Las lágrimas laborales

Pixland/ Pixland/ThinkstockNos referimos a la chamba. Bueno, en la misma oficina, a la vista de todos, no. Pero en el baño, la escalera, la banqueta, el estacionamiento, etcétera… ¡sí!
Es más, no sólo se vale llorar, sino que es muy recomendable. Los compañeritos no lloran, ya lo sabemos, y por eso luego tienen infartos, úlceras, colitis, etc.
Mucho te cuentan que lo adulto, lo maduro y ¡ojo!, sobre todo lo empresarial es NO llorar. Mal consejo.
Se necesita ventilar y principalmente, desechar el estrés del trabajo, de los genios de tu jefe, de la compañerita fregona, de las horas extra inesperadas, de la cita con tu galán que tuviste que cancelar y otras frustraciones propias de la chamba.
Llorar se vale, ya dijimos, pero ponle mucha atención a los dóndes, los cuándos, los cómos y sobre todo, ¡ojo con los con quién!



Los dóndes


Te decía que no es bueno llorar a la vista de todos. Pero hay veces en que sí conviene un poco de show. Pero este caso es difícil de manejar, lo dejo para 
el final del punto.

Dónde no es muy obvio: no delante de compañeros que lo usen en tu contra. No delante de tu jefe, si es tan rígido que tal vez te lo reproche como un gesto infantil. No donde haya gente de fuera, visitas, clientes, etc.

El lugar ideal es el baño, porque luego de llorar un rato te puedes volver a maquillar. El segundo mejor lugar es el estacionamiento, porque te puedes recargar en un coche y poca gente va a andar por ahí en horario de trabajo. Las escaleras, cuando estás en un piso alto, son buen lugar porque no son muy frecuentadas; pero de noche no las recomendaría, por más que a esa hora haya sido el berrinche causante de tus lágrimas, porque te expones a un asalto o peor, ya ha ocurrido y no queremos eso.
La banqueta y la calle son buenas, porque puedes llorar mientras caminas, que te da más alivio y más rápido. Y si te ven, puedes decir que recibiste una mala noticia, que te peleaste con el galán o algo así.

El show se puede montar cuando hayas meditado bien los pros y los contras y eso depende sólo de tus circunstancias: con una jefa, el llanto no te va a servir de mucho, tal vez sólo la irrites; con un jefe, depende de cuánto lo conozcas y de que puedas evaluar su reacción. La idea es que hagas como que no quieres llorar y que finjas que no quieres hablar de ello cuando él te pida ir a su oficina.

Si crees manejarlo bien, levántate y ahoga un sollozo, pide que te disculpe un momento 
y salte como a punto de no contener el llanto para volver a entrar luego muy seria y“ofreciendo una disculpa” por tu comportamiento. 
Si él retoma el caso, entonces explicas lo que te molesta. Si no lo retoma, deja que alguien más –de confianza– le haga llegar tus motivos. Y para efectos del cuidado del cutis, de la salud y de tu aspecto, si la presión puede aguantar, espera a llegar a casa, te encremas la cara y tomas un baño caliente. Así llorar te libera, 
te da buen sueño y no te afecta.

Los cuándos

Cuando estás hasta la coronilla y la presión te está alterando, es el momento de llorar. Llorar debería ser como hacer pipí: no se cuestiona. Es una necesidad 
y hay que satisfacerla. Simplemente te disculpas si es que estás en una junta (no confundir con el show), te sales discretamente, te pones gotas después y si tienes que explicar tu huída, inventas catarro, alergia u otro motivo.
Un momento ideal para llorar es cuando vas manejando: en el coche nadie te ve, otros conductores no se fijan y si llegas con ojos enrojecidos, culpas al smog y ya. De hecho, 
los expertos en el manejo del estrés recomiendan llorar por lo menos una vez al mes, aunque conscientemente no creas necesitarlo. Un psiquiatra de mediados del siglo XIX decía: “Pena que no sale con lágrimas, saldrá en forma de enfermedad” y no conocía la palabra estrés.

 

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