“¡Porque tú eres el mayor!”

Es muy común crecer escuchando esta frase, “seamos hermanos mayores o menores”. Por eso no es raro que cuando nos convertimos en mamás la repitamos.

La profesora Eva María Esparza, psicoterapeuta y académica de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), comenta que el primer hijo recibe a su llegada una enorme carga, porque representa para sus papás una extensión de sí mismos. “Sus esperanzas, expectativas y deseos de trascender se depositan en ese primer hijo, el cual suele ser sobrevaluado. Los padres piensan que tiene que ser perfecto porque si no, es como si ellos mismos fracasaran”, asegura.

El ejemplo a seguir

“Cuando me di cuenta que mi hermana siempre se portaba mejor que yo, le dije ‘Pamela, intenté ser un buen ejemplo para ti pero no puedo’”, recuerda entre risas Claudia, mamá de Paquito, de un año. “Y es que desde chicos a los mayores nos enseñan que debemos comportarnos porque nuestros hermanitos nos imitan”.

La profesora Esparza indica que con la llegada de los siguientes hijos la presión de los papás se reduce, tienen más experiencia y por lo tanto son menos aprehensivos que con el primero, además de que su atención se distribuye. “Es entonces cuando se pueden empezar a cometer algunos errores en la crianza, como ser más permisivos y menos exigentes con los hijos menores, pues por ser más pequeños se les ve más indefensos o desvalidos”.

¿Cómo podemos darnos cuenta que estamos depositando más responsabilidades de las que corresponden a nuestros hijos mayores? “Un ejemplo muy frecuente es cuando entre hermanitos se pelean. Como mamás, casi siempre le damos la razón al más chiquito sin preguntar lo que pasó. También tendemos a obligar a los mayores a compartir sus juguetes, alimentos, etcétera, con los más pequeños, sin considerar su opinión o deseos. En casos más extremos, si jugando el hermano menor se lastima, suele culparse al mayor por no haberlo cuidado correctamente”, explica la especialista.

Fabiola, la mayor de una familia de cinco hijos, comparte: “A los nueve años tuve que hacerme cargo de mis hermanos porque mi mamá tuvo que volver a trabajar. Tenía que darles de comer, ayudarles con su tarea, bañarlos, dormirlos. Pienso que es una carga muy grande para una niña de esa edad”.

Eva María Esparza coincide en que no se deben depositar las responsabilidades de los adultos en los hijos mayores. “Esto es frecuente en familias numerosas, a los hijos mayores se les encomienda el cuidado de los pequeños, de los abuelos, o cuando van creciendo se les exige una aportación económica en el hogar. Si hay alguna persona enferma en casa, también se les deja a su cargo. Todas estas son tareas que corresponden a los padres o adultos”, enfatiza.

Asimismo, la experta señala que si no se mantiene un equilibrio entre hermanos mayores y menores, se pueden generar rivalidades entre ellos, así como un trato inequitativo o preferencial que puede traer a los hijos más grandes resentimientos, ansiedad o presión hacia los más pequeños.

Consejos prácticos

¿Quieres aprender a ser más equitativa en el trato hacia tus hijos, sin importar si son mayores o menores? La profesora Esparza aporta algunas ideas:

1. “Cuida a tu hermanito”. Si bien es cierto que es bueno enseñar a los hijos el sentido de unidad y protección dentro de la familia, es indispensable ser cuidadosos con esto. “Una cosa es compartir, proteger y apoyar a los hermanos, y otra muy distinta crearles una relación de dependencia/obligación”, advierte la profesora.

2. Sé justa. Antes de castigar o regañar a tu hijo mayor porque su hermanito se quejó de que no le presta su pelota o no le convida helado, investiga las circunstancias. Dale la razón a quien la tenga. No siempre las peleas las inicia el más grande.

3.
Reparte responsabilidades. No es obligación de los más grandes ser el ejemplo, cuidar a los pequeños, a los ancianos o enfermos. Todos los hermanos, sin importar su edad, pueden y deben aportar a las obligaciones del hogar y la familia. Detecta las aptitudes de cada uno y asígnales sus tareas y obligaciones conforme a ellas.

4. Permíteles expresar de manera sana y respetuosa sus diferencias de hermanos, porque las tendrán aunque compartan la misma sangre.

Como mamá, debes ayudar a tu hijo mayor a reconocer sus propios intereses y anhelos. No privilegies los tuyos por encima de los de él. De esa forma no te sentirás decepcionada ni herida si tus expectativas no son cubiertas, ya que éstas sólo te pertenecen a ti.

bojorge@teleton.org.mx

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