Aprende a comer más sano sin morir en el intento

Típico: son las once o doce de la noche, ya estás cómodamente en pijama bajo las sábanas y, en ese preciso momento, te acuerdas de que otra vez no preparaste nada para comer para llevar a la oficina o al trabajo.

Te habías propuesto preparar un tupperde comida, sobre todo para comer más sano, lo cual es muy difícil cuando en la cafetería o food court se te antoja más una hamburguesa que una ensalada. Pero otra vez se te olvidó, así que, a la mañana siguiente, otra vez te vas sin lunch.

La manera más realista de crear cualquier hábito, como preparar tu comida para llevar a la escuela o el trabajo, es empezar por lo más fácil: haz compromisos tan pequeños que sea casi imposible no cumplirlos. En vez de fantasear con que cocinas un refractario entero de lasaña o una cacerola de sopa de tomate cada noche, prepara una receta sencilla, que apenas cambie tu rutina nocturna.

¿Qué te parece empezar preparando, por lo menos una vez a la semana, una ensalada donde lo único que tengas que hacer sea poner los ingredientes en un frasco o tupper? Compra lechuga, zanahoria, champiñones, o las verduras que prefieras, previamente cortadas y listas para comer; agrega un poco de aderezo, tal vez alguna semilla energética, como ajonjolí o chía.  Guarda el recipiente en una lonchera, junto con un paquete de galletas horneadas y una bebida baja en calorías ¡y listo!

O, ¿qué tal un par de sándwiches? Uno de jamón y queso, o humus, si eres vegetariana. Y otro de mantequilla de cacahuate o mermelada baja en calorías, para no quedarte con hambre.

Poco a poco estarás cocinando recetas cada vez más ricas y saludables, como una pechuga de pollo asada, una pasta, un wrapde carne asada con queso o verduras, un bowlde arroz oriental con camarones, un pudín de vainilla o un pie de limón; hasta que, al cabo de un tiempo, después de sentirte mucho mejor y darte cuenta de cuánto has ahorrado, te encontrarás a ti misma inventando platillos y experimentando con tus ingredientes y sabores favoritos.

Recuerda que, si estás cuidando tu consumo de calorías, cocinar tu propia comida es el primer paso. Y siempre podrás sustituir el arroz blanco por arroz integral, los aderezos por limón con aceite de oliva, las bebidas por sus versiones bajas en calorías, o el azúcar y la miel por sustitutos de azúcar.

El secreto es hacerlo poco a poco. Inténtalo, primero, un día a la semana, y avanza conforme tus actividades y tu cansancio te lo permitan. Además de sentirte con más energía durante las tardes, también disfrutarás de estar liberando a tu chef interior.

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