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Organiza tu armario

Stockbyte/George Doyle/ThinkstockPremeditadamente utilizo la palabra armario, que nos da un concepto de otros tiempos; en la añoranza del pasado tal vez pudiese haber puesto ropero, como la canción tierna de Gabilondo Soler, Cri Crí, “Toma la llave abuelita y enséñame tu ropero”. Segura estoy que en estos momentos, tanto la melodía como sus palabras acuden súbitamente a tu mente. En el lenguaje práctico de la actualidad, hablaríamos de clóset o de vestidor.

Recuerda cuándo fue la última vez que hiciste una “limpieza a fondo” de este espacio; si haces un poco de memoria, estará empatada con situaciones que suponen eso que en física muchos conocen como “quiebres”.
Esta condición se da cuando en algún aspecto de nuestra vida, los caminos se dividen, se presentan alternativas diferentes que son excluyentes entre sí, nos obligan a decidir, a optar por algo distinto y que sacude los cimientos de eso que te he descrito como: “la zona de confort”.

Nuestras vidas están llenas, a plenitud en muchos casos, de un sinnúmero de ideas que constituyen un bagaje, la mayoría de las veces limitante; creencias que casi sin discernir hemos hecho nuestras a través del tiempo. Si revisamos con detalle, nos sorprenderemos al saber que casi todas nos son ajenas, desde lo elemental hasta su presencia cotidiana, son como ropa de otra talla.

La historia personal

Nuestra historia personal nos ha llevado a dejar de cuestionar infinidad de opiniones y órdenes de valor que son en el lenguaje matemático, como si fueran axiomas. La definición de esto es una verdad cuya comprobación es innecesaria.

El conflicto esencial es que van tomando carta de naturalización y moldeando, tanto nuestro criterio como las situaciones que enfrentamos en la vida; en esta metáfora de armario y ropa, es como si nuestro atuendo fuera de finales del siglo XIX, sin que su estilo haya sido lanzado como moda actual nuevamente y ni siquiera de nuestro tamaño; más aún, la tonalidad disgusta, huele a naftalina, esas bolitas blancas que nuestras abuelas y bisabuelas disponían junto a la ropa guardada o de temporada; la tela también está desgastada.

La educación formal nos fue quitando la inquietud y la creatividad; la transformó en espacios adquiridos que a fuerza de repetirse acríticamente, asumimos como verdades. Una mentira repetida varias veces llega a ser una verdad.

Actuar en automático

Muchas son las voces que desde hace tiempo califican de ineficiente al esquema educativo generado a principios del siglo antepasado y que fundamentalmente perdura hasta hoy. El proceso de aprendizaje basado en la memoria, en ese “repetir como perico”, decimos en México, fechas, datos, personajes cual si fueran las tablas de multiplicar; hoy, como adultos, cada vez recordamos menos los detalles, la fecha exacta y la hora de alguna batalla que estudiamos en historia, del nacimiento de algún héroe o de complicados vocablos del estudio de la gramática, por cierto, sus definiciones han cambiado de nombre.

Los trastos del armario, nuestro comportamiento hacia ellos, es equivalente a nuestra propia “tabla del 5”; inconscientemente repetimos 25 cuando la pregunta es 5×5; la respuesta viene en automático, dejaron de estar presentes ese “5 veces 5” o las propiedades de un conjunto de números, lo que subyace; el “cómo” los maestros nos explicaban el significado lógico de multiplicar. Ocurre lo mismo cuando juzgamos hechos y circunstancias o cuando la ropa en desuso o rota permanece en el clóset.
BananaStock/Thinkstock
Algunas veces hemos experimentado conductas y reacciones de nuestra propia vida que nos han llevado a una reflexión abrupta: “¿Por qué estoy haciendo esto?”. Me refiero a algo distinto al retroceso, muchas veces experimentado, que implica retomar todas esas creencias limitantes para encapsularnos más, con miedo a enfrentar nuestro presente; la conciencia es cuando descubrimos que ciertos actos y opiniones son efectuados con fundamentos distintos a nosotros sin reconsideración alguna.

Elige una ruta

Nada perdura para siempre, es una verdad absoluta; en el lenguaje popular mexicano decimos: “A cada capillita le llega su fiestecita”. En algún momento de nuestro viaje vivencial nos confrontaremos con nuestras decisiones, con nuestro presente y con esas razones que motivaron la elección de rutas.

El secreto es tomar conciencia sin que ello nos lleve a ese juicio lapidario de nosotros mismos, de las personas que nos rodean y de los hechos que acontecen; evitando la tendencia natural que se enfoca en quitarnos responsabilidades y repartirlas entre todos.

Enfrentar el advenimiento de la conciencia requiere de la madurez necesaria para evaluar el qué de toda esa estructura y escala de valores es nuestro. Indubitablemente a todos nos llega, más de una vez, este instante, ahí se encuentra la oportunidad dorada de crecer.

Elimina los obstáculos

Organizar el armario, asumir que la educación informal, la de nuestro entorno, de grupo, de familia y hasta de lugar de residencia constituye algunas veces un estorbo en nuestro camino de realización y reconstrucción, es el principio de realidad deseable.

El arte de anticipar la limpieza del armario a las necesidades de transformación que irremediablemente tendremos es el punto fino del que debemos partir.

Darle cara a esta evaluación autocrítica hoy, lo hace menos pesado que hacerlo en condiciones desfavorables mañana. El famoso “cuándo” o lo que en la actualidad y en inglés se llama “timing”; hacer lo adecuado, en el momento adecuado y cuando sus resultados nos serán más favorables, aumentando los beneficios y disminuyendo, al mismo tiempo, los costos inherentes de estas situaciones complejas. Despertar a esta conciencia es evitar la enfermedad del alma, del corazón y de nuestra propia existencia.

iStockphoto/ThinkstockSana tu vida

La sanación es posible, es una obligación, es un compromiso, coloquialmente: “de eso se trata el asunto”. Ser feliz, estar en paz, es factible, lo he estudiado durante mucho tiempo, es justamente lo que persigue la ley de atracción, un cambio medular en nuestro pensamiento y en nuestra actitud, la aptitud la tenemos por el sólo hecho de existir. El autoanálisis es lo que yo llamo el viaje al interior, sin él es prácticamente imposible avanzar. En resumen, la situación puede explicarse como si un impensado día acudiéramos a una tienda de antigüedades; somos nuestro propio anticuario.

Los ingleses tienen una especial afición por la búsqueda de piezas antiguas. Los puristas de este turismo de fin de semana, los que saben, hacen una distinción que es muy pertinente: “antigüedades son las cosas finas, de marca, de época, de diseño; lo que carece de estas cualidades son simplemente, cosas viejas para arrumbar”. Así que te aconsejo que te preguntes: qué de todo ese bagaje te estorba y sólo es útil para estar guardado, porque somos incapaces de tirarlo.

Nuevos caminos

Los niños, son capaces de imaginar, de crear, de soñar, de buscar ingeniosas y a veces imposibles soluciones a las disyuntivas que la vida ofrece; ese es el juego, esa es la característica esencial del ser humano cuando las limitantes son reducidas, como en su caso.

Ser niño es nunca dejar de jugar, nunca dejar de crear; ser adulto dista mucho de sustituir el juego y la creatividad por valores adquiridos impropios que ciertamente nos obstruyen y dificultan el desarrollo y de todo lo que somos merecedores, siempre y cuando pongamos empeño y trabajo en ello.

Organizar el armario, hacer limpieza profunda, parte de un viaje hacia el interior, condición necesaria, y sacar de ese mueble, del ropero, esas pertenencias que son de alguien más, o de muchos otros, que son de colores que disgustan y talla distinta a la nuestra en estos momentos.

Organiza tu armario, quédate con lo tuyo, abre el espacio a lo nuevo, retoma la creatividad para combinar, tal vez las pocas cosas que te queden, encontrarás que jamás has usado esas prendas al mismo tiempo, que siempre tienes la oportunidad, con ingenio de verte radiante y con futuro.

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