Calendarios con naturaleza


Por Jaymi Heimbuch / TreeHugger

Versión en español de Sandra Huerta

Antes de que deseches la idea de ser de aquellas personas que colocan calendarios con escenas de la naturaleza en sus paredes, piensa que, según un reciente estudio de la Universidad de Rochester (Estados Unidos), integrar detalles como ese a tu vida cotidiana, puede ayudarte a ser una mejor persona, más abierta, generosa y preocupada por el entorno. Dicho estudio encontró que después de observar escenas de la naturaleza, el ciudadano promedio tendía a sentirse más empático respecto a sus semejantes y estaba dispuesto a donar más dinero a causas sociales. La razón, según los investigadores, tiene que ver con que la convivencia con la naturaleza ayuda a la gente a conectarse con sus valores básicos.

Ingram Publishing/Ingram Publishing

Desde hace tiempo que los efectos saludables de la naturaleza están bien documentados, pero el estudio muestra que los beneficios abarcan áreas que no se habían considerado antes. Los investigadores reportan que, aunque está más que comprobado que la visión de un paisaje ayuda a reducir el estrés (y que en una habitación de hospital provista con una ventana el paciente se recupera más rápido), resultan sorprendentes los cambios que experimenta una persona respecto a sus valores, decisiones y disposición a la convivencia.

Basados en experimentos que incluyeron a 370 participantes, los resultados muestran que después de ver un paisaje urbano, las personas tienden a reaccionar positivamente a conceptos y valores más mundanos, como la riqueza y la fama, mientras que, por el contrario, tras la visión de la naturaleza se responde con pensamientos e impulsos más desinteresados y humanistas.

La autora y ecologista Netta Weinstein comenta que es indispensable involucrar a arquitectos y urbanistas en la creación de espacios verdes en las ciudades. Incorporar parques y jardines en los ambientes preponderantemente humanos, puede ayudar a reconstruir un sentimiento de buena vecindad y paz entre los residentes. “Cuando cortamos nuestros vínculos con la naturaleza, de alguna manera también nos desconectamos de nuestros semejantes”, advierte la autora.

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