La televisión, más que entretenimiento

La educación de un niño, es tan compleja que, aunque parezca mentira, incluye también buscar las mejores opciones para que su entretenimiento sea un espacio ideal que le pueda proporcionar herramientas valiosas para lograr un desarrollo integral.

Sin embargo, no es una tarea sencilla, pues antes de ponerlas al alcance de tu pequeño, primero tienes que cerciorarte de que más allá de mantenerlo quieto por un momento, ese distractor puede resulta positivo para él. Quizás, uno de estos medios que más te detiene a reflexionar, es el televisor, pues mucho se ha escrito acerca de las desventajas que representa para un niño, debido a que los mensajes que emite no siempre responden a los objetivos educativos que puedes tener.

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La televisión ¿para bien o para mal?

Los mitos son muchos y la realidad una sola: en la medida en que estés al tanto de lo que tu hijo ve en la televisión, es posible que encuentres a un gran aliado en su formación y que a través de ella logres no sólo un espacio para el esparcimiento, sino también una oportunidad para convivir y despertar esa parte divertida de ti que te facilitará la comunicación con él.

Guillermina Baena Paz, académica de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explica que ningún tipo de entretenimiento tecnológico es nocivo, siempre y cuando exista una vigilancia cercana sobre lo que los niños acostumbran ver y el tiempo que dedican a esto: “lo normal es que los pequeños pasen frente al televisor dos horas cuando mucho, ya sea diariamente o tres veces a la semana, es un tiempo razonable que no les causa daño; cuando éste se supera entonces las condiciones cambian e incluso podemos referirnos a una adicción a la televisión”.

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La clave para hacer funcional este medio de entretenimiento, aconseja la especialista, es que designes un breve horario para que tu hijo vea televisión, procura que sea un momento en el que tú puedas estar a su lado, para supervisar lo que ve. Recuerda que un alto porcentaje de lo que aprende es a través de ti, por eso debes tener cuidado en el tipo de programa con el que tendrá su primer contacto; procura que sean educativos, que le dejen un mensaje positivo sobre algún aspecto de la vida y un aprendizaje, pues en eso radica el valor de un programa de televisión.

También es importante que los padres no vean en este aparato a una ‘niñera’ que puede mantener tranquilos a sus hijos. Deben procurar que ese tiempo se convierta en un momento de calidad, de diálogo y de acercamiento con el pequeño. Por ejemplo, los padres pueden comentar acerca del contenido del programa, cuál fue la parte que más le gustó y hacer un comentario al respecto, al final sólo para fortalecer el mensaje de amor pueden decirle ‘disfrute mucho este momento contigo, fue muy divertido y aprendimos mucho’, esto reforzará la autoestima en el niño, le hará sentir seguro y le dará otra percepción de este tipo de entretenimiento”, señala la doctora Guillermina Baeza.

La tecnología no tiene que ser un enemigo, sino un canal que te ayude a introducir al conocimiento a tu pequeño y a despertar su inquietud por aprender, pero para lograr este objetivo es imprescindible que tengas presente que el pilar más importante y firme en su educación eres tú, por ello es imprescindible que dediques amor, tiempo y esfuerzo a su formación.

Lo que debes recordar

  • La televisión no debe ser un sustituto de tu presencia, ni del juego, ni de la actividad física.
  • Determina un horario para ver la televisión y hazlo respetar.
  • Cuida que el contenido de los programas vaya acorde a la edad de tu hijo. Evita los programas con una alta dosis de violencia y palabras altisonantes (aún cuando sean caricaturas)
  • Busca libros para colorear, para leer, rompecabezas o juegos de mesa, del programa favorito de tu hijo, son otras formas de distracción que le ayudan a aprender.
  • Comparte el tiempo de televisión con tu pequeño y propicia que sea un motivo para comunicarse.

 

Para saber más:

Jugar y aprender, Martie Pieterse, Editorial Paidós

 

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