
Una frente caliente puede asustarte, sobre todo cuando ocurre de madrugada y tu hijo está decaído. La fiebre es una temperatura de 38 °C o más y suele aparecer cuando el sistema inmunitario responde a una infección. El número del termómetro importa, pero también la edad, el estado general y los síntomas que lo acompañan.
Las causas más frecuentes de fiebre en la infancia
Los virus son la causa más habitual. Un catarro, la gripe, la COVID-19, una infección de garganta o un cuadro de vómitos y diarrea pueden producir fiebre durante algunos días. La tos, el moco, el dolor de garganta, las evacuaciones sueltas o el malestar ayudan al pediatra a orientar el origen.
Las bacterias también pueden causar fiebre. Algunas infecciones de oído, garganta, pulmones o vías urinarias necesitan una valoración y, en ciertos casos, un tratamiento específico. Una infección urinaria puede presentarse con fiebre sin tos ni moco; si tu hijo se queja al orinar, orina con mucha frecuencia o tiene dolor abdominal, anótalo para comentarlo en consulta.
Tras algunas vacunas puede aparecer fiebre baja durante un periodo corto. También puede subir la temperatura si un bebé o un niño pasa mucho tiempo en un ambiente muy caluroso o lleva demasiada ropa. El calor ambiental y la deshidratación requieren atención, pero no conviene asumir que toda temperatura elevada tiene la misma causa.
Qué observar en casa
Mide la temperatura con un termómetro y apunta la hora, el valor y el método utilizado. Observa si tu hijo responde cuando le hablas, acepta líquidos, orina y respira con normalidad. Un niño que, al bajar el malestar, vuelve a jugar o a interactuar suele dar una señal tranquilizadora; un niño que sigue muy apagado necesita valoración aunque el termómetro marque menos.
- Ofrece pecho, fórmula o líquidos adecuados para su edad en pequeñas cantidades y con frecuencia.
- Viste a tu hijo con ropa cómoda y evita cubrirlo con demasiadas capas.
- Déjale descansar y revisa cómo evoluciona, también durante la noche si es pequeño o te preocupa su estado.
- Si está incómodo, pregunta al pediatra o sigue las indicaciones del envase para usar paracetamol o ibuprofeno según su edad y peso. Utiliza el dosificador del medicamento.
La meta de un antitérmico es aliviar el malestar, no conseguir una cifra perfecta. No des aspirina a menores de 16 años, no alternes medicamentos por tu cuenta y no uses antibióticos que hayan sobrado de otra enfermedad. Evita los baños fríos, el hielo y las friegas con alcohol; pueden provocar temblores o intoxicación.
Para decidir qué hacer, mira a tu hijo completo: cómo respira, cómo responde, cuánto bebe y si orina. El termómetro es una pieza de la información, no toda la historia.
Cuándo llamar al pediatra
Contacta con un profesional el mismo día si el bebé tiene menos de tres meses y alcanza 38 °C o más. También pide orientación si tiene entre tres y seis meses y llega a 39 °C, si la fiebre dura cinco días, si reaparece después de haber desaparecido o si tu hijo tiene una enfermedad crónica, defensas bajas o toma medicamentos que puedan cambiar su respuesta a las infecciones.
La consulta es necesaria si bebe poco, tiene la boca seca, llora sin lágrimas, moja menos pañales u orina mucho menos de lo habitual. Comenta también una fiebre acompañada de dolor intenso de oído o garganta, vómitos repetidos, diarrea persistente, dolor al orinar, rigidez de cuello o un sarpullido nuevo.
Señales que requieren atención urgente
Busca atención de urgencias si notas dificultad para respirar, labios o piel azulados o grisáceos, confusión, desmayo, somnolencia extrema o dificultad para despertarlo. Una convulsión, rigidez de cuello, dolor de cabeza intenso o un niño que no responde como siempre también requieren atención inmediata.
Si aparecen manchas moradas o rojas que no desaparecen al presionarlas con un vaso transparente, no esperes a que surjan otros síntomas. En pieles oscuras, este tipo de manchas puede ser más difícil de distinguir: revisa también las palmas, las plantas de los pies y zonas más claras. Si tu hijo se ve muy enfermo, actúa aunque no tenga sarpullido.
Qué información llevar a la consulta
Anota cuándo comenzó la fiebre, cuál fue la temperatura más alta, cómo la mediste y qué medicamento diste, incluyendo cantidad y hora. Registra si hubo tos, dolor, vómitos, diarrea, cambios al orinar, contacto con personas enfermas o una vacuna reciente. Estos datos ayudan a valorar la evolución y evitan repetir dosis por error.
Fuentes consultadas
- American Academy of Pediatrics: cuándo llamar al pediatra por fiebre.
- NHS: fiebre en niños, cuidados y señales de urgencia.
- MedlinePlus: fiebre en bebés y niños.
Preguntas frecuentes
¿Toda fiebre necesita antibiótico?
No. Muchas fiebres infantiles se deben a virus y mejoran con vigilancia, líquidos y descanso. El pediatra decide si hace falta estudiar una infección bacteriana y qué tratamiento corresponde.
¿Debo despertar a mi hijo para darle un antitérmico?
No lo hagas de forma automática. Si duerme tranquilo, respira bien y no tiene una indicación médica concreta, prioriza el descanso. Si te cuesta despertarlo, respira con dificultad o se ve muy enfermo, busca atención urgente.
