Terapias de relajación, ¡fáciles y rápidas!

Aunque la tecnología avanza cada día, nuestro cuerpo sigue siendo igual que hace muchos, muchos siglos. Los científicos dicen que originalmente fuimos diseñados para responder con prontitud ante las amenazas que abundaban en la lejana época cavernícola. Por ejemplo, frente al peligro inminente de un ataque animal o un derrumbe, el cuerpo de nuestros ancestros entraba en estado de alerta y se alistaba de inmediato para “atacar o huir”… y lo mismo sigue ocurriendo hoy.

Cuidado con estar siempre en tensión
En una situación tensionante o que consideramos de riesgo, en cuestión de segundos el cuerpo libera, entre otras, estas sustancias químicas:
• Endorfinas: tienen efecto anestésico, para calmar un posible dolor.
• Adrenalina: acelera el ritmo cardiaco y hace que la sangre se retire de los órganos menos importantes y se vaya hacia el cerebro y los músculos… para escapar.
• Ácido láctico: hace que estemos listas para saltar o correr.
• Cortisol: es la llamada hormona del estrés, que envía azúcar al torrente sanguíneo para darnos una energía instantánea
• Testosterona: nos asegura fuerza y resistencia ante un esfuerzo sostenido.

Cuando el problema se ha resuelto, todo vuelve poco a poco a la normalidad. El problema es que no importa si se trata del ataque de un tigre o de un conflicto en la oficina: el cuerpo tiene la misma respuesta ante el peligro. Es decir, para el inconsciente es igual de “agresiva” una dificultad económica, la pérdida del empleo, la muerte de un ser querido y hasta un estado de euforia. Todas esas situaciones afectan nuestras emociones y son percibidas como agresores en potencia.
La respuesta fisiológica del cuerpo es útil si sólo dura unos minutos, pero cuando la vivimos por periodos largos de tiempo, el organismo lo resiente. Entonces presentamos nerviosismo, cansancio extremo, hipertensión, riesgo cardiaco o de accidentes cardiovasculares, colesterol alto, úlcera, gastritis, jaquecas y en algunos casos problemas de diabetes.

La cura: relajarte a diario
En contraste, unos minutos al día bastan para que recuperes la energía perdida, le des un respiro a tu cuerpo y a tu mente y les ayudes a entender que no tienen por qué estar en un constante modo de combate. Por fortuna, existen diversas técnicas sencillas para entrar en el anhelado estado de relax, aunque sea por algunos minutos al día. Eso te da fuerza, mejora el funcionamiento físico y mental, te hace sentirte más tranquila y ayuda a tu salud en general.

Aunque suene increíble, el primer secreto para alcanzar la relajación es darte a ti misma el permiso de descansar. Si al tomarte 20 minutos lo haces con culpabilidad, no lograrás un verdadero relajamiento. También es necesario que para empezar no pienses en nada que te preocupe. “Desconéctate” de lo que te estresa y dedícate en cuerpo y alma a descansar. Sólo así podrás dar a tu organismo –y a tu espíritu— el tiempo fuera que necesitan.

Controla tu respiración
La respiración regula todas las funciones corporales. Cuando estás en modo de “combate”, respiras rápidamente y eso significa que no te oxigenas bien.  En cambio, la terapia de relajarte a través de la respiración es eficaz y sencilla. Siéntate en el sillón más cómodo de tu casa o acuéstate en una habitación donde sepas que no serás molestada ni interrumpida. Eso significa que desconectes el teléfono y apagues el celular (seguro que nada horrible va a pasar mientras estés incomunicada). Si te es posible, pon una música sedante, que reproduzca los sonidos de la naturaleza.
Ahora, coloca ambas manos sobre tu abdomen y cierra tus ojos. Respira profundamente: siente cómo el aire penetra en tus pulmones y los expande. Luego exhala por la nariz todo el aire que puedas, hasta vaciar tus pulmones. Hazlo pausadamente, con un ritmo regular. Si tienes dificultades para concentrarte, repite mentalmente “adentro” (cuando inhales) y “afuera” (cuando exhales), o bien di “tranquila” en cada inhalación y exhalación. Hazlo durante unos 10 o 15 minutos cada día y cuando termines no te levantes aceleradamente. Descansa uno o dos minutos con los ojos abiertos y ponte en pie con lentitud. ¡Te sentirás como nueva!

Visualiza algo realmente agradable
Este método busca relajar progresivamente todo el cuerpo y contiene ciertos elementos de la meditación. Para ponerlo en práctica, busca un ambiente agradable, con luz natural o con velas. Si puedes, enciende una varita de incienso de rosas o de sándalo. Acomódate en un sillón mullido o recuéstate en tu cama con varias almohadas. No hagas el ejercicio completamente acostada porque puedes dormirte y no es el objetivo.

Empieza por visualizar una pequeña estrella brillante que sale de tu plexo solar (en el centro del pecho, a la altura del diafragma). Mira cómo la estrella flota por encima de ti, viaja hacia tus pies y va recorriendo tu cuerpo desde abajo hacia arriba, por delante y por detrás. La clave está en que cuando toca o pasa por un sitio, hace que toda la tensión desaparezca. Siente cómo se van relajando tus dedos, tus pies, tus piernas, tus glúteos y tu abdomen, tu torso y tu espalda, tus brazos, tus manos, tus hombros, tu cuello y todos los músculos de tu cara. Si no estás segura si un sitio en particular está relajado, ténsalo y vuélvelo a soltar. Aleja cualquier pensamiento negativo y piensa en cosas felices o en nada en absoluto. No dejes que tu mente divague, ni que “hable”. Si tienes dificultad para hacerlo, concéntrate en tu respiración: adentro, afuera, adentro, afuera. Cuando termines, cuenta del 1 al 5 y, como en la técnica anterior, muévete despacio para levantarte.

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