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Palabra favorita de mamá: ¡No!

Hemera/Thinkstock“Me llamo Gabino”, decía al momento de hacer nuevas amigas en la escuela y las maestras al percatarse de esta situación, que para los otros niños pasaba como algo sin importancia, hablaron el problema con sus padres, ya que el nombre de aquella nena de tan sólo 3 años de edad era Gabriela. Durante la charla, los papás y profesora comentaron las posibles razones por la que la pequeña utilizaba otro nombre. Cuando descubrieron el motivo, quedaron atónitos y lejos de soltar una carcajada, tuvieron que reflexionar varios aspectos sobre la educación de la niña.

Es cierto que la palabra “no” puede convertirse en un gran aliado cuando se trata de evitar peligros o accidentes con los hijos, y más cuando viene acompañado de alguna acción que los pone en riesgo. También lo es, si se trata de dar una respuesta clara a una duda, poner límites y establecer parámetros de conducta, sin embargo, el abuso de esta poderosa palabrita puede meter en graves problemas tanto a los padres como a los pequeños ya que puede, si se abusa de ella, reducir oportunidades, opciones e incluso, minimizar una explicación que a la larga podría ser pie para una reflexión personal.

¿Qué pasó entonces?

A Gabriela le gustaba su nombre, no tenía alguna especie de confusión respecto a él o una predilección por otro, como a algunos chicos que les hubiera gustado llamarse de otra manera. Su situación era clara, ella era traviesa, inquieta y con unos progenitores que no comprendieron en su totalidad que un niña a los 3 años de edad, no sólo explora, también da grandes pasos en su desarrollo y crecimiento, además de contar con una energía prácticamente inagotable, por lo que lo más sencillo para ellos fue decirle “no” a todo aquello que les implicaba de su parte atención, esfuerzo o paciencia.

Así que aquella nena que gustaba de saltar del pasa manos, alzar las manos al bajar por la resbaladilla y correr como bólido al subir las escaleras, tras escuchar cientos de veces el grito de su madre que le decía: “Gaby, no Gaby, no”, terminó por convencerse que su nombre era Gabino.

Un mundo de posibilidades

Jerry Wyckoff y Barbara C. Unell, autores del libro Disciplina sin gritos ni palmadas, de Editorial Norma, explican que es importante que los padres aprendan a utilizar este monosílabo sin abuso, ya que los hijos la aprenderán de la forma en la que ellos la usan, además, si se dice de modo arbitrario el ambiente en el hogar estará afectado y lleno de negatividad, ya que reinará un clima de prohibición.

Aquí, tres recomendaciones que los autores comparten para aplicarlo de manera correcta:
1.    Transforma el “no” en otra cosa, es decir, usa palabras como “detente” para evitar que el niño siga haciendo algo con lo que no estás conforme.
2.    Enseña a tu hijo a decir sí, elogiar las respuestas positivas de los bebés ayudará a que tenga una actitud más positiva.
3.    Deja pasar la temporada del “no”, es normal en el desarrollo que los preescolares la usen con mucha frecuencia, así que pasará pronto.

Una recomendación más; es de mucha utilidad articular las preguntas de modo que la respuesta sean cantidades, cifras o medidas y de esta forma, el multicitado “no” queda fuera de las opciones de respuesta. Por ejemplo, ¿cuánto quieres que te sirva de leche? en vez de ¿quieres leche? por lo que el crío dirá poca o mucha.

Para la mamá de Gabriela fue una clara llamada de atención sobre cómo estaba manejando la comunicación con su hija y para su papá, una muestra de lo poco involucrado que estaba en su educación, además, ambos se percataron que lejos de hacer un esfuerzo para que la nena entendiera algunos peligros, simplemente, le negaban la oportunidad de recibir una explicación y le prohibían hacerlo. Al paso de los meses, aquella situación del nombre pasó a ser una anécdota que recuerdan para reflexionar sobre la educación impartida en casa.

Por medio de las palabras que los pequeños aprenden y conocen, interpretan el mundo y lo descubren, por más conozcan, será mayor la capacidad de asomarse a nuevas realidades, así como a fortalecer esa mirada inteligente y reflexiva que quienes los aman desean para ellos.

“La perseverancia es el motor del éxito”.

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