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¡Ya come papillas!

Durante los primeros meses de vida tu hijo ha tenido la mejor alimentación: la leche materna, la cual es tan completa por sí misma que proporciona a tu hijo todos los nutrientes necesarios para un desarrollo óptimo. Sin embargo, con el paso del tiempo deberás iniciar un esquema de alimentación complementaria con la que comienza la etapa de la ablactación. Este periodo consiste en ofrecer, poco a poco al bebé, alimentos diferentes a la leche materna o la fórmula: frutas, jugos y verduras.

Un momento de disfrute

Descubrir paso a paso de la mano de tu hijo los sabores y olores de la comida, es una excelente oportunidad para que también aprendas a conocerlo, a saber qué es lo que le gusta y en qué momento prefiere consumirlo. Su primer acercamiento a los alimentos, debe ser con fruta, ya que tu pequeño está más familiarizado con los sabores dulces, lo recomendable es que prepares papillas de manzana y plátano, pues su consistencia es suave y agradable a su paladar.

Paciencia e imaginación

Algunos niños muestran gran interés por la comida de los adultos y acogen con agrado las novedades. Pero hay otros que se muestran reacios a aceptar alguna variación al menú. La regla en estos casos es no tener prisa, ya que al principio, el bebé puede mostrar rechazo a probar sólo una cucharadita de un nuevo alimento. No le insistas y mucho menos lo presiones. Deja pasar unos días y vuelve a intentarlo.

¿Comprar o preparar?

Una de las interrogantes que más atormenta a una mamá es la de decidir si dar al bebé alimentos industrializados o los que ella prepara en casa. Lo ideal es que seas tú misma quien los prepare, ya que esto permite que tu hijo se acostumbre a tu sazón y por otro lado, te involucras más con las necesidades del pequeño. Las papillas comerciales representan una excelente opción en cuanto a nutrición e higiene y puedes utilizarlas con plena confianza cuando tengas prisa, cuando salgas de viaje o simplemente cuando necesites tiempo para ti.

Conductas y alimentación

Es necesario establecer reglas en torno a los alimentos para evitar conductas que puedan repercutir en la personalidad y carácter del niño:

• La hora de la comida debe ser un momento placentero, no un castigo. Si lo obligas a comer cuando él no quiera hacerlo, difícilmente lo conseguirás.

• Cuando te dispongas a darle de comer, procura estar relajada y alegre.

• Elige un lugar cómodo y asegúrate de que el pequeño esté bien sentado.

• Si el bebé al probar el alimento gira la cabeza, se niega a abrir la boca o le produce asco, no lo obligues a comer.

• Los pequeños no deben comer con engaños.

• Permite que el niño tome los alimentos con las manos, es parte del aprendizaje.

• No lo regañes si tira o escupe la comida.

• Durante la comida se deben evitar discusiones. La mesa no es un campo de batalla. Si el pequeño asume que este momento es apropiado para pelear podrá reaccionar en forma violenta cada vez que se siente a la mesa.

• Evita hacer comentarios negativos de los alimentos, ya que harás que el niño se niegue a experimentar nuevos sabores.

• Anima al bebé a que tome la cuchara o la mamila. Tú o su papá pueden ayudarle sosteniendo los utensilios hasta que él logre hacerlo.

• No utilices a los alimentos como premios, castigos o distractores, pues al hacerlo lo único que lograrás es condicionar a que sean premiados o castigados con comida cada que hagan algo bien o algo mal. Lo peligroso de estas actitudes es que pueden subsistir hasta la etapa adulta, en la que se seguirá relacionando a los alimentos con las emociones.

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