Tu chamba o yo

Hemera/Thinkstock¿Qué haces cuando tu pareja dice esta frase? Analiza las opciones.

No te apaniques. Sucede más a menudo de lo que parece y tienes varias opciones antes de quebrarte. Primero respira profundo, dile que estás confundida, que no te esperabas algo así (lo cual te va a salir muy bien, porque es cierto) y pídele unos
días para reponerte, así ganas tiempo para pensar.

Contempla la situación en perspectiva, no como un drama personal, sino como el fenómeno social que es. El hombre quiere generalmente ser tu sol, tu dios, el centro de tu universo; durante siglos se aseguró de que así fuera, excluyendo a la mujer de cualquier actividad fuera de casa. Si a tu pareja le has hecho sentir que tu chamba te encanta, te da satisfacciones, te importa mucho… su frágil ego se tambalea. Lejos de intentar ser un compañero, apoyarte y estimularte en tu carrera, se siente como un pequeño niño abandonado; se rebelan dentro de él todos los demonios que lo atormentaron cuando su mamita trajo otra criatura al mundo y lo relegó; por eso reclama su derecho a volver a reinar como amo y señor de tu mundo.

Y lo segundo que tienes que hacer es evaluarlo como pareja: ¿es en general el compañero que deseas?
En un 49-51%, como en el mundo de los negocios, ¿hay más ganancia o más pérdida en tu vida de pareja?

Marido vs. Trabajo
A todos nosotros nos gusta tener una familia: regresardel trabajo al calor de un hogar; necesitamos cariño, pero también nos gusta realizarnos, convivir con otros adultos, alcanzar el éxito laboral. Pero a nosotras se nos da a escoger: una cosa o la otra. Nunca he oído que a un hombre se le pida que elija; se da por sentado que 
es su derecho tener ambas cosas: el éxito y la familia. Injusto, ¿no te parece? No existe algún mandamiento que diga “No trabajarás”. Aun el mandato bíblico de “Parirás con Dolor” no dice que eso excluye el otro trabajo.
Pero dejemos la historia y la tradición. ¿Qué escoges? Según un famoso libro de Peter Townsend, Up the Organization en inglés (algo así como “Para Subir 
en la Corporación”), para una mujer son más difíciles de encontrar las buenas chambas que los buenos maridos. ¡Y eso que lo escribió hace más de 15 años, cuando la crisis no era lo que hoy es! ¿Cuáles son tus oportunidades de crecimiento dentro de la empresa y cuáles en tu vida 
de pareja? Si estás estancada en tu chamba o en tu vida sentimental, no tienes mucho que decidir. La chamba no vale el sacrificio si no te va a permitir evolucionar; y tampoco tu pareja lo vale si lo que hace es limitarte e impedirte crecer.

Frenos y fortalezas

Visto así, el conflicto parece menor. No lo es. Porque es multifactorial. Hay una variedad de razones que pueden pesar sobre la decisión: la familia –tuya o suya–, los hijos, los ingresos que requiere tu nivel de vida, tu edad y el tiempo que llevas con tu pareja. Es obvio que no pesaría lo mismo en tu ánimo la disyuntiva si tu relación tiene poco tiempo y no hay hijos, que si tu matrimonio tiene varios años y los chicos ya opinan y pueden hacerte sentir como la mala del cuento o juzgarte débil, según el caso.
Sí hay, sin embargo, estudios que pueden ayudar a normar tu criterio. Por ejemplo, uno que demuestra lo cierto que es el viejo refrán que dice: “Donde no hay harina, todo es mohína”. El estudio demuestra que las presiones económicas que resultan de la ausencia de uno de los dos salarios que antes integraban el ingreso familiar, crea más turbulencias que tu dedicación a la chamba. Podrías ayudarte con este dato a hacer a tu pareja reflexionar lo mucho que tu salario permite un mejor nivel de vida, de educación para tus chavos, de paseos y satisfacciones para ustedes… de manera que entienda que la falta  de ese dinero va a causar turbulencias difíciles de manejar. Alega a tu favor el mal humor que te causaría estar metida en la casa y cómo eso redundaría en una mala o peor relación entre ambos.
Otro estudio demuestra que las parejas sin hijos, donde ambos trabajan, permiten a la mujer mimar más a su marido, ya que ella puede comprarle desde regalitos frecuentes hasta vacaciones o pequeños lujos como buenos vinos o cenas en el lugar de moda, o la adquisición de alguno de esos aparatitos que a los hombres les fascinan. Y también a las parejas con hijos, los ingresos de ella les alivian mucho las presiones que surgen por gastos médicos, clases especiales o vacaciones familiares. Tú puedes demostrar con ejemplos estas ventajas, mientras usas ese tiempo que pediste para reflexionar. Como los niños, los hombres saben medir la diferencia entre disfrutar ciertos gustos o que se los quiten.

No seas una mujer fácil
El tiempo para reflexionar te da una ventaja adicional: hacerle sentir a tu pareja que no vas a ceder a sus presiones a las primeras de cambio. Ya sea que decidas dejar tu trabajo o conservarlo, es importante demostrar que no vas a ser víctima fácil del chantaje.
Aun si te quedas en tu casita, vende muy caro el favor de haber tomado esa decisión y deja muy claro que no vas a prescindir de los gustos que tenías: el estilista, las buenas cremas, las reuniones con amigas y la adquisición de ropa. Porque si además de haber cedido a la presión, te conviertes en la gordita de confianza, estás perdida.
Por último, toma en cuenta la opinión de tus hijos si es que están en edad de opinar. No siempre los hijos aprecian a la mamá-sirvienta que pierde todo su prestigio porque se vuelve un mueble más de la casa. Ser incondicional 
te deja a un paso de ser nadie.

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