
La palabra desnutrición suele evocar una imagen muy concreta: una persona extremadamente delgada, sin energía y con un plato vacío. Esa imagen deja fuera muchas realidades. La malnutrición incluye deficiencias, excesos y desequilibrios de energía o nutrientes; puede aparecer en la infancia, durante el embarazo, en la vejez o mientras una persona enfrenta una enfermedad. Entenderla mejor ayuda a detectar señales sin juzgar el cuerpo de nadie.
Mito 1: una persona delgada está desnutrida
Falso. La apariencia no permite saber si alguien recibe suficiente energía, proteínas, vitaminas y minerales. Hay personas delgadas con una alimentación variada y un estado nutricional adecuado. También existen personas con un peso alto que presentan anemia, deficiencia de vitaminas, pérdida de músculo o una dieta insuficiente en nutrientes.
En niñas y niños, el pediatra observa el crecimiento a lo largo del tiempo mediante peso, talla, edad y curvas de desarrollo. En una persona adulta, la pérdida de peso involuntaria, la disminución de la fuerza, los cambios en el apetito y la dificultad para comer aportan más información que una mirada. El objetivo no es que todo el mundo tenga el mismo cuerpo, sino identificar si el organismo está recibiendo lo que necesita.
Una pérdida rápida de peso, ropa que queda mucho más holgada sin proponértelo, debilidad persistente o infecciones frecuentes merecen una consulta. Esas señales pueden tener muchas causas, desde una enfermedad digestiva hasta depresión, efectos de medicamentos o una alteración de la tiroides. No confirman desnutrición por sí solas.
Mito 2: la desnutrición solo ocurre cuando falta dinero
Falso, aunque el acceso importa mucho. La inseguridad alimentaria, los ingresos bajos y la falta de alimentos frescos pueden dificultar una dieta suficiente y variada. También cuentan el acceso al agua segura, el transporte, el tiempo para cocinar y la disponibilidad de atención médica. Decir que el dinero no influye borra obstáculos reales que enfrentan muchas familias.
La desnutrición también puede aparecer cuando hay alimentos disponibles. Una enfermedad que causa dolor al tragar, mala absorción intestinal, vómitos, diarrea, demencia, depresión, un trastorno de la conducta alimentaria o un tratamiento que cambia el sabor de la comida puede reducir la ingesta. Una persona que vive sola o no puede comprar, cargar o preparar alimentos también puede estar en riesgo.
Por eso, la solución no consiste en culpar a quien come “mal” ni en recomendar alimentos caros. Los frijoles, lentejas, huevos, avena, tortillas, verduras de temporada, frutas locales y alimentos congelados o enlatados sin exceso de sodio pueden ayudar a construir comidas nutritivas. Si una familia no alcanza a cubrir sus necesidades, necesita orientación social y sanitaria, no una lección de voluntad.
Preguntar “¿puedes conseguir, preparar y comer lo que te recomendamos?” forma parte de una buena atención nutricional. La recomendación debe adaptarse a la vida real.
Mito 3: la desnutrición siempre se nota a simple vista
Falso. Algunas personas no presentan cambios evidentes, sobre todo al inicio o cuando la deficiencia es de un micronutriente específico. El cansancio, los mareos, la caída del cabello, la piel seca, las uñas frágiles o las ojeras son señales muy generales. Pueden relacionarse con falta de hierro, pero también con mal descanso, estrés, alergias, una enfermedad de la piel u otras condiciones.
En la infancia, conviene prestar atención a que el niño no gane peso o talla como se espera, pierda habilidades, se muestre inusualmente apático o tenga infecciones repetidas. En adultos y personas mayores, observa una reducción del apetito, dificultad para masticar o tragar, pérdida de fuerza, caídas, heridas que tardan en sanar o ropa que cambia de talla sin una decisión intencional.
La evaluación combina preguntas sobre la alimentación, cambios de peso, enfermedades, medicamentos, salud dental y posibilidad de comprar o preparar comida. El profesional puede hacer una exploración física y solicitar estudios según la situación. Un análisis aislado no diagnostica todos los tipos de desnutrición, y un suplemento elegido al azar puede ocultar el problema o causar efectos adversos.
Mito 4: para corregir la desnutrición basta con comer más
Falso. A veces hace falta aumentar la energía y las proteínas, pero primero hay que conocer la causa. Si existe una infección, una dificultad para tragar, mala absorción, dolor dental o un trastorno alimentario, añadir comida sin atender la raíz puede no funcionar. En casos moderados o graves, una subida rápida de la ingesta necesita vigilancia clínica para evitar complicaciones.
El tratamiento puede incluir comidas pequeñas y frecuentes, alimentos con mayor densidad nutricional, apoyo para masticar o tragar, suplementos indicados por un profesional y atención a la enfermedad que provocó la pérdida de nutrientes. En bebés y niños, la estrategia depende de la edad, el crecimiento, la lactancia o alimentación complementaria y el estado de hidratación. No uses fórmulas, vitaminas ni batidos para adultos sin orientación.
La recuperación tampoco se mide solo con la báscula. Se revisan la fuerza, la energía, el apetito, la capacidad para realizar actividades y, en el caso de los niños, la trayectoria de crecimiento. La familia puede ayudar ofreciendo comida sin presión, respetando señales de hambre y saciedad y creando un ambiente tranquilo. Obligar, avergonzar o comparar suele dificultar la relación con la comida.
Qué puedes hacer si te preocupa la alimentación
- Anota durante algunos días qué comes y bebes, sin convertirlo en un examen ni restringir antes de la consulta.
- Registra pérdida de peso, cambios de apetito, vómitos, diarrea, dolor, problemas dentales o dificultad para tragar.
- Reúne la lista de medicamentos y suplementos, incluidos los que compraste sin receta.
- Si se trata de un niño, lleva información sobre crecimiento, pañales u orina, energía, sueño y alimentos que acepta o rechaza.
- Pregunta por apoyo de nutrición, trabajo social, salud mental o programas de alimentos cuando el problema sea económico o práctico.
Busca atención prioritaria si hay confusión, desmayo, debilidad extrema, signos de deshidratación, vómitos persistentes, incapacidad para tragar, pérdida de peso acelerada o un bebé que no se alimenta bien. En menores, una disminución marcada de la respuesta o de la cantidad de orina requiere valoración rápida.
Fuentes consultadas
- Organización Mundial de la Salud: definición y formas de malnutrición.
- MedlinePlus: causas, señales, diagnóstico y tratamiento.
- UNICEF: desnutrición aguda infantil y factores relacionados.
Preguntas frecuentes
¿Una dieta vegetariana causa desnutrición?
No por sí misma. Puede ser adecuada cuando incluye variedad y cubre nutrientes como proteínas, hierro, vitamina B12, calcio y vitamina D según la etapa de vida. En embarazo, lactancia, infancia o si hay una enfermedad, conviene planearla con nutrición.
¿La obesidad y la desnutrición pueden coexistir?
Sí. Una persona puede consumir suficiente o demasiada energía y tener deficiencia de hierro, vitamina B12 u otros nutrientes. El peso no reemplaza una evaluación de la alimentación, la salud y la composición corporal.
¿Puedo tomar multivitamínicos para prevenirla?
No siempre son necesarios y no corrigen todas las causas. Algunos nutrientes en exceso interactúan con medicamentos o producen efectos dañinos. Pregunta qué necesitas antes de iniciar un suplemento.
