¿Quieres bañar a tu gato?

Algunos felinos jamás necesitarán que los bañes, pero para aquellos dueños que tienen alergias, bañar al gato ayudará a reducir los síntomas de la alergia. ¿Otras razones buenas razones para bañar a tu gato? Un grave problema de pulgas o un pleito con un zorrillo en el que el gato haya perdido… Los gatos han sido diseñados por la naturaleza para no requerir un baño y hacerlo puede ser un gran reto.

Si tú eres del tipo de personas que no tienes el tiempo –o el valor– para manejar a un agreste gato mojado, sería mejor que lo lleves a un servicio profesional de baño de mascotas.

Pero si has decidido emprender esta aventura, debes saber que mientras más joven comiences a bañar a tu gato, más pronto se acostumbrará al baño y se reducirán las probabilidades de que entre en pánico en la tina. Estas son algunas de las cosas que necesitarás para llevar a cabo la tarea: una tina, toalla limpia, shampoo y acondicionador para gato, bolas de algodón, cepillo o peine para gato y, por supuesto, el gato… (algunas veces éste es lo más difícil de conseguir).

Actúa como si nada…

Mientras te alistas para realizar la maniobra, trata de ser lo menos sospechosa posible. Los gatos son muy perceptivos y tienden a esconderse. Cuando todo esté listo, limpia primero las orejas del gato y verifica cualquier síntoma de infecciones o parásitos. Cepilla suavemente para eliminar el exceso de pelo muerto. Aprovecha este momento para revisar que tu gato no tenga ningún problema en la piel como serían heridas que puedan infectarse, irritaciones o pulgas. Por lo general este proceso los tranquiliza.

Al agua gatos con sus zapatos…

Ya es momento de meterlo al agua. Algunas personas han podido comprobar –muy a su pesar– que los gatos prefieren el agua tibia; además, el agua caliente puede resecar la piel del felino. Procura que el agua llegue al límite de la panza del animalito. Por su naturaleza, no es recomendable retener al gato por la fuerza. Es mejor tratar de convencerlo con voz suave y bloquearle las salidas hasta que el gato se tranquilice.

Es importante que el agua no le entre a los oídos ya que se podría propiciar una infección; para ello, coloca las bolitas de algodón que protejan las orejas del gato. Moja sólo el cuerpo. No la cabeza. No utilices regaderas, esto tiende a espantarlos, prefiere una esponja para ir mojando suavemente el cuerpo del felino. Da masaje con el shampoo por todo el cuerpo; enjuaga varias veces para eliminar el jabón pues cualquier residuo podría irritar o resecar la piel del animalito. También, puedes aplicar el acondicionador. Sigue las instrucciones de la etiqueta y enjuaga exhaustivamente de nuevo.

Y… ¿luego?

Retira el exceso de agua antes de sacar al gato de la tina. En ese momento, necesitarás la toalla para secarlo. No lo frotes. Permite que la toalla absorba la mayor cantidad de agua, después permite que el gato se sacuda y se seque por sí solo. No lo seques con secadora. Además de asustarlo, podrías quemarlo seriamente. La piel de estos animales es muy fina y sensible, por lo que no soportaría el calor.

Una vez que termines con esta aventura, no olvides recompensar a tu gato con un premio y muuuuuchas caricias. Con ello le dirás que lo quieres y evitarás, en la medida de lo posible, que el gato te guarde rencor.
Sólo me queda decir: Buena suerte…

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