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Toque de Mujer

Aprende a dominar la ira

Christopher Robbins/ Photodisc/ThinkstockEntre las arduas tareas que tenemos como humanos, está el control de las emociones negativas que dañan a quien las experimenta y a los que están a su alrededor. El reto consiste en ser capaces de mantenerlas al límite.

Ponle nombre a tus emociones
Como explica María Magdalena Egozcue Romero, autora del libro Primeros auxilios psicológicos, de Editorial Paidós: “Nos enojamos cuando algo nos frustra, es decir, cuando un obstáculo se interpone entre nosotros y la realización de un deseo o una necesidad.
El enojo puede afectarnos en forma negativa, tanto física como mentalmente”.
Una de las formas en que se manifiesta es por medio de una agresión directa o indirecta que puede expresarse con el castigo verbal, en la negación o el retiro de un beneficio que le otorgábamos a la persona con la que tuvimos un desacuerdo, hacer un daño a un individuo u objeto que sea importante para el supuesto ofensor y según la autora, de acuerdo con la manera en que se perciba el entorno será el grado de enojo.

Mantén la calma

La frase resulta común y en el fondo hasta dicha sin el menor grado de convencimiento de que se pueda llegar a ese punto. No obstante, la experta aconseja que para adquirir el control sobre los impulsos agresivos es necesario “identificar la manera habitual de manejar su ira y observar cómo la canaliza, bajo
qué circunstancias o ante qué personas suele actuar de modo agresivo y los recursos que suele usar para auto castigarse”.
Y para descifrar las situaciones mencionadas, recomienda responder a las siguientes preguntas:
• ¿En realidad con quién estoy enojada?
• ¿Acaso conmigo misma o desplazo mi ira hacia el exterior?
• ¿Con quien realmente estoy enojada es con alguna figura parental y reconocerlo me haría sentir culpable o angustiada?
• ¿Tal vez no he resuelto algún suceso importante en mi pasado que me sigue causando conflictos?
• ¿Qué beneficios obtengo al reaccionar con agresividad?
•  Si quisiera transformar mi ira, ¿a qué emoción o sentimiento la cambiaría y por qué?
• ¿Qué beneficios me traería expresarme de forma no agresiva?

Obtener estas respuestas será de mucha ayuda para que empieces a hacer un análisis real de tus sentimientos y que tengas la capacidad para encontrar en ellas la manera adecuada de conducirte cuando atraviesas por alguna situación que de manera frecuente suele llevarte a un estado de inconformidad y enojo.
Ahora bien, llegar a un estado de control implica no solamente tiempo, también un trabajo profundo que incluye hacer un esfuerzo por curar las heridas del pasado. Cuando logramos entender que cada persona es responsable de su propia felicidad, resulta más sencillo dejar de culpar a quienes nos rodean y por lo tanto, expresar los sentimientos y las emociones reales puede darse en un ambiente pacífico y de respeto.

Nunca te separes de la prudencia


El más grande aliado que te puede acompañar tanto en situaciones que sin previo aviso se tornen complicadas o bien, en aquellos casos que se viven con frecuencia, es –sin duda– la prudencia, ese valor humano que nos invita a detenernos cuando hay altas probabilidades de que tengamos una reacción negativa. No es huir de un problema o dejar de decir lo que necesitamos expresar, solamente se trata de aprender a esperar el momento adecuado para expresarlo, sin lastimar a alguien más ni hacerlo con uno mismo. Hay emociones que son difíciles de controlar, no obstante si dejamos que la prudencia prevalezca y nos convencemos de que actuar por instinto nos aleja del uso de la inteligencia, podremos sentirnos capaces de recapacitar antes de dejar escapar de nuestros labios una palabra o del rostro un gesto que cause daño. La decisión de procurarte una mejor calidad de vida emocional te pertenece, haz un uso inteligente de este derecho.