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Me gusto tal y como soy

Aceptar que nos sentimos cómodos con la persona que somos, socialmente puede ser mal visto y de inmediato podemos ser catalogados como soberbios y perder incluso, la simpatía de la gente, porque se asume que esa actitud responde a un deseo de sobresalir y demostrar que se es mejor que otras personas.

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La realidad debería ser muy distinta, porque el hecho de reconocer nuestras capacidades y características positivas serviría para fortalecer la autoestima, estar abiertos para descubrir en qué otros campos somos habilidosos, estar conscientes de las áreas de oportunidad y también aprender a reconocer en los demás lo que los hace especiales sin experimentar incomodidad por ello.

Rosemary Altea, autora del libro El orgullo del espíritu, Editorial Zeta, afirma que posiblemente hemos aprendido a darnos a los demás, pero que amarnos resulta vanidoso, egoísta y hasta sinvergüenza, “sin embargo, si aprendemos a gustarnos  es porque nos hemos atrevido a volvernos mejores seres humanos. Aprender a darnos a nosotros mismos es comprender la necesidad de amor propio que tiene nuestro yo”.

Encontrar el punto medio

La autora sugiere que debemos vernos con plena justicia, sin alardear de las cualidades que poseemos ni tampoco negar que existen. Y afirma que la tendencia que tenemos a engrandecer los errores o defectos llegando incluso a auto ofendernos, lejos de hacernos parecer humildes, nos convierte en enemigos de nosotros mismos.

¿Qué queda por hacer?

Indudablemente vernos con una mirada de justicia, hacernos conocedores de lo mejor que poseemos y canalizar esas bondades para compartirlas con los demás. De nada sirve la falsa humildad de las celebrities cuando se les pregunta su secreto para lucir espectaculares si su respuesta es por demás estudiada: “no tengo secretos, soy fan de la pizza y la pasta, pero la naturaleza me favoreció con este cuerpo”. Si por el contrario, reconocieran que su figura es el resultados de su disciplina y esfuerzo, no solamente se harían justicia a sí mismas, también serían inspiración para que otras personas buscaran un bienestar real, lejos de la cirugía y los trastornos alimentarios.

Reconocernos en todos nuestros matices es el principio para sentirnos cómodos con la persona que somos, no porque nos conformemos, sino debido a que estamos dispuestos a darnos esos retoques que ayuden a transformarnos en el ser integral en que deseamos convertirnos: orgullosos y conocedores de lo bueno que nos rodea.

Para leer

  • Tus zonas erróneas

Wayne W. Byer

Debolsillo

  • En busca de la autoestima perdida

Aquilino Polaino

Editorial Desclee de Brouwer.

“Conocerte a ti mismo, esculpe tu carácter”

 

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