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¿Travieso o con déficit de atención?

El Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH)
es una condición en la que existen dos componentes: déficit de atención e hiperactividad-impulsividad. Pueden estar presentes ambos o sólo uno de ellos. Se le ha conocido con diversos nombres, como: daño cerebral mínimo, disfunción cerebral mínima y síndrome hiperkinético.

Radiografía del TDAH
Se piensa que hay un factor hereditario que origina una menor actividad de algunas sustancias químicas en el cerebro (llamadas neurotransmisores), especialmente la dopamina y la norepinefrina. La alteración parece estar fundamentalmente en un incremento de la recaptación (transporte) de ambos neurotransmisores, aunque también existen otras posibles causas. Uno de cada 10 a 20 niños en edad escolar padece este trastorno, que es más común entre los varones. Eso significa que en el salón de clase de cualquier colegio puede haber de uno a cuatro niños con TDAH.

Los síntomas
Si bien el diagnóstico preciso se debe efectuar en el consultorio (ya sea neurológico, psiquiátrico o psicológico), hay varias pistas en la conducta del niño que pueden hacernos sospechar que tiene TDAH: no atiende como es debido sus obligaciones en la casa o en el colegio, necesita que se le repitan las órdenes o instrucciones; tiene problemas para organizar sus actividades, a la menor dificultad abandona lo que está haciendo, extravía prendas u objetos, se distrae con cualquier estímulo o es descuidado. También hay otras conductas físicas que indican que el niño tiene hiperactividad e impulsividad: se mueve continuamente en el asiento, se levanta de él innecesariamente, está en constante actividad, necesita que se le sugiera qué hacer en sus ratos de ocio, habla excesivamente en la casa y en el colegio, tiene dificultad para esperar su turno, precipita respuestas o interrumpe las conversaciones de quienes lo rodean.

Un niño inquieto no necesariamente tiene TDAH
Como mencionamos al inicio, puede existir sólo déficit de atención, sólo hiperactividad-impulsividad o ambos. En las niñas, con más frecuencia que en los niños, puede estar presente solamente el déficit de atención. Si el niño se concentra perfectamente bien en la televisión y en los videojuegos, ¿esto descarta el TDAH? De ninguna manera. Es casi una regla que los niños con déficit de atención no tengan dificultad para concentrarse en aquello que les interesa; desafortunadamente, la mayor parte del trabajo escolar y de las obligaciones domésticas no son interesantes para ellos. Por eso es frecuente que los niños con TDAH se enfrenten a dificultades académicas como las que a continuación mencionamos: les toma más tiempo hacer las tareas escolares y requieren supervisión estrecha; se sienten insatisfechos respecto a los resultados de su esfuerzo. Asimismo, reciben llamadas de atención constantes por parte de sus padres y profesores debido a su mal comportamiento; tienen conflictos con sus compañeros de clase, sus amigos, sus hermanos, sus padres, y a menudo son rechazados por ellos. Por si fuera poco, esto les genera problemas de autoestima.

¿Qué le depara el futuro a un niño con TDAH?
Si este problema no se trata adecuadamente, o si es muy complejo o de gran severidad, se puede producir pérdida de interés en los estudios. Eso puede llevar a repetir el año escolar o a tener que cambiar de colegio (a uno de menor categoría académica o a uno especializado). Además, cuando el niño crece, sufre frustraciones en la carrera y en el trabajo; dificultades sociales y matrimoniales; riesgo de drogadicción o de delincuencia (especialmente si hay problemas de conducta).
El tratamiento
El tipo de tratamiento que se administre depende de las características del paciente, de la severidad de sus problemas y de los trastornos asociados
que presente. Generalmente se recetan medicamentos, así como terapia psicológica (para el paciente y para quienes lo rodean) de coaching, o de aprendizaje (terapia de aprendizaje o nivelación escolar).
Los medicamentos más efectivos, sin duda alguna, son los estimulantes; de ellos, el metilfenidato es el más usado en el mundo.
En la gran mayoría de los casos esta clase de fármacos mejoran significativamente el déficit de atención, la hiperactividad y la impulsividad y a menudo, también mejoran la conducta. La dosis depende de cada caso particular, pero lo más recomendable es tomar la mínima dosis necesaria. El tratamiento debe ser efectuado por un neurólogo especialista en niños.

Los fármacos

• Ritalin. Es el más conocido, tiene una efectividad de ocho horas, lo que evita que el niño tenga que tomarlo en el colegio.
• Concerta. Ofrece doce horas de efecto.
• Atomoxetina. Bloquea el transporte o recaptación de la norepinefrina, y no de la dopamina, como el metilfenidato. Es una alternativa terapéutica para quienes no puedan ser tratados con metilfenidato por algún motivo o para quienes tengan tics. Su precio es significativamente mayor y su efectividad es menor, sin embargo, su efecto se alarga todo el día.

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