La ecuación de la energía

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Ésta es resultado del equilibrio entre una alimentación adecuada, períodos completos de sueño o descanso, y la realización de actividad física. Analicemos brevemente cada uno de los componentes de esta ecuación:

1.  Alimentación
Los alimentos son substancias que el ser humano ingiere a fin de proporcionar al cuerpo los nutrimentos necesarios que le provean la energía para realizar eficientemente las actividades diarias, así como mantener las funciones vitales, la reparación de tejidos dañados, y en los niños, el crecimiento normal. Las tres clases principales de nutrimentos son: proteínas, grasas y carbohidratos, que apoyados en vitaminas, minerales y elementos químicos esenciales, en cantidades establecidas, son parte de una alimentación adecuada.

Idealmente, una alimentación saludable debe ser:
•  Variada – a mayor variedad de alimentos, menor el riesgo de enfermedad por carencia o por exceso de un nutrimento
•  Equilibrada – 50 a 55% de carbohidratos, 15% de proteínas y 30 a 35% de grasas
•  Moderada – para mantener el peso corporal óptimo
Es importante recordar que cada alimento tiene un valor energético específico y dependiendo del sexo, edad o actividad, se puede establecer el consumo diario que garantice un estado ideal de funcionamiento del organismo.

2.  Sueño
Es el período de tiempo en que la sensibilidad y actividad se encuentran disminuidas, con pérdida de la conciencia del mundo exterior, desaparición parcial de las funciones de los centros nerviosos  y una disminución relativa de las funciones de la vida orgánica. Por increíble que parezca, durante el sueño ¡nuestro cuerpo también consume energía! Aproximadamente 65 calorías por hora.
El sueño humano no es un evento constante. Al dormir, en un inicio, el sueño es ligero o activo, después viene un sueño profundo, con una duración en cada ciclo de 45 a 50 minutos en el recién nacido, o 90 minutos en el adulto. Estos ciclos se repiten varias veces en una noche.

El sueño es un proceso activo controlado por el tronco cerebral, que cumple funciones importantes:
•  Durante el sueño profundo hay una función de recuperación de energía, o reposo pues se activan procesos de síntesis, liberándose en los niños la hormona del crecimiento, esta es importantísima en la formación de los huesos y diversos procesos metabólicos. También disminuye la hormona cortisol del  estrés.
•  Durante la fase de sueño activo, se estimula en el niño el crecimiento de los sistemas neurales (maduración del  Sistema  Nervioso Central) que llevarán a un desarrollo y diferenciación. Allí se fija el contenido de la memoria y se reconocen peligros externos que le permitan reaccionar rápidamente.
El sueño constituye un lapso durante el cual el cuerpo se organiza nuevamente y suceden cambios biológicos, fisiológicos y metabólicos, que ayudan a la recuperación de energía consumida en actividades durante la vigilia.


3.  Actividad física

Cualquier actividad física que mantenga acelerado el pulso en un 70% por encima del máximo normal, por 20 a 30 minutos seguidos, 3 a 5 veces por semana, produce un efecto benéfico sobre el corazón y otros órganos del cuerpo. Practicar actividad física de manera regular es la mejor manera y la más barata de tener una salud óptima. Así se previenen a largo plazo enfermedades que reducen la calidad de vida o que son potencialmente fatales, como la obesidad, la osteoporosis, la hipertensión arterial, la depresión o el cáncer de mama.

Algunos de sus beneficios son:
•  Promueve el óptimo funcionamiento del aparato cardiovascular y respiratorio.
•  La práctica regular de ejercicios aeróbicos, es decir de aquellos que requieren mayor  aporte de oxígeno, disminuyen la presión sanguínea y aumenta la fuerza muscular.
•  Reduce la tensión nerviosa y el insomnio
•  Retrasa los síntomas del  envejecimiento, como cúmulo de grasa corporal, debilitamiento de músculos, reducción del equilibrio, la flexibilidad, la agilidad y rapidez de reflejos.
•  Durante el ejercicio se libera en mayor cantidad la beta-endorfina, hormona estimulante o antidepresivo natural, que nos hace sentir mejor.
•  Previene la obesidad.
Además es una manera de alejar a los niños y adolescentes de hábitos dañinos a la salud, como la drogadicción, tabaquismo y alcoholismo, pues fomenta la disciplina personal y la convivencia en grupo.

Como conclusión, debemos equilibrar el consumo de alimentos, tanto en calidad como en cantidad y realizar actividad física suficiente para que, en esta ecuación, el ingreso energético no exceda al consumo o gasto. Por su parte, el sueño es el factor que nivela el consumo y recuperación de energía. Recordemos que al fomentar estos tres factores de la ecuación como un hábito desde la infancia, lograremos una vida más sana a corto y largo plazo.

 

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