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Toque de Mujer

Di lo que sientes, con libertad

Ximena posee un rostro angelical, su manera de desenvolverse en sociedad desde su punto de vista, es amable y cálida. Ella ayuda a su madre a atender las mesas del restaurante familiar que todos los días parece una romería, sus asiduos clientes la han llegado a conocer a tal grado que cuando no asiste a trabajar, ellos preguntan a su madre a qué se debe que no haya asistido.

Hasta aquí todo parecería normal y hasta digno de reconocer, pero el panorama cambia cuando se conoce la preocupación real de algunos de los comensales: “Ella es muy amable, pero lo que nos preocupa cuando no la vemos es que cuando volvemos a verla nos enteramos de sucesos negativos, tan sólo en el primer mes de este año se cayó de las escaleras, se dijo víctima de un intento de asalto, se quemó las manos al servir un plato de sopa y se declaró hipoglucémica”, dice doña Rita, quien siempre se acompaña por dos amigas para acudir al restaurante.

La duda acerca de si es posible que una misma persona sufra este tipo de peripecias en tan poco tiempo, siempre estará presente, porque pese a los pronósticos efectivamente existen individuos que por una u otra razón tienen periodos en los que parece imposible que la vida les sonría, pero este no es el caso de Ximena pues a decir de su madre, la inmensa mayoría de lo que le ocurre bien podría prevenirse o simplemente, sólo ocurre en su imaginación.

El problema de Ximena tiene un claro origen: su autoestima está lastimada y no se siente lo suficientemente valiosa para que los demás reconozcan en ella sus cualidades, pero también piensa que al pedir con claridad un poco de atención, afecto o comprensión, se pone ante los demás en desventaja.

Detección, el primer paso
“Es difícil que las personas que recurren al chantaje en cualquiera de sus expresiones –ya sea por medio de enfermedades, accidentes o manipulación de los sentimientos, entre otros- sea capaz de reconocer que está actuando de manera equivocada, pues para sí mismos lo que viven es la realidad. Sin embargo, quienes están cerca de ellos sí pueden contribuir para que el individuo se enfrente a la situación”, dice la psicóloga Mariana Rivera.

Royalty-free/ AbleStock.com/thinkstockHacerlo significa confrontarlos con su comportamiento, por ejemplo, la madre de Ximena puede decirle cuando detecta su chantaje: ¿Te das cuenta que en realidad se te volteó el plato de sopa caliente porque no lo sujetaste con firmeza? E inmediatamente deberá preguntarle qué es lo que le ocurre o si hay algo que quiera hablar con ella. De esta forma Ximena se sentirá descubierta, pero al mismo tiempo recibirá una respuesta inmediata a sus necesidades.

La labor no debe reposar solamente en quien hace las veces de “espectador”, también la persona que actúa de dicha manera puede ser ayudarse a sí misma. “Claramente saben que tienen temores, que se sienten inseguros y desde luego que quieren recibir afecto de los demás. Entonces lo que es recomendable es que paulatinamente aprendan a expresarse”, dice la especialista.
Y recalca que en este sentido actuar con honestidad es un pilar imprescindible. Evidentemente, no es posible que de un día a otro se logre una transformación, pero un primer paso será de mucha ayuda y nos referimos a crear puentes de comunicación con los demás.

A continuación algunos consejos muy prácticos a seguir todos los días:

  • Comienza cualquier conversación de una manera positiva.
  • Comenta con tus familiares algunos sucesos ocurridos en tu día y trata de ver el lado positivo.
  • Identifica tus sentimientos, ponles nombre de manera inmediata para que puedas expresarlos, por ejemplo, si te hace sentir triste que tu familia no haya reconocido uno de tus logros, dilo abiertamente: “me habría hecho feliz saber que comparten mi éxito.
  • Recuerda que el principal reconocimiento que puedes obtener es el que tú misma te dediques.

Tener en la mente que algunas salidas como el chantaje pueden dar el resultado esperado en un principio, pero que con el paso del tiempo arriesgan ponen en riesgo la credibilidad de la persona e incluso se llega a crear indiferencia, debe servir como un detonante para aceptar que no hay nada mejor que hacer uso de la palabra para pedir con sinceridad lo que realmente se necesita.