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Primeros auxilios para un corazón roto

Quisiéramos que nuestros seres queridos, en especial nuestros hijos, no experimentaran ciertos dolores, pero sabemos que es inevitable. Uno de los más fuertes es cuando esos amores que los adultos consideramos tiernos e inocentes acaban rompiéndoles el corazón.

No importa si nuestros hijos e hijas apenas son niños de kínder, chicos de primaria o adolescentes que empiezan a pensar en amores eternos: sin importar las razones que hayan provocado la ruptura con el novio o novia, un rechazo siempre duele.

Ponte en su lugar
De acuerdo con Claudia Díaz, psicoterapeuta gestalt, el primer paso es el más importante: demuéstrale empatía a tus hijos. “Recuerda que alguna vez alguien te rompió el corazón. No importa la edad a la que fue: a todos nos ha pasado”, explica.

Para ayudar a tu hijo o hija, es fundamental que recuperes esa experiencia, con todos los sentimientos y emociones que viviste, y que los pongas a su servicio.

No minimizar el problema es parte importante de la empatía. Tal vez tu hija apenas está estudiando la escuela primaria, o puede ser que tu hijo haya vivido su primer noviazgo. Sabes que con el tiempo descubrirán que ni esas relaciones ni los rompimientos que les siguieron eran tan graves… ¡pero hoy, en este momento, para ellos sí lo son! Sin importar sus edades ni circunstancias, un corazón roto es un evento confrontante, explica la psicoterapeuta: “nos enfrenta a un rechazo que no siempre estamos listos para aceptar”.

¿Y qué le digo?
Recuerda cómo te sentiste cuando alguien rompió tu propio corazón, sobre todo las primeras veces. En la mayoría de los casos, la sensación inicial es la de no ser lo suficientemente bueno para la otra persona.

Tu hijo o hija empezará a concentrarse en todo lo que pudo haber hecho diferente para que esa otra persona siguiera a su lado. Y en el caso de las niñas, a partir de cierta edad, es seguro que empiecen a cuestionarse si debieron, tener relaciones sexuales con el novio que rompió con ellas. “Un rompimiento suele revelar, no tanto la relación que se tiene con la pareja, sino la relación que cada uno tiene consigo mismo”, añade Claudia Díaz. “Indica todo aquello que el chico necesita trabajar a nivel personal, en especial las inseguridades. Todo eso aflora en este tipo de situaciones”. Después de un evento así, lo primero que cualquier persona necesita recuperar es la percepción de su propio valor: cuando lo haga y se vea a sí misma con todas sus virtudes, su percepción del rompimiento pasará de “no fui lo bastante buena para él” a “él no supo ver lo maravillosa que soy”. Por eso, nunca hay que decirles a nuestros hijos lo increíbles que nos parecían sus ex novios.

Si ese chico te gustaba mucho para tu hija, no tienes por qué estárselo recordando; a menos de que quieras hacerla sentir que nunca lo mereció y que por eso la relación fracasó. Recuérdale que el “gran chico o chica” es él, nadie más, y que si él o ella lo deciden así, muy pronto encontrarán a alguien capaz de ver las virtudes que poseen.Tampoco te dediques a hablar mal del ex en cuestión: muchos jóvenes se encaprichan en defenderlos y otros, llegan pensar que “no tienen gusto” para elegir pareja, condenándose a un destino lleno de hombres o mujeres poco recomendables.

Déjalos llorar
Es muy posible que la parte más difícil para ti sea la que más beneficiará a tus hijos: deja que expresen sus emociones. A nadie nos gusta ver llorar nuestros seres queridos o notar que están furiosos con la vida misma, sobre todo cuando, en teoría, no podemos hacer nada para que se sientan mejor. Pero ese desahogo es justo lo que necesitan: las emociones deben fluir para que el cuerpo pueda recuperar su bienestar. “Si se reprime la reacción corporal-emocional”, afirma la psicoterapeuta Díaz, “los sentimientos no se procesan adecuadamente, y esto puede traducirse más tarde en enfermedades y patrones dañinos de conducta a mediano y largo plazo”, concluye.

Por supuesto, si tu hijo llegara a adoptar conductas autodestructivas, es fundamental que consulten a un psicoterapeuta que le ayude a encontrar una mejor alternativa de expresión. Sé empática y recuerda lo bien que se siente una después de una buena tarde de llanto. O, en su defecto, lo relajante que puede ser golpear un cojín cuando uno está sumamente enojada. Cada vez que tu hijo, o tu hija, quiera llorar o enfurecerse, déjalo.

Aunque creas que ofrecerle un pañuelo para que enjugue sus lágrimas, un té caliente y escucharlo, no sea de gran ayuda, para él o ella puede representar el mundo entero.

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