Tu personalidad define tu éxito

Futbolista o “teibolera”
Antes de que te empanteres por sentirte etiquetada con estas categorías, te explico a qué se debe este reto o prueba que te planteo. Dice la reconocida consultora de negocios neoyorquina, Anne Jardim,
que nosotras las mujeres no sabemos jugar en equipo.

Lamenta que, a diferencia de los varones, de niñas
no jugamos futbol o beis o algún otro que requiera apoyarse en los compañeros para ganar.
Esto no nos da la facilidad de trabajar en equipo,
de delegar, de reconocer las aptitudes de nuestros colaboradores e incluso de elegir asistentes en caso
de ser jefas.

Por su parte, Helen Gurley Brown, la ex directora de Cosmopolitan y creadora del concepto de la “chica Cosmo” que relanzó la revista en EE.UU. cuando ya estaba casi moribunda, fue depuesta de esa Dirección en buena medida por los alegatos de sus colaboradores que la acusaron de no jugar en equipo. “Ella desea brillar como el sol y no le interesan los demás planetas”, comentó uno de sus más ‘sufridos’ colaboradores a quien ella debía haberle dado más mano libre y poder de decisión por su capacidad probada y años en la revista y que, sin embargo, seguía controlado y limitado por ella. De ambos casos, surgió la reflexión que aquí te propongo.

En equipo sí, sola no
Aquí lo importante no son las consideraciones morales del término ‘teibolera’, sino los aspectos del desempeño en el trabajo. Si tú quieres que el reflector esté siempre sobre ti, que te admiren y te quieran tus colaboradores (y todo esto significa mucho más que lograr un resultado de calidad en tu empresa), te pareces más a la joven que se ‘enreda’ en un tubo, se contorsiona y se luce ella solita arriba de una mesa con las luces mostrando todos sus atractivos al público fascinado de su alrededor. No es una bailarina capaz de seguir una coreografía diseñada por otros; no es la compañera que apoya a los demás o baila en un conjunto: ella es, aunque sea por unos instantes, la reina del show. Ella solita y sus admiradores. El resto queda fuera de foco en la penumbra. Y esto en un trabajo no es lo que se busca: en una empresa, el que debe sobresalir es el resultado final; lo que cuenta es el éxito del producto o los servicios que vende, su reconocimiento en el mercado y no el nombre y el rango de la ejecutiva que lo logró.
La ejecutiva ‘futbolista’, en cambio, sabe hacer pases a sus compañeros de juego los cuales permitan que ellos anoten, aunque no sea ella quien se acredite el ‘gol’. Ella sabe estorbar al adversario para que otro jugador de su propio equipo haga la jugada magistral; sabe cuándo impedir que le anoten un gol a su equipo aunque ella no sea oficialmente la portera. Lo hace por el gusto de que su equipo salga adelante y que el conjunto de los esfuerzos de todos logre ganar el juego.

Un rasgo muy mexicano
Sobresalir individualmente no es sólo un rasgo femenino, aunque nos lo critican en especial a las mujeres que trabajamos en empresas. Es un rasgo
muy mexicano de hombres y de mujeres casi por igual.
Se dice que en los Juegos Olímpicos, México gana en clavados, en marcha, en equitación, en carreras… Deportes donde el ganador o ganadora debe el triunfo
a su propio esfuerzo y capacidad; donde no se requiere de un equipo. Y se observa que si no quedamos siquiera en cuartos de final en las Copas del Mundo es por ese deseo de destacar individualmente que hace a los jugadores mexicanos poco solidarios con su equipo y poco capaces de pasar a segundo plano para que otro anote, pero hacerlo en bien de todo el equipo.

Somos estrellitas, queremos el reflector. Tanto hombres como mujeres… es cierto.
Pero también lo es que las mujeres lo queremos un poquito más.

Ni veladas ni strippers
Tenemos razones históricas para desear el reflector. Actualmente todavía hay muchos países que exigen a sus millones de mujeres que anden por la vida vestidas como costales de papas, en un anonimato total. En 21 países musulmanes, el atuendo femenino significa taparse de pies a cabeza de una forma u otra. Muchos siglos pasaron antes de que la mujer pudiera expresarse, mostrarse ante los demás. Y ahora hay un deseo muy fuerte de protagonismo, ése que nos fue negado durante milenios. Pero entre andar velada como las musulmanas y andar casi en bikini –o menos– por la vida, hay un feliz término medio en que podemos lucirnos sin llegar a extremos. Esto es cierto en especial en el trabajo. Para que puedas hacer de verdad esta prueba, respóndete si eres capaz de dejar un trabajo importante en manos de uno o más de tus colaboradores, porque les reconoces la capacidad para sacarlo adelante tan bien o mejor que tú; analiza con mente abierta si puedes soportar que los aplausos por el desempeño de tu área se los lleve un compañero o compañera, aunque te lo deban a ti. Pregúntate qué harías si encomendaran a un grupo una misión especial dentro de tu empresa: ¿lo harías por tu cuenta en vez de integrarte como una pieza del equipo? ¿O aceptarías plenamente ser sólo una pieza del mecanismo? Si no, ¿sabes cuánta disciplina te hace falta para aprender a delegar e integrarte? Y por último, ¿has pensado cuánta libertad vas a sentir al compartir la responsabilidad y no cargarla enterita? Porque no sólo la empresa te lo va a reconocer, ¡tu propio bienestar te hablará de sus ventajas! Quitar peso innecesario a tu espalda y estrés a tu vida es algo que tu organismo –y hasta tu familia y amigos– van a agradecer.

También podría gustarte

Comentarios