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Para qué dudar…

iStockphoto/Thinkstock¿Es la duda el principio del fracaso, o es un forma de crecer y aprender más? La duda es esto y sumando… es una y es la otra. Tenemos que madurar para conseguir una visión más grande que la que se limita a nuestros cinco sentidos, una visión mayor para alcanzar el discernimiento que nos permita elegir la duda; y no que nos asalte sin sentido, moviéndonos a los celos, a las inseguridades o a la parálisis de acción, a la que cierra la razón.

No podemos pretender tener a la duda fuera de nuestra vida, porque cuando realmente necesitemos de ella, cuando nos encontremos valorando una situación, nos vamos a enfrentar, además, a la culpabilidad de estar dudando… Entonces, mejor programa una serie de preguntas a tu propia conveniencia…

Úsala a tu favor

Por ejemplo, si tomaste una decisión, puede ser una de trabajo y la duda te asalta pero ya está hecho, ya tienes hasta tu escritorio nuevo… ¿Para qué dudar? Para nada más que para lograr un estrés que en nada va a sumar a tu decisión, por el contrario, seguramente las cosas no van a salir bien, pues estás gastando tu energía en preguntarte una y otra vez si lo que hiciste era lo correcto y no en hacer justamente esto en tu trabajo, así lo vas a afectar negativamente y terminarás diciendo: “me equivoqué en mi elección”. Yo te diría que te equivocaste usando la duda donde no te ayudó, al contrario.

Como en todo lo que pertenece a nuestra naturaleza humana, no podemos pretender que conseguimos la maestría de desaparecerlo. No por concentración mental voy a borrarme los dedos, tendría que cortármelos salvajemente con un cuchillo. Al final, sólo conseguiré tenerlos más presentes, pues aunque ya no los vea, jamás dejaré de pensarlos; menos si me los rebano, ese momento marcaría mi vida. Esto es igual, cómo pretendo que desaparezca la duda si viene intrínseca en mi humanidad, seguramente de algo debe servirme, es entonces que debes preguntarte: ¿para qué dudar?

Resuelve tus dudas

Si abrazas tus dudas en lugar de patearlas sólo para que regresen con mayor fuerza, si te sientas ante ellas y las desmenuzas, las vas a brincar con una gran facilidad, podrás negociar con ellas, no las estás negando, pretendiendo que no existen; por el contrario, estás logrando la maestría de preguntarte con valor, resolver tu pregunta y seguir adelante, estás decidiendo decidir, porque claro que puede ser también muy conveniente estar siempre dudando y así, jamás tener que responsabilizarte por hacer o dejar de hacer.

Cada decisión que tomamos significa dejar en el camino otras muchas opciones, una vez que les has dicho adiós, debes despedirlas junto con la duda que significa qué habría sido si… qué habría pasado. Nunca sabrás y no importa si te enfocas en tu elección con toda tu fe, con toda tu fuerza, porque si así vives, sin dudas que saltan una y otra vez, vivirás plenamente lo que hagas, así cuando vengan las dudas, dales su lugar y una vez que te preguntes: ¿para qué dudar?, déjalas ir.

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