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Vínculos afectivos: cómo influyen en tu bebé

El sentido del tacto es de gran importancia para el desarrollo cerebral de tu bebé; tocarlo fortalece los vínculos afectivos entre ambos, que son de vital importancia para su sano crecimiento. Cuando tocas a tu recién nacido, él percibe tu amor y esto lo beneficia. Varios estudios demuestran que este contacto contribuye a disminuir la tensión y es importante porque si tu bebé está tranquilo puede asimilar las imágenes, los sonidos, las texturas y los olores que hay a su alrededor. Entre más experiencias pueda tener tu bebé, más conexiones podrán formarse en su cerebro.

Pide ayuda… ¡no lo dejes llorar!
Si vas a regresar a trabajar, pide la ayuda de algún ser querido y manifiéstale lo importante que es para ti que no deje a tu bebé llorando. En caso de que lo lleves a una guardería, investiga si las personas a cargo tienen la formación profesional de puericultoras, cómo los atienden, qué hacen cuando lloran, si la estancia es amplia, limpia y ventilada, qué actividades realizan, aun con un recién nacido. Todo ello te dará la tranquilidad necesaria para dejar a tu bebé. Cuando tú llegues a casa, no dejes de apapacharlo. Si llora y no sabes qué más hacer, prueba con el chupón, sal a dar un paseo con él, pon música suave, ¡es posible que esto lo relaje!

Envuélvelo y acúnalo
Las abuelas solían dar consejos como: “no cargues tanto a ese niño que lo vas a echar a perder”, “si lo tienes en brazos se va a malacostumbrar y después no dejará de llorar”. ¿Te suena conocido? La realidad es que cada vez que tocas a tu bebé suavemente, se envía un mensaje a su cerebro y se realizan conexiones entre las neuronas, así que no te prives del placer de tenerlo entre tus brazos.

Cuando tu hijo llora, lo que intenta es comunicarse contigo. Un bebé no puede hablar, pero su llanto es la forma de manifestar una necesidad; por ello es importante que lo atiendas. Esta actitud repercute de forma importante cuando tu pequeño crece: le brinda seguridad, fortalece su autoestima y tiene un modelo para establecer relaciones interpersonales. Poco a poco reconocerás qué quiere tu pequeño de acuerdo con su forma de llorar: si tiene hambre, sueño, frío o deseos de estar entre tus brazos.

Durante los años 90, los niños criados en orfanatorios de Rumania eran tantos que pocas veces los cargaban. Aunque el personal a cargo les daba de comer, los cambiaba y bañaba, tenían poco contacto físico; el resultado: al crecer terminaron en las calles, otros en prisión y los que fueron adoptados con frecuencia tuvieron problemas para crear lazos emocionales sanos con sus nuevas familias. Por lo tanto, no es suficiente con atender las necesidades básicas de tu bebé. Tenerlo en tus brazos, transmitirle tu amor, es de suma importancia.

Dale un masaje
El masaje es otra forma de conectarte con tu bebé y estrechar los lazos entre ambos. Este acercamiento favorece su desarrollo emocional y sensorial. El masaje estimula la producción y el crecimiento de las hormonas del aparato digestivo; el contacto piel a piel disminuye el estrés de tu pequeño, lo ayuda a conciliar el sueño y le brinda una sensación de bienestar. Pero los beneficios van todavía más allá, pues mientras le das un masaje a tu bebé, tu cuerpo segrega oxitocina, lo que favorece los vínculos afectivos. La oxitocina es la hormona que permite al útero contraerse durante el parto y también es segregada durante la lactancia, lo que favorece que la matriz recobre su tamaño normal. Tocar a tu bebé día a día lo ayuda, pero el beneficio es mayor cuando esta acción es intencional, es decir, cuando reservas un momento para darle un masaje. Gracias a este contacto:

• Le transmites amor, confianza y bienestar a tu hijo.

• Mejora el funcionamiento de su sistema digestivo y respiratorio.

• Se favorece su desarrollo muscular.

Establece el masaje como parte de la rutina de tu bebé: dedica un tiempo después del baño, de cambiarlo o antes de dormir. Hay muchos tipos de masajes para los niños; elige el que mejor le siente al tuyo y pronto serás una experta. Sólo asegúrate de que este momento se haga cuando tu hijo no tenga hambre ni esté irritable; debe ser algo placentero para ambos.

Cántale
Otra manera de fortalecer los vínculos afectivos y jugar con tu pequeño es a través del canto. No te preocupes si crees que lo tuyo no es precisamente cantar; para tu hijo, la voz de mamá es la mejor y eso es lo que cuenta. Hay infinidad de canciones infantiles, rondas y rimas que puedes encontrar en libros, en Internet o en cds. La música calma y entretiene a los bebés; tu voz brinda a tu pequeño la seguridad de saberse amado y protegido. Al paso de los meses, estas canciones tienen un peso importante en su desa-rrollo, por ejemplo, favorecen la etapa del balbuceo, que precede al lenguaje.

• Escoge de 5 a 10 canciones infantiles y ten a la mano las letras para que puedas cantarle a tu bebé mientras lo meces, le cambias el pañal, lo bañas y en las diferentes actividades del día.

• Si lo que quieres es jugar con él, canta en un tono alegre y chasquea tus dedos al ritmo de la melodía. Si es el momento de dormirlo, carga a tu pequeño mientras lo envuelves en tus brazos y cántale suavemente, en un tono más bajo, y míralo fijamente a los ojos.

Ejercita su cuerpo
Las conexiones cerebrales que controlan el movimiento se crean durante los primeros cuatro años de vida. Las destrezas motrices básicas: voltearse, sentarse, gatear, caminar, correr, alcanzar objetos y trepar, se desarrollan con mayor facilidad durante esta etapa. Por eso es importante que dediques un tiempo para ejercitar a tu pequeño.

Acuéstalo en una superficie firme pero no dura, como la cama. Pon una manta suave y colócalo boca abajo. Pon juguetes de diferentes formas y colores llamativos a su alrededor. Deja que al principio haga sus propios movimientos; unos minutos tres veces al día son suficientes para un recién nacido. A medida que vaya creciendo y se fortalezcan los músculos del cuello, llegará a levantar la cabeza mientras permanece boca abajo. Después de unas semanas puedes alargar este tiempo. También puedes acostarte y colocarlo sobre tu vientre. Esta práctica relaja mucho a los bebés y les encanta.

Al dedicarle este tiempo, tu hijo mejorará su coordinación corporal, incrementará la fuerza de sus músculos y potencializará su flexibilidad, además de que es una forma de enseñarle que el mundo es un lugar seguro. El mejor momento para ejercitar a tu bebé es cuando esté tranquilo, no tenga hambre, ni inmediatamente después de haberlo alimentado.

Importante: nunca dejes solo a tu bebé mientras hacen ejercicio, para evitar el riesgo de que pueda ahogarse. La posición ideal para dormir es de lado; permanecer boca abajo es sólo durante el juego o el tiempo de ejercitarlo y masajearlo.

¿Sabías que…?
Los niños inician su aprendizaje desde el momento en que son concebidos en el vientre materno mediante los estímulos que reciben desde el exterior, y una vez nacidos, estos mismos estímulos permitirán que se adapten a su nueva vida y asimilen todo lo que hay en su entorno.

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