La alegría de dar

0

Ciaran Griffin/Stockbyte/ThinkstockNos es familiar el concepto de que es más grato dar que recibir, y quienes hemos tenido la oportunidad de darle vida a esta máxima, reconocemos que ciertamente una de las mayores alegrías que podemos tener es saber que pudimos contribuir a proporcionarle un buen momento a alguien.

También es muy común pensar que esto sólo lo podemos lograr principalmente, cuando el escenario pinta un tanto adverso para otra persona o en fechas que son especialmente conmovedoras, pero hay una gran noticia, y es que la generosidad se presta para practicarse en cualquier ocasión y un claro ejemplo es al tener a la familia cerca.

Comparte tu experiencia

Existen tantas formas de ser generosos, como nos inspire la mente y el corazón, por naturaleza nuestros seres queridos son fuente inagotable de este tipo de ideas. Una que podemos tomar en nuestras manos y asumirla como un amoroso compromiso, es la de ser generosos con ellos y compartir esas vivencias que nos han hecho crecer.

Cuando se tienen hijos que atraviesan por la etapa de la adolescencia y la juventud, nos puede parecer una tarea bastante complicada, debido a que por lo cambios físicos y mentales por los que ellos atraviesan, no siempre están abiertos a escuchar lo que sus padres desean transmitirles. Sin embargo, por increíble que parezca no sólo lo necesitan, además están dispuestos a hacerlo, siempre y cuando la plática no sea llevada con el objetivo de convertirse en una imposición. “Los chicos se sienten muy atraídos cuando los papás les hablan de sus propias experiencias, sus problemas, los miedos a los que se enfrentaban e incluso la manera en que los resolvían, porque se identifican con ellos y son capaces de ver que sus padres son seres humanos comunes y corrientes, que pueden convertirse en sus aliados. Lamentablemente ocurre que algunos adultos se limitan a compartir este tipo de vivencias con sus hijos, pues asumen que generar tanta cercanía rompe con la línea de respeto que debe existir en la familia, cuando es todo lo contrario: los acerca y crea un vínculo en el que los muchachos se animan a compartir su propia experiencia e incluso, se vuelven precursores de una buena comunicación en el núcleo familiar, pues al ser testigos vivientes de lo mucho que se puede lograr por esta vía, se atreven a recomendarlo a sus padres”, dice la especialista en psicología, Mariana Rivera.

¿Y qué relación tiene esto con la generosidad?

El lazo de unión entre éste y otros valores como la confianza y la comunicación, es que cuando le allanamos el camino a los que vienen detrás de nosotros, en este recorrido de la vida, les damos la oportunidad de crecer, aprender, también de ahorrarse situaciones molestas o complicas y sobre todo, les damos la certeza de que se encuentran acompañados y que tienen a una persona incondicional a su lado, que estará dispuesta a guiarlos en todo momento.

Da el primer paso

No se puede dar por hecho que simplemente por ser los responsables de la formación de nuestros hijos, hablarles de lo que hemos aprendido, la generosidad ocurre naturalmente. Existe una gran diferencia entre compararnos con ellos al momento de tomar decisiones, intentar imponer nuestro punto de vista, poner a su disposición los conocimientos adquiridos y permitir que sean ellos mismos quienes tomen la alternativa.

“No hay mayor acto de generosidad que darle libertad a la personas, en todos los sentidos, porque esto confirma que confiamos en ellas, que no creemos ser dueños de la razón, que creemos plenamente en que están aptos para tomar decisiones y que sean o no correctas, habrán de sacar el mayor provecho de ellas”, afirma la especialista.

Digital Vision./Digital Vision/ThinkstockLa experta sugiere que un buen comienzo puede ser ofrecer apoyo a tu hijo para hacer tareas escolares, sobre todo en aquéllas para las que uno tenga una especial facilidad. “Solemos ser un tanto egoístas en este sentido porque pensamos que echarles una mano cuando están saturados de trabajo, es quitarles responsabilidad y fomentarles la indiferencia. Desde luego, hay que brindar solamente ayuda y no tomar como propios los deberes que les pertenecen a los muchachos”.

Otra opción es compartir con ellos los gustos que tenemos, algunos pueden parecerles pasados de moda, aburridos o tal vez ni siquiera logremos que se sientan atraídos, pero lo importante es presentarnos para que conozcan más de nosotros. La psicóloga Mariana Rivera comenta que en su experiencia, cuando se tejen este tipo de lazos, se presentan muchas sorpresas, algunas de ellas muy gratas. Por ejemplo: Pueden coincidir en gustos musicales, literatura o inquietudes que pueden abrirle una nueva perspectiva a los niños y jóvenes. Ella recuerda el caso de una paciente que no llevaba una buena relación con su hijo que apenas entraba a la pubertad, y en una ocasión de camino a casa de los abuelos, ella puso música del grupo Café Tacuba; los ritmos interesaron al chico que preguntó de quién se trataba y a partir de esta expresión artística, se abrió un importante canal de comunicación entre ellos, además de que él confirmó su interés de tomar cursos de guitarra.

“Con una acción tan simple y en este caso, por completo involuntaria, se alcanzaron muchos beneficios entre madre e hijo. Si ella no hubiera compartido sus gustos, quizá la historia entre ellos sería distinta”, afirma Mariana Rivera.

Al final, el hecho de ser generosas con lo que transmitimos a nuestros hijos, redunda en un beneficio mutuo. Esto confirma que cuando damos a manos llenas, la vida nos premia de la misma manera y qué mejor que brindarnos esta valiosa oportunidad en familia.

Tambien te puede interesar