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Los hijos del amor

Un dicho español muy viejo decía: “Los hijos del amor son muy hermosos; los hijos del error son desastrosos”. Viendo cómo está el mundo en la actualidad, parecería que tenía razón, pues la mayoría de los seres humanos, pese a lo que nos aferramos a creer, no fueron hijos del amor. Puede ser que tampoco de un error, pero sí del accidente que suele ser lo no planeado, lo no meditado ni sopesado.

Un hijo –aun deseado, programado y esperado– siempre es un tercero, un desconocido, un intruso que llega a nuestra vida; tenemos una rutina, un modo de ser, comodidades e incomodidades, presupuestos y horarios. Los seres humanos somos bichitos de costumbres, ¡qué le vamos a hacer! De pronto un bebé aparece. Todo se para de cabeza, se desquician horarios, presupuestos, costumbres… Nuestros nervios se alteran, la salud tiene descalabros. ¡Y el pobre bebé lo sufre!

Por eso es tan importante analizar y analizarnos. No es solamente planear y programar un bebé como si fuera un evento. No es sólo cuestión de números, “como ya ahorramos tanto ya podemos tenerlo”. No es sólo cuestión de contar con el apoyo de la mamá, la suegra o la guardería –en el caso de la mamá que trabaja fuera de casa– ni de pensar en apartar dos años para dedicarse al pequeño y luego retomar la vida como si nada.

La presión socialCollection: Stockbyte. thinkstock.
Alguna vez vi un póster en los Estados Unidos con una foto de una mujer embarazada y una leyenda que decía: “Tu familia y tus amigos pueden embarazarte más rápido que tu marido”; parece una broma, pero no lo es.

La presión social hace que los familiares políticos o cercanos se vuelvan peligrosos con sus deseos y peticiones. No falta la suegra o la mamá que empiezan a presionarte con el “antojo del nieto”, o la pareja de amigos que ya está esperando bebé; tu compañera de escuela que se casó después que tú y ya está embarazada, más el temible “¿qué dirán?”, que pesa mucho si vives en una comunidad muy conservadora donde no se usa aplazar la maternidad. Se vuelve muy difícil distinguir entre el auténtico deseo de tener un bebé y la presión de la familia y de los amigos.

La dinámica de la pareja
Es importante reconocer que es distinta la experiencia de tener un hijo en un hombre y en una mujer. Mientras para la mujer es un hecho existencial, tanto físico como emocional que ocurre en su cuerpo y que le cambia la vida; para el hombre, es una vivencia distinta. Emotiva sí y quizá social, pero no tan trascendental como para ella, no cambia su mundo de pies a cabeza. En realidad, la pareja no siempre está en el mismo nivel de madurez para ser padres, y puede ser que para alguno sea más difícil la idea en ese momento.

El hombre suele recelar que va a recibir menos atención de su mujer cuando se convierta en madre. Algunas mujeres suelen temer el hecho de engordar y resultar menos atractivas para su marido. Y esto no favorece la comunicación entre ambos. Se vale sentir dudas, se vale aceptar inquietudes y sentirse muy confundida. Para ti, como mujer, puede haber un imperativo profundo existencial que no puedes comunicar a tu pareja. O puede ser que él sea quien desea ser padre y no te siente tan entusiasmada como él.

No tiene nada de malo consultar a algún psicólogo para encontrarnos con nosotras mismas y con la pareja. Es sumamente importante externar todas las inquietudes, no tiene nada de malo dudar acerca de la maternidad, no te hará una mala persona. Es decisivo que él sepa lo que temes y que tú también conozcas sus miedos. Es necesario que ambos conozcan los cambios que ocurrirán en su estado de ánimo, más allá de tus antojos y de sus miedos. Pero sobre todo, que tengan la voluntad y la paciencia para vivir esta etapa de la mejor manera.

El momento ideal
Primero que nada, debe ser sólo tu momento, no el de tus papás ni el de tus amigos o familiares. Lo segundo es que debe ser un buen momento de tu vida en pareja: los bebés no son parche ni pegamento para uniones rotas o a punto de romperse.

Un niño no arreglará su situación, de hecho, es probable que la agrave. Por ello es necesario que su relación de pareja sea fuerte, para que así el pequeño sea un eslabón más de una cadena sólida. Y por último, ambos deben verlo como una persona y respetarlo como tal. Un bebé no es una realización personal, un juguete nuevo ni un carcelero que viene a encerrarlos y a cambiarles la vida. Porque parece que ahora las parejas se dividen en dos tipos: quienes dejan cualquier actividad que no incluya a su bebé y quienes llevan al pobre a todas partes, esté cómodo o no.

Elegir la temporada del año también es importante. No es sólo el clima lo que cuenta, sino también tus tiempos: la fecha en que tendrás menos proyectos laborales, cuando la familia esté libre o cuando tu mamá pueda ayudarte. También es importante considerar los meses en que recibes bonos, aguinaldo, entre otros apoyos monetarios. Un bebé producto del amor conlleva mucha paciencia, organización y disposición, pero sobre todo, el cariño de saberte envuelta en el proceso maravilloso de dar vida.

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