¿Podemos hablar?

El inicio en el consumo de drogas es una preocupación que embarga a cualquier padre, sobre todo si se tiene la idea de que hay sustancias de fácil acceso en la calle o en las escuelas. Y es que, según datos de la V Encuesta Nacional de Adicciones, realizada en el 2008 por el Consejo Nacional Contra las Adicciones (Conadic), en México, 43 por ciento de los jóvenes entre 12 y 25 años de edad está expuesto a las drogas. En este sentido, preocuparse no es suficiente, sino que los papás necesitan tomar acción informando a sus hijos sobre los riesgos que llevan implícitos este tipo de conductas.

Pero, ¿cuáles son los factores que conducen a un joven a iniciarse en el consumo de sustancias?

La doctora Ángeles Cruz, académica de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explica que el primer contacto puede darse por curiosidad, para ver qué se siente, por imitación, o por no resistir la influencia y presión de un consumidor cercano, que puede ser un amigo o un conocido. Si, además, al interior de la familia no existe una comunicación asertiva, el muchacho es aún más vulnerable”.

Es muy importante que en casa se hable sobre las consecuencias emocionales y de salud que una adicción puede traer, las cuales incluyen diferentes afecciones al organismo, trastornos psiquiátricos, así como otro tipo de repercusiones como son desde problemas en el rendimiento escolar, hasta llegar a la cárcel o morir por una sobredosis.

Robert Schwebel, autor del libro Cómo tratar con sus hijos el tema del alcohol y de las drogas, de Editorial Paidós, afirma que los jóvenes necesitan modelos de conductas positivos, sentirse bien consigo mismos, saber cómo divertirse y cómo enfrentar el estrés sin acudir a las drogas. Que un joven tenga esto muy claro puede que haga la diferencia cuando reciba la invitación de “probar” alguna sustancia.

Abrir el diálogo

La experta Ángeles Cruz indica que un punto clave para disminuir el consumo de drogas en jóvenes radica en lograr que ellos se den cuenta de que en sobriedad pueden disfrutar y convivir sanamente. Señala que cuando hay una buena comunicación entre padres e hijos se minimizan las conductas de riesgo: “Los papás necesitan aprender a establecer tácticas y estrategias, para entrenar a su hijo para que pueda decir no con firmeza. La apertura en la comunicación y el establecimiento de límites y normas puede ser muy favorable”.

Conforme los niños crecen, el abanico de temas que pueden ser sujetos de su interés también se amplia. Es por eso que la confianza y comunicación que pueda haber entre padres e hijos no se puede inventar de la noche a la mañana o justo antes de que la etapa de la adolescencia llegue, por lo que no hay que tener temor al hablar claramente del consumo de las drogas, por el contrario, hay que propiciar las charlas que ayuden a los padres a darles información a sus hijos, así como abrir canales de discusión para saber qué piensan.

A este respecto, Robert Schwebel afirma que el primer paso del proceso de intercambio de información consiste en preguntar ¿podemos hablar? El autor comenta que debe proponerse una plática en un clima sereno, mostrando más entusiasmo que ansiedad.
El paso de una familia cerrada a una familia en la que haya comunicación abierta lleva tiempo, por lo que es muy importante que los padres estén dispuestos a informarse, mantener la paciencia y vivo el interés de entablar puentes de comunicación que los acerquen con sus hijos. Nunca es tarde para comenzar a hablar de aquello que puede repercutir para el resto de la vida de un joven que merece tener un desarrollo sano y en plenitud.

Para saber más:

  • Cómo tratar con sus hijos el tema del alcohol y de las drogas, Editorial Paidós.
  • El consumo de drogas en México:
  • http://www.salud.gob.mx/unidades/cdi/documentos/CDM.htm
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