Reflexiona antes de actuar

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Cuando el actor Charlie Sheen, protagonista de la serie norteamericana “Two and a Half men” estaba en la cumbre de su carrera, tuvo un momento de locura cuando se enteró de la posibilidad de que sus productores suspendieran temporalmente el exitoso programa. De inmediato, los criticó severamente y hasta amenazó con demandar a la cadena televisiva si no le aumentaban el sueldo. Su acto tuvo serias consecuencias: fue despedido de manera inmediata, y éste fue el inicio de una temporada de mucha insatisfacción, escándalos e inestabilidad para el talentoso actor.

Puede ser discutible el hecho de que si tuvo o no razón en su protesta, lo que es incuestionable es la forma en que enfrentó la situación y que se traduce en la ausencia completa de una falta de reflexión. Se dejó llevar por un primer impulso, en lugar de reflexionar y buscar un camino de solución que hubiera beneficiado a todos.

Este caso ejemplifica la forma en que puede afectar el hecho de no hacer un alto para pensar en todo aquello que tiene impacto positivo o negativo en nuestra vida, y sí dejarnos llevar por un impulso que puede terminar con una buena racha en tiempo récord.

Sin embargo, no es sólo en este tipo de episodios cuando resulta necesario brindarnos espacio para la reflexión. Es también la oportunidad de comprender cómo funciona la vida, las razones por las que una persona o uno mismo actúa de tal o cual manera y sobre todo, explicarnos la existencia en todas sus manifestaciones.

Un derecho divino

“La capacidad de reflexionar es algo que todos debemos poner en práctica y no esperar a que acontezca un hecho en particular que nos sacuda como la muerte de un ser querido o una pérdida importante, generalmente es en estos momentos a los que les colgamos la etiqueta de dignos de reflexión, sin embargo, también es un camino para potencializar lo que nos hace felices, valorar y disfrutarlo completamente”, dice la psicóloga Lilia Joya, catedrática de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Si analizamos un poco las consecuencias de cada uno de nuestros actos, los eventos desafortunados e incluso los momentos de profunda felicidad, concluiríamos que de haber pensado un poco más en cada una de las respuestas que dimos, hubiéramos tenido mejores respuestas aún cuando las cosas no se dieran tal y como estaban planteadas.

El problema dice la especialista, es que estamos acostumbradas a vivir a toda prisa, a responder en cuanto se presenta una situación, pues incluso está mal visto el hecho de tomar tiempo para reflexionar. Un reproche que nos acompaña continuamente cuando no estamos convencidas de tomar alguna decisión, es el de “no lo pienses tanto, después por eso no se concretan las cosas”. Lo cierto es que no hay nada mejor como darse la oportunidad de optar por lo que ha hemos estudiado en función de si es lo adecuado para uno o es valioso esperar otra oportunidad, y hasta planear cada palabra de lo que habremos de expresar. Después de todo es velar por la propia tranquilidad y felicidad.

¿Tomarse la vida en serio?

Pensar no tiene que verse como una carga insostenible que nos asoma a un mundo oscuro o de gran dificultad, sino como una capacidad que invita a maravillarse de todo lo que nos rodea, que nos hace responsables de las decisiones que tomamos y de la forma en que actuamos.

La reflexión implica conocerse a una misma y de cómo concebimos la existencia, además nos compromete a buscar los caminos necesarios para ajustar la vida al proyecto que uno ha visualizado. Cuando deseamos, por ejemplo, tener una pareja imaginamos al tipo de persona con la que quisiéramos acompañarnos, pero no se limita solamente a crear al príncipe azul, también nos obliga a centrarnos en con qué perfil de mujer estaría esperando contactar.

“Es enriquecedor poner en práctica la reflexión, todos somos filósofos y podemos tomar la vida no con seriedad sino con la responsabilidad que tenemos de ser felices, de procurar nuestro bienestar y actuar con inteligencia. Al hacerlo descubrimos el significado de muchas cosas que nos interesan, nos volvemos más empáticos y por paradójico que parezca a partir de la reflexión podemos llevarnos la vida más ligera, hacerla más disfrutable y sin menos conflictos”, concluye la experta.

“La perseverancia es el motor del éxito”

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