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Violencia invisible

Todo puede empezar con una “inocente” recomendación: “Hijo, más vale que te esfuercen en conservar la beca, porque de lo contrario, nuestra economía se afectaría por tu causa”, o qué tal recordatorios como: “yo siempre me he limitado de tener lo que me gusta, pero nada importa mientras tú estés bien y tengas oportunidades”. ¿Te suenan como frases inocentes que sólo llevan la sana intención de recordarle al receptor la preocupación que existe por él?iStockphoto/Thinkstock

Aparentemente así es, por eso resulta tan complicado identificar este tipo de situaciones como violencia. En ocasiones, lo más que pueden generar es el sentimiento de hartazgo por tener que escucharlas continuamente, así como esa necesidad de cumplir con cualquier cosa que el ejecutor de tales palabras solicite, pues se siente el compromiso de no fallar al esfuerzo que esa persona ha realizado para favorecerte. Sin embargo, la realidad es muy distinta, pues se trata de un tipo de violencia disfrazada que tiene el objetivo de manipular y lastimar a quien lo recibe.

¡Pero si me estaba felicitando!

“La violencia para ser reconocida con facilidad, necesariamente va en relación al grado de lesiones o daños que causa en quien la recibe, es por eso que cuando se manifiesta a través de las palabras es prácticamente imperceptible y puede darse el caso de que se confunda con un acto de bondad o reconocimiento”, explica el doctor Hans Olvera, investigador y catedrático de la Universidad Iberoamericana.

Las consecuencias si bien no son palpables en términos de que dejen huellas físicas, sí afectan a nivel emocional, en ellas descansan muchas de las frustraciones, barreras para alcanzar objetivos o la búsqueda de llenar vacíos, pero no necesariamente de la manera adecuada.

El especialista recuerda el caso de un brillante estudiante universitario a quien todo mundo le auguraba una carrera llena de éxitos y abundancia económica. Tras graduarse inició un par de negocios que no logró afianzar y en diversas ocasiones fue despedido de empleos prometedores; para todos era inexplicable lo que ocurría, pero fue hasta después de que buscó la intervención de un psicólogo que pudo descubrir la causa de sus constantes fracasos.

“El mensaje que recibió en su hogar era de que quienes lograban el éxito económico lo hacían con base a actos deshonestos: ‘nosotros seremos pobres, pero honrados’, le repetía constantemente su madre. Inconscientemente este joven se auto saboteaba y evitaba tener ingresos económicos para cumplir con el concepto que había aprendido en su hogar. Cuando logró entender que había caminos limpios para conseguir sus objetivos, fue capaz de explotar todas sus habilidades y conocimientos, sin un sentimiento de culpabilidad”, explica el experto.

Responde a la violencia

Descubrir y entender la esencia de los mensajes verbales que recibimos por parte de quienes nos rodean, así como las intenciones que encierran sus palabras, es un primer momento para detectar la violencia invisible. Posteriormente debemos darnos a la tarea de medir el impacto que estas ideas generan en nosotros y cómo afectan la vida cotidiana. El trabajo no radica solamente en saber que nos han violentado sino a marcar los límites y las pautas acerca de cómo vamos a llevar en el futuro las relaciones, qué expresiones o actitudes van en contra de lo que pensamos y evitar que cobren valor, y más aún que alguien nos las imponga.

Sin importar de qué tipo de violencia se trate, se torna poderosa porque no solamente permitimos que se manifieste, sino que además somos presas fáciles de tomar como ciertos los insultos, las devaluaciones que se hacen de nuestra persona y hasta llegamos a creer que quien la ejerce lleva razón en su actitud pues somos quienes han fallado. Es momento de fortalecer el respeto que nos debemos a nosotros mismos y no permitir bajo ningún concepto que nadie, ni con la mejor de las intenciones nos haga creer algo que no va acorde con la persona que somos y aspiramos a convertirnos.

Para saber más
Relaciones destructivas

Jill Murray
Ediciones Obelisco

“La perseverancia es el motor del éxito”

bojorge@teleton.org.mx

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