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La muerte y sus enigmas, ¿realmente entendemos el enigma de la muerte?

Claudia Rodríguez Acosta, Psicoanalista

Se dice que los niños no comprenden la muerte, que no alcanzan a dimensionar lo que significa, ellos dan explicaciones de acuerdo a su edad de aquello que pasa cuando alguien no está más. Tal vez no la comprendan, pero es un hecho que ante una pérdida, sobretodo de alguien muy cercano, ellos también sufren mucho, incluso cuando no lo puedan decir.

Habría que pensar si solamente los más pequeños no la entienden o más bien nadie lo hace. A pesar de las diferentes creencias, leyendas y estudios que hay sobre este tema, en realidad sigue siendo un enigma. Durante la adolescencia y adultez, la muerte cobra un nuevo significado, ya que se toma conciencia de la propia mortalidad, vienen reacciones de angustia, tristeza e impotencia que son mitigadas con las creencias, rituales y fe de cada quien.

La muerte empieza a ser temida y respetada porque sabemos que es invencible y es para todos. A pesar de que pasamos una vida tratando de evitarla, ella está presente todo el tiempo. Nos acompaña desde que nacemos, está presente en cada despedida y en cada nacimiento, acompaña a todos los cambios que sufrimos e incluso es parte de los mecanismos biológicos de regeneración celular. Estamos acostumbrados a separar muerte y vida, sin embargo, siempre están juntas, una posibilita la existencia de la otra. Quizás entonces, no sea tan mala, ni esté tan lejos, simplemente es preferible y tranquilizador hacer como que la podemos controlar. Por eso la celebramos, rindiendo un homenaje a los muertos, pensando que es posible que regresen y nos acompañen aunque sea por un momento.

Nadie sabe si en verdad todos aquellos que ya no están, puedan volver, lo poco que sabemos sobre la muerte es que implica una pérdida a veces muy difícil. En algunos casos, la fe no basta para mitigar el dolor, porque una muerte, sobre todo si es inesperada, está rodeada de reclamos, enojo, tristeza y mucha impotencia por no poder cambiar lo inevitable. También, alrededor de la muerte pueden aparecer reacciones de culpa por no haber hecho algo diferente, por no haber sido suficientemente “bueno” o por no haber aprovechado suficiente el tiempo perdido.

Lo que toca hacer frente a la muerte es un proceso de duelo, cada quien lo hace a su manera y a su tiempo, es un proceso inevitable que todos tendremos que enfrentar tarde o temprano. Cuando no se pude hacer un duelo o cuando alguien se atora en él, hay una imposibilidad para aceptar la pérdida, ya sea que se niegue o que se sufra igual que el primer día. En esos momentos es necesario un acompañamiento profesional, ya que estas reacciones no sólo merman la calidad de vida de quien las padece, sino que afectan también a las personas de alrededor.

 

Contrariamente, cuando se logra hacer, se puede aceptar la pérdida, se puede tolerar la tristeza y el dolor y es entonces cuando se accede a algo más, el duelo nos permite reconectarnos con la vida, de un modo diferente pero siempre vital.

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