Violencia de género

¿Cuál de estas frases te suena más familiar?: “Está en sus días”, “a las mujeres no hay que entenderlas, hay que quererlas”, “ultimo, vieja”, “llora como niña” o “viene con su brujer”, no importa cuál sea la expresión más usada, todas son muestra de violencia, ya que desacreditan al género femenino, así como fortalecen el estereotipo de que una fémina es incapaz de hacer un manejo adecuado de sus emociones, por lo que se asume que todo lo que ellas dicen, es resultado de una mítica debilidad.iStockphoto/Thinkstock

En el 2010, de acuerdo al Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), 4 de cada 10 mujeres que tienen o han tenido una pareja, han sido agredidas por ésta en algún momento de su vida juntos. En este tipo de relaciones de pareja, la intimidación se puede notar de distintas maneras: Agresiones físicas o verbales, despojo material o económico, amenazas, golpes, abuso sexual, ofensas, intromisión en el espacio privado, gritos,  control del celular, entre otros.

Noemí Díaz Marroquín, catedrática de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explica que la cultura que tenemos promueve equivocadamente una actitud de obediencia y sumisión, así como la idea de no oponerse a este tipo de trato por parte del compañero sentimental. “La violencia sutil puede tener muchas manifestaciones, un empujón o una nalgada con fuerza trae una carga de agresión que se enmascara con cariño”, y agrega: “La violencia del tipo psicológico es más amplia y difícil de detectar, un ejemplo de esto son las  devaluaciones, humillaciones o una mirada de ‘cállate’”, enfatiza.

Me llamo Laura

Es muy importante estar atentos sobre la respuesta que recibe una madre, esposa, amiga o hermana al momento que da a conocer su opinión, expone sus necesidades o simplemente, comparte su sentir respecto a una situación, ya que la desacreditación o indiferencia hacia esto, es una evidencia de agresión que no está sujeta al ámbito de la pareja, y puede darse en distintos campos como son el familiar o el círculo de amigos. En la esfera laboral, se percibe con claridad si hay discriminación, menor paga o las aportaciones que una fémina brinde al centro de trabajo son consideradas con poco valor por su condición de ser mujer.

Laura trabaja en una empresa de servicios y comenta que cuando mantiene juntas con su jefe, hay dos constantes, el primero, los chistes sobre mujeres y el segundo, recibir la respuesta de “ya vas con tus panchos otra vez”, tras cada ocasión que ella le solicita hablar sobre su poco interés hacia los proyectos que desarrolla. “Es muy agresiva esta actitud y más, cuando no hay forma que él se percate que si yo me llamara Juan, seguramente trataría nuestros asuntos laborales con más seriedad; pero no es así, me llamo Laura”, afirma.

De acuerdo a cifras del INEGI, en México, cinco millones de mujeres reportaron violencia por parte de algún directivo, docente, empleado o compañero durante su vida de estudiante. Sería interminable la lista de ejemplos de agresiones que se pueden detectar de manera cotidiana: Una mirada lasciva, un comentario que las ridiculice por la presencia del ciclo menstrual, que se considere “riesgosa” la contratación de una persona debido a que puede embarazarse o “problemática”, porque necesitará algunas consideraciones por ser madre, son algunos tipos que se repiten, lamentablemente, con frecuencia.

Laura asegura que ha explicado a su jefe su percepción sobre del tratamiento que él hace de los momentos en los que expone su opinión ya que le notifica la poca seriedad que imprime en algunas circunstancias, y asegura que no ha logrado que se sensibilice sobre la situación. “Es muy complicado, ya que cuando dice chistes o algunas expresiones desfavorables sobre las mujeres, lo que comúnmente pasa es que las compañeras de  trabajo que están en la sala, se ríen sin distinguir el humor de la violencia y con esa actitud fortalecen la dinámica”, finaliza.

Hay que cambiar los “panchos” o “lloriqueos” por las palabras comunicación y desahogo, y el “freno de mano” o  “bruja”, por el nombre que lleve una mujer, quien no es “vieja” de nadie.

“La perseverancia es el motor del éxito”

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