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¡Música para tu bebé!

El ritmo es parte de la vida. Estamos en contacto con él aun antes de nacer: el primer sonido que escuchó tu hijo fue el de tu propio corazón cuando estaba en tu vientre. Ahora, seguramente has notado que tu canto tiene cierto impacto en tu bebé: a veces lo tranquiliza y otras lo hace sonreír, y sin duda es su música favorita. Se sabe que los recién nacidos tienen preferencias musicales y disfrutan al escuchar a Mozart y Vivaldi; por el contrario, se sobresaltan con algunas composiciones de Chopin. Lo cierto es que los niños disfrutan de la música desde edades muy tempranas, y conviene aprovechar todos los beneficios que aporta.

Historia musical del bebé
• Al nacer, el bebé puede identificar ritmos generales y melodías, así como el sonido de su lengua materna.

• A los dos meses puede imitar el tono y el volumen de los cantos de mamá.

• A los cuatro meses puede llevar el ritmo espontáneamente.

• Entre los nueve y los 12 meses comienza a balbucear melódicamente. Canta sílabas como da-da o da-dum, da-dum.

• Hasta los tres años, el niño escucha y disfruta la música con todo su cuerpo. Cuando le cantas o escucha una canción, mueve los pies, baila o aplaude.

Partitura cerebral
Estudios en neurofisiología han revelado que escuchar música contribuye al desarrollo de los hemisferios cerebrales y de las conexiones entre ellos. En la mayoría de nosotros, el hemisferio cerebral derecho relacionado con las emociones y la creatividad es el que se pone en actividad al escuchar música. Percibimos una canción o pieza musical como una unidad, sin analizarla. El lenguaje y las matemáticas, por su parte, se procesan en el hemisferio izquierdo, que es el que tiene que ver con el razonamiento. Se ha encontrado que, a diferencia del común de los individuos, los músicos profesionales procesan las melodías con el hemisferio izquierdo, ya que necesitan analizar las notas, los tiempos y los ritmos.

Arrullo mental
Los neurofisiólogos también han encontrado que al escuchar música, las ondas de actividad cerebral se cambian a ondas alfa, que son las mismas que el cerebro produce en un estado de relajación profunda. Cuando intentamos resolver un problema o analizar una situación, las ondas del cerebro son beta. De esta manera puede verse que las canciones de cuna, que siempre han funcionado para arrullar a los pequeños, tienen su base científica, pues producen ondas cerebrales alfa y, por tanto, inducen el sueño.

Musicalmente inteligentes
Gracias al psicólogo Howard Gardner, creador de la teoría de las inteligencias múltiples, sabemos que no sólo existe la inteligencia ligada a la lógica o a las matemáticas, sino que hay otras inteligencias relacionadas con otras habilidades. Así, están la inteligencia emocional, la lingüística y, entre muchas más, la musical. Todos la tenemos, pero en algunos niños este tipo de inteligencia es el más notable y es conveniente que los padres lo sepan para que conviertan la música en una herramienta de aprendizaje. Algunos rasgos que caracterizan a los niños con inteligencia musical desarrollada:
• Recuerdan con facilidad las melodías de las canciones.

• Pueden tocar un instrumento musical o hacen música espontáneamente con su cuerpo, sus juguetes, las ollas de la cocina.

• Cantan canciones para ellos mismos, en cualquier circunstancia, como al bañarlos o mientras se les viste o peina.

• Llevan espontánea y naturalmente el ritmo de las canciones.

Si tu hijo es así, aprenderá a leer más rápido y mejor si lo hace con rimas o poemas. La música será su gran aliada en el aprendizaje y todo a lo que le pongas ritmo o melodía lo aprenderá fácilmente.

Niños atentos
Quizá tu bebé sea aún muy pequeño para el desarrollo de habilidades cognitivas avanzadas, pero conviene que sepas que la música favorece la concentración. Así que cuando esté en edad de hacer la tarea podrías recurrir a melodías de Haydn, Bach, Vivaldi, Beethoven o Mozart para alentar su actividad mental. Por el contrario, el reggae o el rock difícilmente fomentarán el aprendizaje, pues su ritmo y sonido exigen la atención completa del niño y no permiten que éste se concentre en otra cosa. Ten en cuenta que la música a todo volumen, al mezclarse con otros estímulos se convierte en ruido y esto no permite poner atención. La música clásica, especialmente la barroca con ritmo lento y cadencioso, relaja físicamente, al tiempo que favorece la concentración.

La vida es mejor cantando
Tú y los tuyos pueden disfrutar más si viven con música. ¡Intégrenla a sus días!
• Canten juntos en actividades cotidianas, como la hora del baño.

• Acudan a conciertos de música infantil. Comenta con tus hijos qué les gustó para ir conociendo su preferencia en cuanto a ritmos. Es muy recomendable ir a conciertos de música clásica especiales para niños, pues se suele ofrecer información acerca de los instrumentos o de las piezas que se interpretarán.

• Creen sus propios instrumentos: un par de envases pequeños de yoghurt rellenados con arena o azúcar sirven como maracas, al igual que una lata de refresco con clips o un vaso de plástico con lentejas.

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