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La mejor mamá, ¿misión imposible?

Brand X Pictures/ Brand X Pictures/ThinkstockHay períodos a lo largo del año que son ideales para llevarnos a la reflexión y analizar qué tan bien nos desenvolvemos en los papeles que desempeñamos, como en esta ocasión puede ser la maternidad. Todas las que son madres anhelan convertirse en la mejor y, para bien de todos, desde luego que se trata de un sueño posible.

Grandes experiencias

Convertirte en madre es una vivencia que te colma de alegría, buenos propósitos y ¿por qué no decirlo?, también de temores, pues además de su parte romántica, impone serios compromisos, desde los cotidianos como la manutención del bebé y su cuidado, hasta el de prepararte y esforzarte para hacer de él una persona íntegra y valiosa. El trabajo, es muy cierto, lo llevas a cabo día con día, pero suele ocurrir que la misma rutina te conduzca a dar por hecho que eres una buena madre si cubres y pones a su alcance bienes materiales o indispensables, tales como alimentación, buena ropa, la mejor escuela que puedes proporcionarle y diversiones para que se desarrolle en un ambiente adecuado. Sin duda alguna, cada uno de estos puntos juegan un papel súper importante en la formación de un niño, pero existen otros que destacan el gran amor hacia ellos, y por supuesto, el compromiso de hacerlos felices que impacta en una buena autoestima, en el aprendizaje de vivir y actuar anteponiendo siempre los valores humanos con los que fueron educados.

Los secretos de ser madre
Lilia Joya, catedrática de la Facultad de Psicología de la UNAM, explica que el término “buena madre” se confunde con el concepto de abnegación, que consiste en sacrificar la vida propia por la de otros, en este caso por los hijos, y renunciar a aquello que le hace plena la existencia. Sin embargo, advierte: “Un principio para que podamos dar lo mejor de nosotros mismos a los seres que amamos, es hacer de nosotros personas plenas, satisfechas, que apreciamos la oportunidad de vivir, apasionadas por lo que nos rodea; pues hay que recordar que, como padres, nos convertimos en el primer ejemplo de los niños, ellos aprenden a través de uno; somos los responsables de la manera en que verán al mundo.
“Cuando nos preocupamos por el bienestar propio, no somos egoístas, es un mito que debemos romper; hemos crecido con la idea de que el amor es sufrimiento y sacrificio cuando es al contrario, la consecuencia de este pensamiento es que dejamos de gozar y los hijos lo aprenden”. La reacción de un niño que convive con una madre feliz es que aprende de su alegría, se divierte, sabe que está al lado de una persona que le brinda amor y estabilidad. Así es como buscará mantenerse en contacto con ella, despertará la confianza para compartir sus inquietudes y sus logros.

Libertad con responsabilidad
Aunado al hecho de transmitirles el aprendizaje de cómo tomar la vida en sus manos, está también poner en sus manos otros conocimientos y experiencias que son básicas. Es cierto que para muchos se convierten en el lado difícil de la paternidad, porque implican responsabilidad y compromisos, palabras sin duda bastante fuertes, pero que son las llaves sagradas de la felicidad y la buena convivencia. En este sentido, la psicóloga sostiene que en la actualidad existe el pensamiento de que los padres deben ser amigos de los hijos, sin embargo, afirma, es un papel que no se puede tomar debido a que son ellos quienes deben enseñarlos y formarlos, tarea que un amigo no asume. “Es en este punto donde los pequeños se suelen confundir. Hoy la educación es distinta que antaño y es un acierto que se enseñe a los menores a expresar sus ideas, pero es necesario que sepan que todo diálogo o exposición de inconformidades deben estar basadas en el respeto y la buena comunicación.
“Lamentablemente, es muy común que no se cumpla con ambos aspectos y que terminen por imponerse, e incluso, llegan a amedrentar a sus padres, por eso los escuchamos decir con frecuencia: ‘Los jóvenes de ahora ya no respetan, ahora ellos son los que mandan’, lo que se convierte en una forma muy sencilla de culparlos de que uno como adulto no sea capaz de formarlos de la manera adecuada”. Es cierto, hoy los niños y jóvenes tienen más libertad. Pero no hay que olvidar el principio fundamental de la filosofía Montessori, creada por la maestra María Montessori: “La libertad siempre debe ir acompañada de la responsabilidad. Son como las dos caras de una moneda: no puede existir una sin la otra”. Al mostrarle a los hijos los valores humanos que deben regir a toda persona que desee convertirse en un ser íntegro, se les prepara para desempeñarse en un mundo con menos complicaciones y más logros. Una buena comunicación, una relación basada en el respeto, la lealtad, el amor, el compromiso y la responsabilidad, entre otros valores, son aspectos clave que se enseñan a través del ejemplo, de las palabras y de la guía de los padres, cada uno de ellos contribuyen a sortear la vida de una manera más efectiva. Si son prioridad en la formación que les des, irás por un buen camino rumbo a tu conversión como la mejor mamá.

Los límites
No se trata de que tu hijo crezca temeroso de cada acción que deba emprender. Poner límites significa que podemos realizar todo cuanto deseemos, pero sin violar los derechos de los demás o esperar obtener algún logro en la vida sin haber efectuado antes el trabajo y el esfuerzo que requiera cada uno de nuestros sueños, antes de verlos cristalizados. Uno de los mejores regalos que podrás darle a tu hijo es dotarlo del conocimiento de que tú estarás a su lado para ayudarlo a conseguir sus metas, no obstante, la lucha más fuerte deberá realizarla él. “Pensamos que darles todo lo que nos piden es una forma de ganarnos su respeto y admiración, hasta su cariño, pero lo único que logramos con ello es convertirnos en una fuente inagotable de deseos a la que los hijos pueden acudir sin tener que esforzarse. Si de pronto, por alguna razón, no podemos cubrir todas sus necesidades, vienen el reproche y las malas actitudes, de ahí que hay que poner énfasis en el hecho de que aprendan a ganarse cada uno de los beneficios que ponemos a su alcance. Si un hijo pide una chamarra cuyo precio se sale del presupuesto, es posible negociar con él: ‘Trata de ahorrar lo más que puedas de aquí a dos meses, cuando tendré dinero disponible y podré completar lo que sea necesario’. Así aprenderá a trabajar en equipo y a valorar sus bienes”, aconseja la psicóloga.

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