Personalidad financiera

¿Te bloqueas al pensar en dinero?, ¿te reprendes por no ahorrar lo suficiente o por gastar demasiado?, ¿te preocupa tu futuro o vives al día? Detente. Todas, aun aquellas que desearíamos limitar nuestra relación con el dinero a sólo gastarlo, tenemos una personalidad financiera. Y aunque parecería que el tema de las finanzas es frío, realmente se basa en emociones. Incluso los esfuerzos más “sensatos” –como pagar la hipoteca de una casa o ahorrar para el retiro–, determinan nuestros sueños y miedos. Es importante identificar tu personalidad financiera para hacerla trabajar a tu favor.


El estilo femenino

Para las mujeres, el tema del dinero suele ser incómodo, intimidante o agobiante. Algunas, preferimos ignorarlo. Incluso, crecemos creyendo que siempre tendremos a un hombre que lo administre (ya sea una pareja, el padre, o al menos, un contador) y que no tendremos esa necesidad de involucrarnos. El beneficio de esta actitud es que al “no saber”, tampoco tomamos la responsabilidad sobre nuestras acciones. Y mientras no nos topemos con un bache en el camino (endeudamiento, descalabros financieros, divorcio o conflictos maritales), lo más posible es que no cambiemos de estilo.

 

La personalidad

Las personalidades financieras que aquí se describen son exageradas, con el fin de que identifiques fácilmente sus características y consecuencias. Recuerda: modificar hábitos es el primer paso para cambiar las conductas que te perjudican.

• La plácida

Te concentras en la estabilidad y la has logrado. Es probable que tengas una cobertura de seguros adecuada y que vivas con holgura. ¿El futuro? Seguramente estarás bien…

Desventaja: estás demasiado enfocada en tu comodidad actual. Pero si no evalúas con frialdad tu situación, es posible que pases apuros durante tus “años dorados”.

Herramienta: define si estarás lista en el momento en el que se avecinen los principales gastos de los años venideros. Si no es así, establece un plan para lograrlo, que puede tener dos líneas: incrementar los ingresos de la familia y buscar un plan de ahorro y seguros que prevean emergencias médicas, discapacidad y estudios superiores de los hijos.

La ardillita

El ahorro es tu fuerte. Buscas baratas y economizas para que tus egresos no superen tus ingresos. Ahorras cada centavo que te sobra en tu cuenta bancaria de toda la vida. ¡Muy bien! Esta tenacidad tiene beneficios, pero hay mejores maneras de aprovecharla.

Desventaja: el miedo no sólo evita que las ardillas disfruten de algunos de los placeres materiales que se merecen, sino que además las hace aferrarse a las opciones financieras menos arriesgadas. Pero ni las cuentas de ahorro ni el colchón proporcionan los mejores rendimientos.

Herramienta: aprovecha una de tus principales cualidades, la paciencia, para realizar una inversión a largo plazo en un portafolio diversificado, con lo que moderarás los riesgos sin sacrificar rendimientos. Otra opción interesante es invertir en bienes raíces. Aunque nadie te puede asegurar que una propiedad subirá de valor, un agente de bienes raíces con experiencia puede ofrecerte comparativos y datos históricos que te ayudarán a tomar una decisión informada.

La gastadora emocional

Haces compras extravagantes. Tu clóset está lleno de ropa que nunca has usado. Has sobrepasado el límite de al menos una de tus tarjetas de crédito.

Desventaja: es peligroso gastar más de lo que se gana. Las tarjetas de crédito ofrecen satisfacción a corto plazo, pero ésta no es la forma más inteligente de utilizarlas.

Herramienta: si compras para aliviar cierto tipo de vacío emocional, busca otras salidas, como el ejercicio o la amistad. Los expertos recomiendan tener un fondo de emergencia para cubrir los gastos de vida durante 6 meses (busca uno que te reporte buenos intereses). Contemplar seriamente tus finanzas no significa sacrificar las cosas buenas de la vida, pero sí vivir dentro de tus posibilidades. ¿La recompensa? Si la transmisión de tu auto revienta, no te hundirás en el endeudamiento.

La apostadora

Te gusta la adrenalina. Te sientes viva cuando arriesgas todo y juegas contra las probabilidades. Sentarte a ver tus ahorros crecer te aburriría. Si tienes algún dinero ahorrado, es porque olvidaste dónde lo habías guardado. Sabes que el que no arriesga, no gana y lo más probable es que en más de una ocasión hayas ganado.

Desventaja: la adicción al riesgo puede hacerte perderlo todo.

Herramienta: tu capacidad de arrojarte a aventuras financieras o de negocios puede resultar muy redituable. Pero no olvides establecer una red de seguridad que evite que te descalabres. Si vas a invertir, define tus límites de antemano. Para tu negocio, contrata a un administrador de confianza o integra a un socio que te haga mantener los pies en la tierra.

La inconsciente

Haces cheques sin conocer el saldo de tu chequera y sales castigada con multas por rebotes o recargos por pagos tardíos cada mes (aunque rara vez lo notas, pues no revisas tus estados de cuenta).

Desventaja: la ausencia de control.

Herramienta: la banca en-línea te permite revisar tus estados de cuenta y monitorear tus gastos día tras días. Si necesitas motivación, suma las multas por recargos y pagos tardíos de meses pasados. Verás que existen formas más agradables de emplear tu dinero. Visualízalas primero y después, hazlas realidad.

Estrategias para mejorar tus hábitos

Aquí están algunas estrategias útiles para todas las personalidades financieras:

• Edúcate. Comienza a recabar información que te ayude a tomar decisiones financieras más adecuadas.

• Utiliza herramientas tecnológicas y de organización. El sistema que más te funcione: software administrativo para el hogar, pago automatizado de servicios por medio del banco, la alarma de tu PDA para recordarte las fechas de pagos, una nota en tu agenda.

• Establece metas y objetivos. Una meta clara constituye una brújula que guiará tus decisiones.

• Busca ayuda externa. Consulta a un asesor financiero que te ayude a reducir tu nivel de deuda, a encontrar los productos bancarios e instrumentos de inversión más adecuados a tus necesidades, a desarrollar un plan financiero que incluya prepararte para la educación superior de los hijos, para tu retiro, así como un fondo de emergencias.

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