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¿Te dedicas a lo que te gusta?

Hemera/ThinkstockNos informa la Organización Internacional del Trabajo con sede en Ginebra, Suiza, que en los países occidentales, el 62% de quienes trabajan, lo hace en cosas distintas de las que estudiaron. Y están hablando de los que estudiaron, de los que sólo se conformaron con soñar –la mayoría de la gente– estaríamos hablando de que sólo una privilegiada minoría hace lo que originalmente pensó hacer.

Pero no es una tragedia. Depende de que tú quieras ser feliz y sentir que tu chamba es lo máximo. Se puede. Y si no es, incluso en una crisis, hay formas de encontrar la felicidad laboral de varias formas.

Ama lo que tienes

“Si no tienes lo que amas, ama lo que tienes”, las abuelitas lo decían muy convencidas. ¿Recuerdas que había pocos trabajos para mujeres? Ellas tenían que sentirse felices de tener trabajo ¡de lo que fuera! Y no me digas que no se parece mucho a la situación actual. Muchos estudiantes de Humanidades con 9.9 de promedio tienen que aterrizar en una oficina que les exige manejar ventas; muchas estudiantes de 10 en Ciencias encuentran trabajo –¡cuando lo encuentran!– como profesoras en un colegio particular. Llorar o resignarse no es la cosa. Es sacarle partido y aprender de qué se trata esa área de trabajo en particular y qué aspectos de él que te interesan más y que por el momento no te son accesibles, podrían estar disponibles para ti.

Mientras ese momento llega, encaríñate con alguna compañera o compañero. Detecta un aspecto del trabajo que es más afín a ti que otros. Busca la satisfacción que puede darte incrementar ventas –si eso se requiere de ti– o lograr clientes, aunque tus estudios no hayan sido de mercadotecnia. Puede ser un reto mayor cumplir altas metas en una disciplina que no es la tuya que alcanzarlas en un área que te gusta.



Ventas… ¡qué flojera!

Hoy, en plena crisis, de la poca oferta de chamba que hay, la mayoría tiene que ver con ventas. ¡Qué flojera! Pensarás. Todos lo hemos pensado alguna vez y las hemos desdeñado o simplemente evitado. “No es lo mío”, puedes decirme con toda razón.

Si es ése el caso, entonces te pediría que meditaras lo que dice el Sr. Marcus, uno de los dueños de la tienda Neiman Marcus de Estados Unidos, una de las más famosas del mundo. Él escribió un best-seller que se llama “Minding the Store” 
(o sea, “Cuidando la Tienda”). 
Ahí nos cuenta cómo fue que él, un aplicado estudiante de Humanidades, acabó de tendero, (¡algo que no se le antojaba!) y posteriormente de millonario. 
Uno de los conceptos más notables que maneja es decir “¡Pobre de aquél o aquélla que nunca ha tenido que trabajar en ventas!”. Sostiene que aprender a vender nos hace más capaces en todo lo que hacemos. Personas más sencillas y flexibles.

Los ejemplos de los famosos

Hay un sinfín de personajes conocidos que empezaron su vida profesional (científica o artística) haciendo algo que no querían. Y que luego se volvieron famosos precisamente en esa disciplina desarrollada involuntariamente.

Los ejemplos sobran: van desde un Chaplin, que soñaba con ser escritor y que entró a trabajar en un espectáculo de vodevil porque en su casa se morían de hambre. Finalmente, además de actor famoso, acabó siendo ¡escritor de sus propios guiones! Como él quería, pero por un pequeño “atajo” que no sospechaba… También podríamos hablar de Virginia Woolf que en sus fantasías soñaba con bailar. Se hizo famosa como escritora y supongo que ya como creadora, podría haber convertido a cualquiera de sus personajes en bailarina. ¡Con el éxito que alcanzó, todo habría sido posible!

Depende de que tú quieras ser feliz y sentir que tu chamba es lo máximo. 
Se puede. Y si no es, incluso en una crisis, hay formas de encontrar la felicidad laboral de varias formas.

Pensar que es un mientras

Antes las mujeres trabajaban en algo que en broma se llamaba “MMC” 
o sea, “Mientras Me Caso”. Les daba igual cualquier chamba, porque al fin y al cabo iba a llegar el príncipe azul a rescatarlas de esa monotonía. Hoy el trabajo es “MEI” o sea, “Mientras Encuentro el Ideal”. Pero recuerda que la medida de la infelicidad es equivalente a la distancia que separa la realidad del ideal. Sólo tú puedes condenarte o salvarte de la infelicidad que causa sentirte lejos de tu ideal. La realidad no es cambiable a corto plazo; el ideal, sí. Busca en tu trabajo actual lo bueno que tiene y piensa que igual te permite aprender algo nuevo que quizá te abra más puertas que aquel que idealizaste.

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