transformen su forma de ser para que nosotros estemos contentos, pero lo que sí es alcanzable es que todos colaboren para generar una buena convivencia.

Delimita la participación de tu familia y establece reglas claras y justas con respecto a tus hijos. Ellos deben saber perfectamente que la forma en que se manejaban antes de mudarse, seguirá siendo la misma, y en caso de que se registre algún cambio tendrán que estar enterados y estar en el entendido de que no podrán utilizar a su favor ninguna situación que comprometa la autoridad de ti y tu pareja.

Compartir el techo puede convertirse en una maravillosa oportunidad de fortalecer los lazos familiares, de allanar el camino de todos y encontrar valiosos beneficios que permeen en todos los involucrados. Ahora tu tarea es tratar de localizarlos y compartirlos con quienes te rodean.

“La perseverancia es el motor del éxito”.

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