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La ciencia de la felicidad

Ahora, buscamos la felicidad abiertamente, sin inhibiciones, cada quien a su manera, algunos a través de la meditación; otros, del contacto con la naturaleza o de la entrega a alguna causa noble. En algún momento, saltamos del diván a la acción, y de la acción al deseo de equilibrio holístico.

Pero quizá más significativamente, nuestros compañeros en el camino del autodescubrimiento, de las deficiencias de la personalidad y las carencias de la historia familiar, los psicólogos, se están enfocando en el estudio de los mecanismos de la felicidad.

Palabras como “optimismo”, “alegría de vivir” y “plenitud” se encuentran hoy más a menudo en los textos científicos que en las canciones de moda o las tarjetas de felicitación.

El análisis de la felicidad

Tras concentrarse históricamente en las disfunciones y patologías, el nuevo movimiento en psicología está explorando las características que hacen que una persona se sienta satisfecha, plena y adaptada, que supere obstáculos y que encuentre el lado positivo de cada situación que viva. Apoyados en los hallazgos de la genética y de la neurobiología, los psicólogos tratan de encontrar la razón por la que algunas personas se consideran “felices” o “satisfechas con su vida”, mientras que a otras, la plenitud las elude: ¿se trata de circunstancias muy particulares?, ¿es la felicidad un estado interior?, ¿podemos elevar nuestro potencial para ser felices?
¿Quién es… feliz? 

Podríamos suponer que son felices quienes gozan de buena salud, riqueza, una familia o pareja amorosa, o quizás, estatus social. Sin embargo, los estudios han demostrado que la felicidad está más vinculada a una perspectiva personal. La nueva teoría dice que existe un “punto de equilibrio”, es decir, que cada quien tiende a un determinado nivel de felicidad. Por ejemplo, un año después de haber sufrido un accidente que las deja discapacitadas y una vez que se han adaptado a sus nuevas circunstancias, las personas suelen regresar al nivel de felicidad anterior al evento que les cambió la vida. Curiosamente, lo mismo sucede con los ganadores millonarios de la lotería.

El estado de ánimo y el temperamento también están predispuestos por un elemento genético. Los estudios han encontrado que los contratiempos o las adversidades no necesariamente alteran la capacidad para llevar una vida satisfactoria. Muchas personas reportan una sensación de crecimiento espiritual al superarlas.

Las piezas del rompecabezas

En un estudio en que participaron 900 mujeres en Texas, ellas citaron como sus cinco actividades más positivas (en orden descendiente):

1. Sexo

2. Socializar

3. Relajarse

4. Rezar o meditar

5.Comer

Mucho más abajo en la lista se encontraba “cuidar a mis hijos”, todavía después de cocinar y sólo un poco más arriba del trabajo en el hogar.

Del placer a la significación

El Dr. Martin Seligman, director del Centro de Psicología Positiva de la Universidad de Pennsylvania y fundador de la Psicología Positiva, identifica como las tres formas de felicidad: la Vida Placentera, la Vida Buena y la Vida Significativa.

Por lo tanto, los caminos más elevados a la felicidad son la Vida Buena y la Vida Significativa.

La Vida Buena

Consiste en aprovechar nuestras fortalezas capitales para experimentar más momentos de “sintonía”. Ello se logra a través de un profundo compromiso con el trabajo o la familia. Músicos, deportistas y artistas, incluso los cirujanos, han descrito un sentimiento de “fluidez” al sumergirse en la actividad que dominan y que les hace perder el sentido del tiempo. La Vida Significativa se obtiene al involucrarnos en actividades o causas más grandes que nosotros mismos. Algunas personas encuentran significado en la familia o la amistad; otros, en las obras benéficas, la espiritualidad o la religión. Las personas más felices no son aquellas con una vida perfecta. Criar una familia y vivir en pareja nos traen felicidad y también nos empujan a crecer y desarrollarnos.

 

La receta de la felicidad

Tu temperamento puede determinar en cierta medida tu predisposición para la felicidad, pero todos tenemos la capacidad de aumentar nuestro nivel de satisfacción. Estos son algunos elementos comunes en la personalidad de la gente feliz:

• Autoestima. La fe en nuestras propias capacidades es un elemento indispensable en el nivel de satisfacción. Los expertos recomiendan que si no sientes seguridad, actúes como si la tuvieras. En ocasiones, la emoción sigue a la acción.

• Capacidad de formar relaciones significativas. Las personas que cuentan con una red de apoyo social viven más, gozan de mejor salud que el promedio de la población y reportan mayores niveles de satisfacción.

• Resiliencia. Es la capacidad de superar obstáculos y aprender de ellos, un elemento clave de la personalidad adaptable. Si tienes hijos, procura no sobreprotegerlos, con el fin de fomentar esta característica.

• Espiritualidad. Quienes se sienten parte de algo mayor que ellos mismos, ya sea a través de la religión organizada o de caminos alternativos, también se recuperan con mayor rapidez de los embates físicos y espirituales que enfrentan.

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