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Bienestar

Ejercicio en la infancia: juego, beneficios y seguridad

Por Gabriela Espinoza 7 min de lectura

Para una niña, moverse no siempre significa entrenar un deporte. Puede ser perseguir una pelota, bailar en la sala, caminar al colegio, jugar en el parque o ayudar a guardar los juguetes. La actividad física favorece la fuerza, la coordinación, los huesos, el sueño, el ánimo y la convivencia. Se disfruta más cuando forma parte de la vida familiar y no se presenta como un castigo por comer o como una obligación de verse de cierta manera.

La edad, el desarrollo, las habilidades y la salud de cada niño son distintos. No hace falta compararlo con sus compañeros ni exigir una rutina de atleta. El objetivo es ofrecer oportunidades seguras para jugar y moverse, con descanso suficiente y espacio para que descubra qué actividades le gustan.

Cuánto movimiento necesita

Las recomendaciones internacionales cambian según la edad. Los bebés necesitan jugar en el suelo varias veces al día cuando están despiertos; el tiempo boca abajo debe hacerse con supervisión. Entre uno y cuatro años conviene acumular movimiento a lo largo del día mediante juego variado. A partir de los 5 años, la Organización Mundial de la Salud recomienda un promedio de 60 minutos diarios de actividad moderada o vigorosa, sobre todo aeróbica, e incorporar actividades que fortalezcan músculos y huesos varios días por semana.

Esas cifras orientan la salud pública, no son una calificación diaria. Si tu hijo todavía no alcanza ese tiempo, cualquier movimiento seguro es un buen comienzo. Puedes repartirlo en periodos cortos. Una caminata, un juego activo y subir escaleras pueden sumar sin convertir la tarde en una sesión formal.

Elige actividades que sí disfrute

Pregúntale qué le llama la atención y observa qué tipo de juego repite. Algunas niñas prefieren nadar, otras montar bicicleta, trepar, bailar, patinar, hacer artes marciales, practicar un deporte de equipo o caminar con la familia. La coordinación se desarrolla con la práctica; no es necesario que empiece dominando las reglas.

Ofrece variedad para trabajar equilibrio, fuerza, velocidad, flexibilidad y coordinación sin repetir siempre el mismo gesto. Si pierde interés, cambia la actividad. La constancia se construye con curiosidad y compañía, no con regaños ni premios ligados a adelgazar.

Juego libre y deporte organizado

El juego libre permite inventar reglas, negociar turnos y ajustar la intensidad. El deporte organizado puede enseñar habilidades, cooperación y perseverancia cuando el entrenador respeta la edad y el nivel del grupo. Uno no sustituye al otro. Una agenda llena de entrenamientos puede dejar poco tiempo para dormir, estudiar, jugar sin instrucciones y convivir.

Pregunta al club o a la escuela cómo manejan los descansos, las lesiones, el calor y la presión por competir. Un adulto responsable no ridiculiza a un niño por su cuerpo, rendimiento, coordinación o error. También ofrece adaptaciones para niñas y niños con discapacidad o enfermedades crónicas.

Cómo acompañar sin presionar

Los niños imitan lo que ven. Si la familia camina, juega, baila o usa las escaleras cuando es seguro, el movimiento se vuelve cotidiano. Evita hablar de ejercicio como una forma de “compensar” una comida y no obligues a terminar una actividad con dolor. Reconoce el esfuerzo, la diversión y la colaboración en lugar de centrarte en ganar o en cambiar el cuerpo.

Cuando no quiere participar, pregunta qué ocurre. Puede estar cansado, tener miedo de equivocarse, sentirse excluido, experimentar dolor o no disfrutar el deporte elegido. Escucharlo permite buscar otra opción. Si la preocupación por el peso, la comida o el rendimiento se vuelve constante, pide apoyo de pediatría y salud mental.

Seguridad antes y durante la actividad

  • Usa calzado y equipo adecuados para la actividad y revisa que estén en buen estado.
  • Enséñale a hidratarse y a buscar sombra o un lugar fresco cuando haga calor.
  • Programa pausas; descansar forma parte del entrenamiento y reduce el riesgo de lesiones y agotamiento por calor.
  • En bicicleta, patines, patineta o deportes con golpes, utiliza el casco y la protección recomendada.
  • Una persona adulta debe supervisar el agua, las alturas, el tráfico y los espacios con herramientas o animales.

En actividades prolongadas o con mucho calor, ofrece agua antes, durante y después. No hace falta dar bebidas energéticas; contienen estimulantes y no son adecuadas para niñas y niños. Las bebidas deportivas solo tienen un posible lugar en esfuerzos largos o condiciones específicas, y conviene hablarlo con pediatría.

Dolor, lesiones y descanso

Un cansancio razonable mejora con una pausa. Dolor persistente, hinchazón, cojera, debilidad o una articulación que no puede mover necesita detener la actividad y valorar la lesión. No le pidas jugar “a pesar del dolor”. Tras un golpe en la cabeza, sigue las indicaciones de atención y no lo devuelvas al deporte hasta recibir autorización si hay síntomas.

El sueño también protege el rendimiento y el ánimo. Irritabilidad, caída escolar, dificultad para dormir, lesiones repetidas o miedo a entrenar pueden indicar que la carga es demasiado alta. La recuperación no es flojera. Ajustar horarios puede ser la decisión más saludable.

Infancia con una enfermedad o discapacidad

La mayoría de los niños puede moverse de alguna forma, aunque necesite adaptaciones. Asma, diabetes, cardiopatías, epilepsia, dolor, problemas articulares o una discapacidad no significan que deba quedar al margen. Pregunta a su equipo médico qué intensidad, señales y equipo son adecuados, y comparte el plan con la escuela o el entrenador.

Adapta el espacio, el tiempo, las reglas o los materiales. Una actividad sentada, un juego con pausas o una versión con apoyo también desarrolla participación y confianza. No hables de inclusión como un favor: todos los niños merecen jugar de forma segura.

Pantallas y tiempo sedentario

Estar sentada para estudiar, dibujar o descansar forma parte del día. El problema aparece cuando el tiempo de pantalla desplaza de manera habitual el sueño, el juego activo, la comida tranquila o la convivencia. En lugar de imponer una cifra aislada, establece momentos sin dispositivos y ofrece alternativas visibles: una pelota, música, una caminata corta o un juego de mesa que invite a levantarse.

Haz pausas durante tareas largas y cuida la postura. No conviertas cada descanso en otro ejercicio obligatorio. El cuerpo necesita moverse y también recuperar energía.

Señales para consultar

Habla con pediatría si se fatiga de manera desproporcionada, tiene dolor frecuente, se desmaya, presenta palpitaciones, falta de aire que no corresponde al esfuerzo, lesiones repetidas o una caída marcada en su rendimiento. Durante la actividad, detén el juego y busca ayuda ante confusión, desmayo, dolor en el pecho, dificultad para respirar, vómitos persistentes o signos de golpe de calor.

El ejercicio en la infancia debe ampliar el mundo del niño, no estrecharlo. Jugar, correr, bailar y descansar pueden convivir con una vida escolar, familiar y emocional completa. Empieza con lo que le guste, cuida la seguridad y deja que el movimiento sea una forma de descubrir su cuerpo, no una exigencia para corregirlo.

Fuentes consultadas: recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud sobre actividad física, la guía de los CDC para niñas, niños y adolescentes y consejos de la American Academy of Pediatrics sobre prevención de lesiones deportivas.

Preguntas frecuentes

¿Qué deporte es mejor para un niño?

El que disfruta, puede practicar con seguridad y se adapta a su edad y habilidades. Ofrece variedad y escucha sus preferencias. No existe un deporte que garantice por sí solo mejor crecimiento, autoestima o rendimiento escolar.

¿Debe hacer ejercicio todos los días?

Los niños pequeños necesitan oportunidades de moverse durante el día y, desde los 5 años, se recomienda actividad diaria en promedio. También necesitan descanso. Si no alcanza una meta, empieza con periodos breves y aumenta gradualmente.

¿Cuándo debe descansar?

Debe hacer pausas si está cansado, tiene dolor, se siente mareado o hace calor. Dolor persistente, desmayo, falta de aire intensa, confusión o dolor en el pecho requieren detener la actividad y buscar atención.