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El primer día de clases en el kínder

Hemera/thinkstock

El primer día de clases en el kínder fue diferente para René. Mientras observaba a otros niños que lloraban y se aferraban a las piernas de su mamá, él se despidió con mucha tranquilidad y selló su compromiso con ella de que a la salida tomarían un helado, juntos. Sin más entró corriendo a la escuela.

La maestra felicitó a René por no haber llorado y formarse muy sonriente en la fila, a lo que él respondió: ¿Por qué voy a llorar? En mi casa estamos felices de que ya vengo a la escuela.

Felices en cualquier lugar

El caso de René solamente deja clara una cosa: Él ha aprendido a descubrir la vida a partir de la forma en la que lo hacen los papás. Ahora, él sabe que para crecer y estar alegres e involucrados en todos los sentidos, no siempre es necesario permanecer físicamente juntos, y tiene la confianza que ese bienestar que él experimenta es el mismo que tienen sus papás en el lugar en que se encuentren.

Ellos, los grandes observadores

Inicio de clases

Seguramente desde que su hijo se anunció, los padres estuvieron preocupados por desarrollar a su alrededor un ambiente de seguridad y cariño, con el objetivo claro de no sólo procurar su salud física, también emocional. Esta no es una tarea que termina cuando él llega al mundo, sino que a la par que lo forman para que adquiera conocimientos propios de su edad, es indispensable brindarle los elementos para que aprenda a desenvolverse en el mundo, tal y como ustedes lo sueñan: De una manera plena.

Quizá les suena familiar el refrán que dice: “Nada es verdad o mentira, todo depende del cristal con que se mira”, el cual hace referencia a la actitud con la que se afronte y resuelva la vida es la que dictará nuestro actuar. En este caso, la primera referencia que los niños tienen la reciben primeramente de ustedes, sus padres.

Elevemos su autoestima

Susanne Stöcklin-Meier, autora del libro Descubrir valores a los niños, de Editorial Oniro, sostiene que: “Las afirmaciones son sentencias que contienen un aserto personal. Al mismo tiempo son pautas mentales que reiteradas muchas veces, corroboran nuestras intenciones de tal manera que se obtenga el resultado deseado en el momento justo… El que cree en sí mismo y confía en la vida, se desenvuelve mejor en todas las situaciones”.

Esto lo pueden lograr si además de cuidar las palabras que utilizan para explicarle problemas o situaciones cotidianas, lo refuerzan con actitudes que le hagan sentir que no solamente ustedes están convencidos, ya que lo probaron y lo practican.

Cuando llega a ocurrir lo contrario, como explica la autora: “Los pensamientos negativos perjudican nuestra capacidad de amar. Pensamientos como ‘nadie me ayuda’, ‘estoy sola’, ‘nadie me quiere’, ‘voy a volverme loco’ o ‘tengo la culpa de todo’, no remedian ninguna situación. Sino que la empeoran. Los pensamientos guardan una estrecha relación con la autoestima”.

Instalados en el País del Nunca Jamás

Inicio de clases
iStockphoto/Thinkstock

En la medida en que cada uno de ustedes como padres cumpla con el compromiso de ser feliz con lo que le toca hacer, por medio del trabajo, de una vida organizada y equilibrada en tiempos, en el que el resultado sea una persona satisfecha consigo misma, estarán abonando su parte para que el proyecto familiar funcione y logren el bienestar en común.

Ángela Marulanda, autora de Sigamos creciendo con nuestros hijos, de Editorial Norma, puntualiza: “En efecto, está visto que la seguridad de los niños se fundamenta, en muy buena parte, en el hecho de percibir a sus padres como personas de quienes pueden obtener la fortaleza y orientación que necesita a lo largo de su camino hacia la madurez”.

Si duda alguna el hecho que compartan momentos de entretenimiento como la lectura, ver un programa o una película juntos, contarse chistes o platicar cómo le fue en la escuela mientras dibujan, ayudará a generarle un buen estado de ánimo, lo más importante es que su hijo los perciba lejos de un escenario emocional en donde priva la frustración y el desencanto, y por el contrario, esté seguro que ustedes, no importa el tamaño del que sea la prueba que tienen enfrente, sabrán cómo resolverla sin dejar que les domine el miedo o merme su capacidad de respuesta. Con esto lograrán la palabra felicidad no sea un lugar al que se llega las tardes de domingo cuando se acompañan de un buen helado, es una manera de vivir sin importar lo que enfrenten juntos.

 

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