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Los ataques de ansiedad y yo

Los ataques de ansiedad suelen aparecer en algunas mujeres, al llegar a la menopausia. Tal fue el caso de mi madre. Te comparto nuestra experiencia y las medidas que hay que tomar para evitarlos.

Cuando mi madre llegó a esta etapa de la vida, empezó a presentar síntomas muy severos. Sus gritos me despertaban en medio de la noche, porque junto con los bochornos que la “bañaban”, sentía unos terribles calambres en las piernas.

Ella, que era una linda mujer que cantaba con una maravillosa voz de soprano, se empezó a deprimir, a enojar, a sentirse intranquila todo el tiempo y a dejar de cantar.

Luego vino lo peor: aparecieron los ataques de ansiedad, sus manos y pies se ponían fríos como el hielo, sus palpitaciones se sentían como brincando en su pecho, no podía respirar, sentía que se mareaba, el miedo se empezaba a apoderar de ella y le venían deseos de salir huyendo de la casa sin ninguna razón.

Yo la acompañaba a consultar un doctor tras otro, sin ningún éxito. Los tranquilizantes que le recetaban sólo la atontaban. Apenas pasaba un poco su efecto, los ataques de ansiedad volvían a aparecer.

Le tomó como 2 años de meditación y rezos constantes volver a recobrar la tranquilidad.

Los expertos opinan



Los ataques de ansiedad pueden durar desde 10 minutos hasta media hora. Mucha gente que los padece piensa que le está dando un infarto y sale corriendo al hospital. Algunas personas con ataques de ansiedad frecuentemente sufren también de depresión, fobias y fatiga crónica. Los investigadores piensan que estos padecimientos pudieran provenir de la misma vulnerabilidad biológica y se empeoran uno al otro, por ejemplo: a mayor depresión, mayor número de ataques de ansiedad y viceversa.

Experiencia propia

iStockphoto/ThinkstockNo puedo asegurar que sean hereditarios, pero −como mi madre−, también hubo un tiempo que los padecí. La primera vez fue a los 14 años, cuando subí al Castillo del Adivino en Chichen Itzá. Subí muy tranquila pero en medio de un ataque de ansiedad, ya no pude bajar. Mi tía Anita, con todo y tacones y un mantón enorme con el que me cubrió la cara, me fue bajando escalón por escalón, de esa maravillosa pirámide, muy probablemente salvándome la vida.

Tiempo después, cuando tenía varios años de estar tomando hormonas sintéticas para la menopausia, los ataques de ansiedad hicieron su aparición de nuevo, con frecuencia creciente. Una vez se me desató uno muy fuerte justo cuando acababa de abordar un avión en el aeropuerto de Washington. Fue tal el alboroto que armé en un avión que ya estaba en fila para despegar, que todos los aviones que venían detrás tuvieron que regresarse, para que el avión en el que yo iba pudiera volver a la sala de abordaje y yo pudiera bajarme de él y sentir que podía respirar de nuevo.

Yo había detenido el aeropuerto de Washington y –aunque no lo creas– se me permitió abordar de nuevo al día siguiente, previa toma de un medicamento que me funcionó un tiempo.

Justo en esa época yo estaba cambiando mi tratamiento de estrógenos conjugados de origen equino con una progesterona sintética (progestina es el nombre correcto) por estradiol natural bioidéntico combinado con progesterona natural, también bioidéntica. Cual sería mi gran sorpresa que a los pocos días, mis ataques de ansiedad empezaron a desaparecer y al poco tiempo pude volver a subirme a los aviones, sin ningún problema.

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