Un estilo de mamá para cada generación

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En la infancia y en la adolescencia es frecuente que se manifieste la idea de no repetir actitudes en las que incurren las madres cuando de educarnos se trata; la 
frase es: “cuando yo tenga hijos no voy a hacer lo mismo que hace mi mamá”. Si bien es cierto que sí se cumple con esta sentencia llegado el momento, también lo es que de una manera natural hay una tendencia a poner en práctica muchos de los métodos que aprendimos de ella, lo cual no tendría por qué ser negativo siempre y cuando no nos olvidemos de aceptar que los tiempos cambian y requieren que nos adaptemos a ellos.

El mundo es una fuente inagotable de información y de medios que ponen a nuestro alcance los elementos necesarios para prepararnos y convertirnos en mejores madres, lo cual derrumba la idea de que nadie nos enseña a serlo, pues esto nos permite mantenernos a la vanguardia para cumplir con los retos que implica su formación.

Y si bien es cierto que es indispensable situarnos en el tiempo y estilo de vida actual, también lo es que hay reglas que no sufren alteraciones, como es el enseñar a los hijos el respeto hacia sus semejantes y a hacer un uso razonable y reflexionado de la libertad.



¿A qué nos enfrentamos?

“Hoy es frecuente escuchar a las madres quejarse de que los hijos no saben obedecer, que hacen lo que quieren y no tienen ningún control, pero esto se debe a que hay una confusión entre darles a los pequeños un lugar en la sociedad, enseñarlos a expresar sus ideas ante los adultos y reconocer que actualmente son más despiertos debido a los estímulos intelectuales que tienen; y dejar de lado que las madres deben ser las rectoras de su formación. Esto trae como consecuencia que los niños no tengan ningún tipo de control, por lo que tienen mal comportamiento y actitudes desafiantes ante cualquier persona o situación que les represente una autoridad”, afirma la especialista en psicología Mariana Rivera.

Ante este panorama, de acuerdo a la experta, es necesario que los niños y jóvenes aprendan a tener límites y a respetarlos, ellos mismos lo requieren pues esta medida les ayuda a distinguir entre el bien y el mal, a ser reflexivos, responsables y comprometidos en primer término, hacia sí mismos y como consecuencia hacia el exterior.

Los tiempos actuales representan para las madres grandes retos, los chicos ahora buscan a más temprana edad su independencia, viven situaciones que en nuestra juventud quizá no eran tan cotidianas como salir de fiesta y regresar a altas horas de la noche o pasar un fin de semana en casa de los amigos, por ejemplo. Aunque hay que estar abierta a esas posibilidades, es imprescindible que los chicos sepan que ante todo se tienen que respetar los compromisos pactados en el interior del hogar.

Comunicación y guía, van juntas

Hay un común denominador entre la mayoría de las mamás de todos los tiempos: toda acción que toman a favor de sus hijos está basada en el amor y en el legítimo deseo de hacerles un bien, aunque es cierto, a veces carecemos de la capacidad para transmitirlo de este modo, de ahí que establecer un vínculo de diálogo y clara comunicación con ellos resulta vital.

iStockphoto/Thinkstock“Los niños y jóvenes necesitan ser escuchados, atendidos y valorados, muchas de las reacciones negativas que desarrollan a lo largo de su vida están impulsadas en gran medida porque perciben una actitud de indiferencia por parte de los adultos y recurren a ellas como una manera de hacerse notar. Hay que buscar actividades de su agrado que podamos compartir, enterarnos de sus inquietudes, sus sueños y temores y brindarles un apoyo total, ya que es así como podrán sentirse confiados y dispuestos a acercarse a su mamá”, afirma la especialista.

Y en esta labor de adaptarnos a los nuevos tiempos, también es justo decir que cuando de establecer reglas se trata, los chicos necesitan conocer las razones de todo lo que les rodea, en lugar de prohibiciones. Por ejemplo, un adolescente que pide permiso para regresar de una fiesta a las 2:00 de la mañana, tendrá mayor disposición para negociar si se le explica él por qué es conveniente que llegue más temprano a casa, a que simplemente se le niegue la autorización.

¿Por qué lo digo yo?

“El que esté libre de toda culpa que arroje la primera piedra”, reza un 
pasaje bíblico, pero es casi un hecho que ninguna madre se atrevería a decir 
que jamás, ante el cuestionamiento de uno de sus hijos, ha salido por la tangente con la típica frase: Por qué lo digo yo.

¿Será que no tenemos argumentos sólidos o que simplemente nos negamos 
a asumir los retos que ofrece dar una respuesta clara y justa a nuestros hijos?

En este sentido, la psicóloga Mariana Rivera explica que para algunas madres resulta imposible expresar a sus hijos las razones reales por las que no desean conceder un permiso, comprarles algo o incluso que carecen de conocimientos para dar respuesta a alguna de las dudas que ponen sobre la mesa por lo que mejor deciden evadir las preguntas.

“Damos por sentado que al convertirnos en madres nos transformamos en seres que son dueños de la verdad absoluta, incapaces de equivocarnos, de sentir temores o de dar una negativa, pues pensamos que esto deteriora la imagen 
que los hijos tienen de nosotros. 
Pero lo cierto es que mientras más cercanos y reales nos encuentren, más identificados se sentirán. Hablar con ellos, darles elementos para discernir y respetar su lugar dentro de la familia nos ayuda a crear relaciones afectuosas sanas y prósperas con los jóvenes”, aconseja la experta.

Aunque el mundo cambia de manera radical de un momento a otro, y la tarea 
de ser madre también se ha unido a esta revolución, es una realidad que 
los elementos básicos en la formación de los hijos no sufren ninguna alteración: el amor, la comunicación, el respeto y la responsabilidad nunca pasan, ni pasarán, de moda.

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