Los placeres del hombre

El placer de tocar y ser tocado
Cuando tu esposo llegue muy cansado del trabajo, proponle darle un masaje en la espalda. Haz que se desnude y se recueste en la cama, y con un aceite o crema corporal, frótale la espalda, la cintura, las piernas y hasta los pies.Descubrirás que esta pequeña rutina provoca entre ustedes una intimidad de la que tal vez no habían disfrutado en mucho tiempo y que desembocará casi siempre en un contacto sexual muy satisfactorio para ambos.

El placer de escuchar
Los hombres se sienten muy complacidos cuando al llegar a casa encuentran en el ambiente una música suave, que invita a la relajación y al descanso. Si conoces los gustos musicales de tu marido, procura recibirlo con frecuencia con su música favorita. También nos referimos al placer de escucharte a ti en los momentos íntimos. Nada excita, ni complace más a un hombre que escuchar a la mujer diciéndole al oído cómo quiere que la acaricie, o la satisfacción que le producen las cosas que él le hace en la cama.

El placer de ver
No trates de ocultar tus encantos a la vista de tu pareja, con ropa poco atractiva en la intimidad de tu alcoba. Si no tienes ropa interior muy sexy, simplemente báñate unos minuto antes de acostarte y entra en tu dormitorio envuelta en una pequeña toalla que te cubra sólo parcialmente. No te sientas temerosa de que tu marido note tus defectos. Él sólo verá a una mujer limpia y excitante… que es la suya. Aprende, a tu vez, a disfrutar el placer de contemplar la desnudez de tu esposo.

El placer de experimentar
No permitas que tu relación caiga nunca en la rutina, ni en la monotonía. Incita a tu esposo a experimentar todas las expresiones y todas las posiciones del amor físico.
Él se sentirá encantado de hacerlo y tú descubrirás todo un mundo nuevo de emociones y sensaciones que tal vez no habías conocido antes.

Complace a tu hombre

El placer de ser escuchado
Una mujer inteligente siempre se ingenia para buscar el momento propicio de convertirse en la confidente de su pareja. Debe ofrecerle su simpatía y sus comentarios positivos, siempre muy breves.

El placer de comer
No hay mejor manera de decirle a un hombre “te quiero”, que hacerle sus platillos favoritos y presentarle la comida en la forma más atractiva posible. Y mientras él está disfrutando de ella, una esposa inteligente puede llevar la conversación, en forma muy clara, a lo que ella disfruta tanto como él la comida.
Decir sencillamente: “A mí me gusta tanto ir al teatro, como a ti comer…” no es manipulación, ni chantaje, el intercambio es básico para el funcionamiento saludable de una relación.

El placer de ser comprendido
Tu esposo necesita tu apoyo incondicional, como tú necesitas el de él. Si se lo brindas escuchándolo con atención, mostrando tu lealtad, apoyando sus decisiones, absteniéndote de la crítica, él hará algo similar cuando tú necesites y pidas su ayuda.

El placer de sentirse importante
Todos los seres humanos somos vanidosos y egoístas. Es muy bueno para las relaciones armoniosas apoyar estas características en la pareja. Haz que tu marido se sienta el hombre más inteligente, más apuesto, más triunfador y más eficiente del universo… ¡y tendrás no sólo un marido feliz, sino un marido que te considerará la mujer más inteligente y bella de la tierra!

El placer de sentirse muy hombre
Debes hacerle notar que es un estupendo amante, un buen esposo, un excelente padre de familia y un hombre en toda la extensión de la palabra. El hacerlo sentir bien consigo mismo, el reafirmar su imagen viril, hará mucho más fácil para ambos mantener una buena relación en todos los niveles.

El placer de sentirse protector
Permite que él te mime, que te proteja; muéstrate orgullosa de que él te ve como un ser un poco más débil (tanto mejor si no lo eres), que necesitas de su fuerza física y moral. Ese afán de proteger a su esposa y a sus hijos suele sacar a la superficie las mejores cualidades de un hombre. Y eso, después de todo, es en bien de todos.
Así que… trata de proporcionar a tu esposo todos los placeres que hemos mencionado. Descubrirás, al hacerlo, que él es el hombre maravilloso con quien siempre soñaste.

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